Pekín. Global Times, Editorial

La imposición de tarifas arancelarias por parte de EE.UU. no frenará la globalización económica, que es definida en un editorial de Global Times como un “camino inevitable para el progreso humano”, mientras la “cooperación abierta es una tendencia irreversible de la historia”. Por eso, el diario –que habitualmente refleja las posiciones del Gobierno de China– asegura que estos procesos no podrán ser modificados por decisiones unilaterales.
Para explicar por qué la medida impuesta por el presidente Donald Trump no podrá desarmar el andamiaje económico mundial, el medio subraya que “la actual red” comercial a nivel global “no está dictada por un solo país”, sino que es el “resultado natural del desarrollo de las fuerzas productivas y la profundización de la interdependencia entre las naciones”.
Este es el texto del Editorial del Global Times
En los últimos días, las consecuencias de la política estadounidense de “aranceles recíprocos” han seguido intensificándose: el mercado financiero mundial ha fluctuado, las compras de pánico y el acaparamiento se han apoderado de los consumidores estadounidenses, y la comunidad internacional ha expresado su enérgica condena. Todo ello subraya una vez más la impopularidad del unilateralismo y el proteccionismo.
El 5 de abril, el gobierno de China hizo pública su postura de oposición al abuso arancelario de Estados Unidos, declarando: “La intimidación económica que traslada los riesgos a otros acabará siendo contraproducente”, y “el mundo no volverá, ni debe volver, al aislamiento mutuo o a la fragmentación”. No son sólo justos llamamientos a la equidad frente a la hegemonía, sino también poderosas declaraciones en línea con la marea de los tiempos y la dirección del desarrollo mundial.
La globalización económica es un camino inevitable para el progreso humano, y la cooperación abierta es una tendencia irreversible de la historia. La actual red de acuerdos comerciales en todo el mundo no está dictada por un solo país, sino que es el resultado natural del desarrollo de las fuerzas productivas y de la creciente interdependencia entre las naciones.
El comercio es un motor clave del crecimiento económico y representa la forma más fundamental de globalización. La expansión del comercio mundial ha impulsado el crecimiento económico global y la prosperidad, al tiempo que ha reforzado la interconexión de la economía mundial.
Desde la fundación de la Organización Mundial del Comercio hace 30 años, el volumen del comercio mundial ha pasado de unos 5 billones de dólares en 1994 a 33 billones en 2024, es decir, se ha multiplicado por más de cinco. La globalización económica ha facilitado el flujo de bienes y capitales, ha hecho avanzar la tecnología y la civilización, ha profundizado los intercambios entre los pueblos, ha mejorado los medios de vida y ha propiciado un nivel de prosperidad mundial sin precedentes.
EEUU ya no es lo que fue
Como mayor economía del mundo, EEUU representa desde hace tiempo más del 25 por ciento del PIB mundial, y el dólar estadounidense, como moneda de reserva internacional dominante, constituye alrededor del 60 por ciento de las reservas mundiales de divisas. Con estas ventajas, EEUU ha cosechado enormes beneficios de la globalización económica y del sistema hegemónico basado en el dólar, lo que le convierte innegablemente en el mayor beneficiario del libre comercio y del actual orden económico internacional.
Sin embargo, en los últimos años, Estados Unidos se ha negado a reconocer los beneficios que ha obtenido del libre comercio, presentándose en su lugar como víctima de un sistema de comercio mundial injusto. Ya no promueve la globalización económica; al contrario, se ha convertido cada vez más en un perturbador de la misma.
Como han señalado algunos estudiosos, las razones pueden resumirse en tres puntos principales: primero, utilizar la guerra comercial como amenaza para obtener mayores beneficios; segundo, desviar la atención de los problemas internos; y tercero, mantener su estatus de hegemonía económica conteniendo el desarrollo de otros países.
A pesar de los meticulosos cálculos de Washington, sus acciones van en contra tanto de las lecciones históricas como de la marea de los tiempos. En la década de 1930, Estados Unidos también impuso aranceles de más del 50% a casi 2 mil categorías de productos extranjeros importados bajo la bandera de la “protección de las industrias estadounidenses”. Pero el resultado fue todo lo contrario: EE.UU. no sólo cayó en la Gran Depresión, sino que también provocó un gran desastre en el mundo.
En 2018, bajo el lema de “traer de vuelta la fabricación”, Estados Unidos impuso aranceles a bienes chinos por un valor aproximado de 250 mil millones de dólares. Esto más tarde resultó ser “el experimento político más caro del siglo XXI”.
El Instituto Peterson de Economía Internacional calculó que los consumidores estadounidenses pagan unos 57 mil millones de dólares más cada año debido a los aranceles, lo que se traduce en un aumento significativo del coste de la vida. Puede decirse que el gobierno estadounidense, cuando se enfrenta a dificultades, recurre con frecuencia al proteccionismo en un intento de resolver los problemas internos por medios externos, pero tales esfuerzos son siempre ilusiones que perjudican tanto a los demás como a sí mismo.
En la actualidad, EEUU sólo representa el 13% de las importaciones mundiales de bienes, lo que supone un importante descenso respecto al casi 20% de hace dos décadas. Esto significa que es aún más difícil para Estados Unidos invertir la globalización económica por sí solo.
Ciudadanos de EEUU pagarán el costo
Un experimento de Simon Evenett, profesor de la Escuela de Negocios IMD, muestra que si EEUU cortara todas las importaciones de bienes, 70 de sus socios comerciales recuperarían totalmente sus ventas perdidas a EEUU en un año, y 115 lo harían en cinco años. El Financial Times británico llegó a afirmar sin rodeos que la importancia de EEUU en el comercio mundial es exagerada. Si Estados Unidos se posiciona en contra de la mayoría de los países que defienden el libre comercio y mantienen un sistema comercial multilateral, el resultado final no será la “desglobalización económica”, sino más bien la “desamericanización del mundo”.
En los últimos años, la globalización económica se ha enfrentado a algunas “corrientes de retroceso”, pero el impulso hacia adelante no puede ser detenido por nadie. Frente a la marea proteccionista, las fuerzas que sostienen y promueven la globalización económica también están acelerando su convergencia.
La profundización de la Asociación Económica Integral Regional, el avance de la Zona de Libre Comercio Continental Africana y la ampliación de los BRICS indican que las fuerzas a favor y en contra de la globalización económica están en un tira y afloja, pero las fuerzas motrices siguen superando la resistencia.
Hoy en día, la aspiración común de los países de todo el mundo no es negar y descartar por completo la globalización, sino reclamar una globalización económica más universalmente beneficiosa e integradora. En este contexto, no es posible ni está en consonancia con la tendencia histórica cortar artificialmente los flujos de capital, tecnología, productos, industrias y personas entre países, ni forzar al vasto océano de la economía mundial a volver a convertirse en pequeños lagos y ríos aislados.
La economía mundial está profundamente interconectada desde hace tiempo y es imposible volver a una “economía Robinson Crusoe” (en una isla aislada) fragmentada y autosuficiente. Cualquier intento de bloquear las leyes económicas con altos muros acabará siendo barrido por la marea de la globalización.
En una era en la que la economía mundial está profundamente interconectada, las oportunidades de desarrollo sólo pueden alimentarse “derribando muros” en lugar de “construyendo muros”, y mediante “apretones de manos” en lugar de “puñetazos”.
Promover el desarrollo de la globalización económica en una dirección más abierta, inclusiva, universalmente beneficiosa y equilibrada es una responsabilidad compartida de la comunidad internacional.