Nueva Delhi. Por M. K. Bhadrakumar (*), The Indian Express

La estrategia de Donald Trump de centrarse en un alto el fuego limitado en la guerra de Ucrania como medio para poner en marcha conversaciones de paz más amplias ha logrado algunos avances. El punto de inflexión se produjo cuando Vladimir Putin, aunque rechazó un alto el fuego total, se mostró abierto a una tregua más estrecha centrada en las infraestructuras energéticas y el Mar Negro. Esto dio lugar a dos reuniones separadas de funcionarios estadounidenses con las delegaciones ucraniana y rusa en Riad para discutir los detalles.
Según la información facilitada por el Departamento de Estado sobre las 12 horas de conversaciones, parece que las delegaciones estadounidense y rusa acordaron cinco puntos: garantizar la seguridad de la navegación, evitar el uso de la fuerza e impedir el uso de buques comerciales con fines militares en el Mar Negro; desarrollar medidas para aplicar un acuerdo que prohíba los ataques contra instalaciones energéticas; acoger a terceros países en la aplicación de los acuerdos energéticos y marítimos; y proseguir los esfuerzos para lograr una paz duradera.
Y lo que es más importante, Estados Unidos acordó modificar las sanciones occidentales que obstaculizan las exportaciones agrícolas y de fertilizantes de Rusia, reduciendo los costes de los seguros marítimos y mejorando el acceso a los puertos y los sistemas de pago para las transacciones. En este fruto maduro de la distensión entre Estados Unidos y Rusia, que está a punto de nacer, ¿se vislumbra un posible retroceso de las sanciones contra Rusia? El tiempo lo dirá.
En vísperas de las negociaciones en Riad, el enviado especial de Trump, Steve Witkoff, hizo una serie de declaraciones convincentes en una entrevista de 90 minutos realizada por Tucker Carlson, que proporcionaron indicios de una posibilidad real de que EE. UU. se reconciliara con el marco operativo ruso de la guerra. Witkoff calificó la cuestión territorial como “el elefante en la habitación”, pero reconoció: “Son [regiones] rusoparlantes. Ha habido referendos en los que la inmensa mayoría de la población ha indicado que quiere estar bajo dominio ruso”.
Witkoff afirmó: “Los rusos controlan de facto estos territorios. La cuestión es si el mundo reconocerá que son territorios rusos. ¿Podrá Zelensky sobrevivir políticamente si lo reconoce? Witkoff, hablando en nombre de Trump, dio a entender que la resolución de la guerra podría conducir a una cooperación más amplia entre Estados Unidos y Rusia, y que los dos países estaban pensando en “integrar” sus políticas energéticas en el Ártico, compartir rutas marítimas, colaborar en inteligencia artificial y enviar GNL “juntos a Europa”.
Witkoff, cuya patria ancestral es Rusia, se preguntó: “¿Quién no quiere un mundo en el que Rusia y Estados Unidos hagan, en colaboración, cosas buenas juntos?”. Transmitió un extraordinario nivel de conmiseración entre Putin y Trump. Los acuerdos económicos son una prioridad para Trump, que ha subrayado que la mejora de los lazos entre ambos países tiene “enormes ventajas”, entre ellas la estabilidad geopolítica.
Pero hay que superar muchos obstáculos. Putin apenas tiene margen de maniobra para hacer concesiones territoriales. En contra de su imagen de hombre fuerte, la realidad es que Putin es un gran patriota conocido por su gran sensibilidad hacia la opinión pública nacional, especialmente en lo que respecta a Ucrania, donde “el tiempo es sólo memoria mezclada con deseo”, por tomar prestado a un poeta, y la percepción del tiempo también está moldeada por experiencias y aspiraciones milenarias.
En Ucrania también existe una vehemente oposición a ceder territorio a Rusia. A Zelensky le resultará imposible satisfacer las exigencias rusas. Además, Europa y la OTAN no están en sintonía con Trump. Los europeos ridiculizan a Trump. Y los europeos y Zelensky están trabajando en tándem para sabotear el restablecimiento entre Estados Unidos y Rusia y asegurarse de que el proceso de paz de Trump no salga adelante. Se han convencido a sí mismos de que la guerra está lejos de estar perdida.
Los portaestandartes del bando europeo –el primer ministro británico Keir Starmer y el presidente francés Emmanuel Macron– tienen una palanca sobre Trump gracias a la oposición interna en EEUU (los Demócratas) con los cuales los europeos tienen muy buena relación. Se sobrevaloran en el orden mundial, pero la imagen que ellos ven de sí mismos los favorece desproporcionadamente en este momento mientras que la realidad es que los europeos se están volviendo irrelevantes porque, en última instancia, no están en condiciones de librar una guerra continental en un frente de guerra caliente de 2 mil kilómetros contra el ejército ruso de un millón de efectivos. Stalin habría preguntado (como lo hizo a Churchill cuando discutieron la situación en Polonia, en plena guerra contra Hitler): “¿Cuántas divisiones, tienes Starmer?”. La escalofriante respuesta es: solo 60 mil soldados.
Aquí reside la gran paradoja del final del juego en Ucrania. No hay duda de que Trump está ansioso por poner fin a la guerra porque sus oponentes del Estado Profundo se han reagrupado y han lanzado un contraataque masivo contra él y Elon Musk. Él simplemente no está listo para retirarse unilateralmente, por temor a la humillación. Esta es precisamente la trampa tendida por Joe Biden.
Por lo tanto, Trump está priorizando y manejando sus hilos políticos para lograr su objetivo primordial, que es un reseteo histórico con Rusia, una condición previa para hacer realidad su visión de un nuevo orden mundial. Sin poner fin a la guerra de Ucrania, Trump corre el riesgo de estancarse.
Por otro lado, Rusia se enfrenta a la realidad de que la guerra sólo puede terminar con la capitulación del régimen de Zelensky, lo que supondrá una llamada de atención para los europeos. Putin, al dirigirse a un cónclave de la Unión Rusa de Industriales y Empresarios en Moscú el 18 de marzo –su principal electorado de nacionalistas conservadores procedentes de regiones remotas de 11 husos horarios– advirtió que no cabe esperar un alto el fuego a corto plazo, que el camino por recorrer es difícil y que las sanciones occidentales se mantendrán en un futuro previsible.
En una sesión a puerta cerrada posterior, de la que no informaron los medios de comunicación estatales, Putin aparentemente ofreció garantías. Andrey Kolesnikov, de Kommersant, escribió: “El punto en la discusión es que lo que se ha logrado no puede ser arrebatado a Rusia y que Crimea, Sebastopol y cuatro territorios bien conocidos (Luhansk, Donetsk, Zaporizhzhia, Kherson) deben ser reconocidos como parte de Rusia… Si esto sucede en un futuro próximo, Rusia –me dijeron los participantes en la reunión– no reclamará Odessa y otros territorios (Mykolaiv, Dnipropetrovsk, Kharkiv, etc.) que ahora pertenecen a Ucrania.
Pero incluso este punto puede cambiar, porque “no tienen tiempo para atrincherarse”. Al mismo tiempo, los participantes en la reunión señalan que, en su opinión, Putin cree que es posible llegar a un acuerdo con Trump y, en general, cree realmente a Trump”.
Algo, sin duda, tiene que ceder.
(*) M. K. Bhadrakumar, nacido en India, es diplomático jubilado y uno de los más prestigiosos analistas de Asia sobre geopolítica mundial. Ocupó numerosos cargos relevantes en distintos gobiernos de India.