Teherán. Por Abbas Araghchi, diario Ettelaat

Síntesis de un artículo de Abbas Araghchi, ministro Ministro de Asuntos Exteriores de Irán.
Hay muchas especulaciones sobre la disputa entre Trump y Zelensky. ¿Fue este conflicto planeado intencionadamente? ¿O la situación estaba fuera de control? ¿Se trataba de enviar señales internas y externas, o lo sucedido se convirtió en una señal del fracaso de los mecanismos de coordinación en la política exterior estadounidense?
En cualquier caso, la disputa en la Casa Blanca entre Donald Trump, JD Vance y Vladimir Zelensky no fue un desacuerdo cualquiera: este acontecimiento puso de manifiesto profundas fisuras en el corazón mismo del sistema internacional.
Una crisis en el corazón del poder occidental
Durante muchos años, Washington se ha posicionado como el centro de toma de decisiones del mundo occidental. Pero hoy, esta supremacía ya no es incuestionable. La polémica de la Casa Blanca simboliza las dudas estratégicas, la incertidumbre diplomática y las diferencias sin resolver dentro del bloque occidental.
La administración Trump llegó al poder con la promesa de lograr una «paz rápida». La promesa, que muchos consideraron excesivamente optimista, se convirtió en una fuente de presión adicional sobre el presidente y el vicepresidente estadounidenses. Trump y Vance se enfrentaban a un verdadero desafío: ¿serían capaces de cumplir sus compromisos en un entorno en el que la guerra afecta a los intereses de muchos actores?
Ucrania: de la dependencia al desafío
En los primeros días de la guerra, Zelensky dependía más que nunca de la ayuda occidental. Pero hoy se sienta en la Casa Blanca, se enfrenta al presidente estadounidense y da respuestas tajantes. Es una señal de que incluso los países que han contado con el apoyo de Washington durante años ya no aceptan una visión verticalista. Ucrania ha demostrado que incluso los pequeños aliados están dispuestos a defender su dignidad.
Europa y la sombra de nuevas rupturas
La otra gran pregunta es la reacción de Europa. ¿Permanecerá unido el continente en su apoyo a Ucrania? Francia, Alemania y otros aliados europeos han adoptado desde el principio una postura más prudente respecto a la guerra de Ucrania. Los desacuerdos sobre la política de defensa y seguridad han existido desde el principio. Ahora, tras el altercado entre los dirigentes de la Casa Blanca y Zelensky, esas diferencias se han hecho patentes.
Moscú no es un observador pasivo
Rusia siempre ha sostenido la opinión de que la alianza occidental es frágil, y la controversia de la Casa Blanca fue para el Kremlin una confirmación de la narrativa de que el frente opuesto es aún más inestable de lo previsto.
Más allá de esto, Moscú ya no es un mero observador pasivo. La guerra en Ucrania y los recientes acontecimientos han brindado a Rusia la oportunidad de perfilar más cuidadosamente su juego en varios frentes.
Por un lado, se está ampliando la cooperación estratégica de Rusia con China. Por otro, el Kremlin está reforzando sus relaciones con los países en desarrollo. El mayor compromiso económico con los países BRICS+, la mejora de la cooperación en materia de seguridad con los socios regionales y los esfuerzos por reducir la dependencia del sistema financiero occidental demuestran el enfoque que Moscú ha adoptado ante el cambio global.
La dinámica de las relaciones entre Rusia y Europa también ha cambiado. Algunos países europeos, como Hungría y Eslovaquia, se resisten a las políticas antirrusas de Bruselas. Esto podría ser una debilidad en el frente occidental que Rusia explotará.
Cuando la política interior eclipsa a la diplomacia
Uno de los puntos más importantes revelados por la polémica de la Casa Blanca es la fuerte imbricación de la política interior y la política exterior en Estados Unidos. Las elecciones, la competición partidista y las presiones internas han llevado a que muchas decisiones diplomáticas importantes se vean influidas por ecuaciones internas más que por intereses estratégicos. Esta situación será problemática no sólo para Estados Unidos sino también para sus aliados, ya que la imprevisibilidad de la política exterior estadounidense aumenta en tales circunstancias.
Irán: el camino de la sabiduría y la prudencia
En este entorno caótico, la República Islámica de Irán está analizando los acontecimientos de forma cuidadosa y calculadora. El caos en la política internacional siempre es perjudicial para la estabilidad y la seguridad mundiales. Irán siempre se ha adherido a los principios de independencia, respeto mutuo y negativa a entablar discusiones no constructivas.
La independencia de Irán no es un accidente ni el resultado de circunstancias impuestas. Es una elección consciente, una decisión estratégica y un principio invariable de la política exterior del país. A diferencia de algunos países que han buscado su seguridad y estabilidad a través de la dependencia de potencias extranjeras, Irán se ha dado cuenta hace tiempo de que la dependencia sólo conducirá a la inestabilidad y a la pérdida de soberanía nacional. La verdadera seguridad no proviene del apoyo de potencias extrarregionales, sino de las capacidades internas, la confianza en la capacidad nacional y la confianza en el pueblo.
Mantener la independencia tiene un precio, que Irán siempre ha pagado. Desde los primeros días de la Revolución Islámica, la presión económica, las sanciones, las amenazas militares y las guerras por poderes han tenido como objetivo convertir a Irán en un actor subordinado. Pero Irán, en contra de las predicciones de sus detractores, se ha mantenido firme y ha demostrado que, frente a la presión, no sólo no se rinde, sino que continúa su camino de desarrollo y progreso, apoyándose en su potencial interno. Esta elección consciente se ha convertido en un principio: Irán no compra su seguridad, sino que la construye.
La historia ha demostrado que los países que han construido su seguridad sobre la dependencia de otros han sido víctimas, en momentos críticos, de los cambios de prioridades de las potencias que los apoyan. Hay ejemplos en todo el mundo: gobiernos que diseñaron sus políticas con la esperanza de obtener garantías de seguridad de las grandes potencias, pero que se vieron abandonados en momentos críticos.
Irán ha aprendido bien esta lección histórica. La independencia no es sólo un eslogan, sino una necesidad inevitable. Depender de otros no sólo es un riesgo, sino también un error estratégico.