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Kelvin, un Policía que partió de Jigüina al altar de la Patria

Managua. Por Edwin Matey, redes sociales

Kelvin, un Policía que partió de Jigüina al altar de la Patria Managua. Por Edwin Matey, redes sociales

Aquel febrero de 2015 lo recuerdo como un mes caluroso y como a la tercer semana del mismo, si no me equivoco, me llamaron para el curso básico policial, me fui para Managua con mi maleta llena de sueños y un propósito que cumplir. Al llegar me encontré con otros chavalos que también eran del norte, entre ellos era notable Kelvin Rivera Lainez, siempre callado, siempre apartado, pero con unos ojos curiosos que decían las palabras que su boca se guardaba.

Ya no estaba en su natal Jigüina de Jinotega, ya no lo despertaba el frío del cafetal, ni los cantos de las aves de la montaña, ahora cada mañana estaba marcada por una voz de mando enérgica del instructor; “¡arriba chavalos! Vamos al matutino, hoy vamos a correr tantos Kilómetros. ¡Somos tropas especiales!

Los primeros matutinos son inolvidables, porque el cuerpo no está acostumbrado, sudás helado, el estómago se te revuelve, la garganta se te congela, en las primeras semanas se van algunos aspirantes, pero Kelvin se mantenía. Los fines de semana que no podíamos viajar por la lejanía de nuestros pueblos nos quedábamos en la unidad, Barrera, Espino, Argeñal, Julito, Kelvin y yo, a veces entre nosotros mismos nos dábamos palabras de aliento, para sobrellevar el hecho de que ahora estábamos lejos de casa.

Si conocías a Kelvin te preguntabas qué hacía ese chavalo en la tropa? Era una persona amable, respetuosa y podías llegar a pensar que tenía lo necesario para mejor ser sacerdote, me comentaba con modestia que se dedicaba a la producción de café en su pueblo natal, y que le gustaba ser Policía por pura convicción.

Yo no conocía el mar, le comentaba a Kelvin que en el primer plan verano quería ir a alguna playa, que ojalá me asignaran a alguna, pero en la distribución me mandaron a Xiloá y él se fue para León.

“Sos suertero” le dije, tanto que he querido ir y no se pudo este año.

Al volver del plan, una semana después me trajo unas conchas que recogió en la playa y me regaló una botella de la cual me dijo que tomara un trago; yo que ciegamente confiaba en su bondad me dejé ir uno, que inmediatamente escupí mientras él se carcajeaba, jamás me imaginé que me jugara una broma, ¡era agua de mar! Al final me causó gracia y hasta me pareció irónico, es uno de los recuerdos que tengo sobre esa primera etapa.

Con mucho esfuerzo y muchas anécdotas de compañeros terminamos el curso y nos asignaron a diferentes misiones, sin embargo, nos mantuvimos en la misma compañía, la cual estaba asignada a San Miguelito en Río San Juan, por las tardes después de las jornadas bajábamos a la orilla del lago, a disfrutar del paisaje y a bromear con los compañeros.

A veces para molestarlo le ofrecíamos cigarro, cosa que tal vez por travesura llegó a probar para luego negarse rotundamente a tomar ese mal hábito, seguía manteniendo su forma de ser, aún durante las actuaciones se mantenía respetuoso hasta con el que andaba delinquiendo, “venga para acá” le decía mientras lo atrapaba, cosa que nos parecía irónico dentro del contexto que nos tocaba vivir.

Pasaron los años, la última vez que lo vi fue en aquellos días de abril del 2018, estábamos atrapados en una parte donde no podían abastecernos con comida.

Una tarde mientras me sentía fatigado me senté tras de un árbol para evitar cualquier mortero repentino, y mientras observaba el ocaso del sol, se apareció la silueta de Kelvin casi como una figura divina, me pareció verlo avanzar en cámara lenta, traía unas bolsas con pan y queso, nos ofreció mientras nos decía “coman aprovechen, coman”.

Pienso que, dada la situación pudo haber guardado eso para sí mismo, pero su corazón y sus principios no se lo permitían, lo saludé alegre y me dijo “que bueno que estás bien, sigamos pues hay que hacerle el ánimo” mientras sonreía, y siguió avanzando para compartir con otros compañeros.

Y pasó ese abril, Kelvin se fue a Masaya, que era de los puntos más críticos, dicen los que estaban allí que a veces trataban de convencerlo para que se fuera, pero siempre les decía “mantengámonos, esto pasará pronto, ya falta poco”.

Una mañana del 17 de Julio de 2018 mientras empezaba mi jornada y tomaba los primeros sorbos de una taza de café, me avisaron que mi amigo Kelvin había caído en Monimbó, lloré amargamente, el estómago se me retorcía y estoy totalmente seguro que todos los que lo conocimos nos indignamos, sentí rabia, me sentí impotente y hasta culpable de no haber estado allí.

Me contaron que cayó rescatando a unos compañeros heridos, mientras regresaba con el último, un malparido francotirador nos arrebató a ese hermano.

Lo vimos volver en una caja, vimos a su familia triste, y es la fecha y a veces me parece verlo en algún compañero que se parezca, cada vez que lo recuerdo me siento más que comprometido con esta causa, aunque confieso que me siento culpable porque no he podido escribirle una canción, no se ni como empezar, hay tanto que podría decir, pero me sigo formando para poder un día hacerlo de la manera digna en la que se lo merece.

¡Honor y Gloria a nuestros Héroes y Mártires!

Datos biográficos

Nombre y Apellidos: Kelvin Javier Rivera Laínez.

Edad: 24 años

Grado: Teniente (Póstumo)

Ubicación: Policía Especial en la Dirección de Operaciones Especiales Policiales (DOEP)

Tiempo de servicio al pueblo: 3 años de pertenecer a las filas de la Policía Nacional.

Padres: Pedro Pablo Rivera Maldonado y María Thelma Laínez Aguilar

Departamento de Origen: Jinotega, comunidad Las Colinas, comarca Jigüina.


43 Aniversario

Radio Segovia, La Poderosa del Norte.

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