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Trump es la punta de lanza del sionismo para destruir a Irán

Beirut. Por Alastair Crooke (*), Strategic Culture Foundation

Trump es la punta de lanza del sionismo para destruir a Irán Beirut. Por Alastair Crooke (*), Strategic Culture Foundation

¿El ultimátum de Trump a Irán? El coronel Doug Macgregor compara el ultimátum de Trump a Irán con el que Austria-Hungría entregó a Serbia en 1914: una oferta, en resumen, que “no podía ser rechazada”. Serbia aceptó nueve de las diez demandas. Pero rechazó una, y Austria-Hungría declaró inmediatamente la guerra.

El 4 de febrero, poco después de su toma de posesión, el presidente Trump firmó un Memorando Presidencial de Seguridad Nacional (NSPM, por sus siglas en inglés); se trata de una directiva legalmente vinculante que requiere que las agencias gubernamentales lleven a cabo con precisión las acciones especificadas.

El ultimátum de Trump a Irán

La exigencia es que a Irán se le impida obtener un arma nuclear, desarrollar misiles intercontinentales y también otras capacidades de armamento asimétrico y convencional. Todas estas demandas van más allá del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) y del Acuerdo Nuclear de 2015 (JCPOA) vigente. Para lograr este objetivo, el NSPM ordena ejercer la máxima presión económica; que el Departamento del Tesoro actúe para reducir a cero las exportaciones de petróleo de Irán; que EEUU trabaje para activar la restitución automática de sanciones del JCPOA; y que la “influencia maligna en el exterior” de Irán –sus “representantes delegados”– sea neutralizada.

La reimposición automática de sanciones de la ONU vence en octubre, por lo que queda poco tiempo para cumplir con los requisitos procedimentales para activarla. Todo esto sugiere por qué Trump y los funcionarios israelíes dan hasta la primavera como plazo para llegar a un acuerdo negociado.

El ultimátum de Trump a Irán parece estar llevando a Estados Unidos por un camino en el que la guerra es el único resultado, como ocurrió en 1914, un resultado que finalmente desencadenó la Primera Guerra Mundial.

¿Podrían ser sólo bravatas de Trump? Es posible, pero suena como si Trump estuviera emitiendo demandas legalmente vinculantes que debe esperar que no se cumplan. La aceptación de las demandas de Trump dejaría a Irán castrado y despojado de su soberanía, como mínimo. Estas exigencias también llevan implícito un “tono” de amenaza y expectativa de cambio de régimen en Irán.

Puede que sea bravuconería de Trump, pero el Presidente tiene antecedentes (condenas previas) en este tema. No ha tenido reparos en seguir la línea de Netanyahu sobre Irán, afirmando que el JCPOA (o cualquier acuerdo con Irán) es “malo”. En mayo de 2018, Trump retiró a EEUU del JCPOA a instancias de Netanyahu y, en su lugar, emitió un nuevo conjunto de 12 exigencias a Irán, que incluían abandonar de manera permanente y verificable su programa nuclear para siempre y cesar todo enriquecimiento de uranio.

Trump solo obedece al sionismo

¿Cuál es la diferencia entre las exigencias anteriores de Trump y las de este mes de febrero? Esencialmente son las mismas, salvo que hoy dice: Si Irán “no llega a un acuerdo, habrá bombardeos. Habrá bombardeos nunca vistos”.

Así pues, hay tanto historia como el hecho de que Trump está rodeado –al menos en este tema– por una cábala hostil de israelíes fanáticos y super halcones. Witkoff está ahí (Steven Charles Witkoff, de 68 años, dueño de negocios millonarios en el sector inmobiliario y Enviado Especial de Estados Unidos para el Medio Oriente) pero está poco fundamentado en los temas. Trump también se ha mostrado virtualmente totalitario en términos de cualquier crítica a Israel en el mundo académico estadounidense. Y en Gaza, Líbano y Siria, apoya plenamente la agenda provocadora y expansionista de extrema derecha de Netanyahu.

Estas demandas actuales con respecto a Irán también van en contra de la última Evaluación Anual de la Amenaza de Inteligencia de Estados Unidos del 25 de marzo de 2025, según la cual Irán NO está construyendo un arma nuclear. Esta Evaluación es efectivamente ignorada. Unos días antes de su publicación, el Asesor de Seguridad Nacional de Trump, Mike Waltz, declaró claramente que la Administración Trump está buscando el “desmantelamiento total” del programa de energía nuclear de Irán: “Irán tiene que renunciar a su programa de una manera que el mundo entero pueda ver”, dijo Waltz. “Es hora de que Irán abandone por completo su deseo de tener un arma nuclear”.

Por un lado, parece que tras estos ultimátum se esconde un presidente “irritado y enfadado” por su incapacidad para poner fin a la guerra de Ucrania casi de inmediato –como propuso en un principio– junto con presiones de un Israel profundamente dividido y un volátil Netanyahu para comprimir los plazos y así “acabar rápidamente” con el “régimen” iraní (el cual, se afirma, nunca ha estado más débil). Todo para que Israel pueda normalizar relaciones con Líbano –e incluso con Siria. Y, con Irán supuestamente “neutralizado”, avanzar en la implementación del proyecto del Gran Israel para que sea normalizado en todo Oriente Medio.

En la mira: China

Lo que, por otro lado, permitirá a Trump llevar a cabo el “largamente esperado” gran pivote hacia China. (Y China es vulnerable a la energía: un cambio de régimen en Teherán sería una calamidad, desde la perspectiva china).

Para ser claros, la estrategia de Trump hacia China también tiene que estar en marcha, con el fin de avanzar en los planes de reequilibrio del sistema financiero de Trump. Porque si China se sintiera asediada, bien podría actuar como un aguafiestas para la remodelación del sistema financiero estadounidense y mundial de Trump.

The Washington Post informa sobre un memorándum “secreto” del Pentágono de Peter Hegseth según el cual “China [ahora] es la única “amenaza a ritmo acelerado” (inminente) del Departamento de Defensa, [junto] con impedir una toma de Taiwán por parte de China como hecho consumado, mientras simultáneamente se defiende la patria estadounidense”.

El memorándum del Pentágono dice que el “marco de planificación de fuerzas” (un concepto sobre cómo el Pentágono construirá y dotará de recursos a las fuerzas armadas para enfrentar amenazas percibidas) solo considerará un conflicto con Pekín al planificar contingencias para una guerra entre grandes potencias, dejando que la amenaza de Moscú sea atendida principalmente por los aliados europeos.

Putin demora los planes de Trump

Trump quiere ser lo suficientemente poderoso como para amenazar militarmente a China, y por lo tanto quiere que Putin acepte rápidamente un alto el fuego en Ucrania, de modo que los recursos militares puedan trasladarse rápidamente al teatro de China.

En su vuelo de regreso a Washington el domingo por la noche, Trump reiteró su molestia hacia Putin, pero añadió: “No creo que vaya a retractarse de su palabra, lo conozco desde hace mucho tiempo. Siempre nos hemos llevado bien”. Cuando le preguntaron cuándo quería que Rusia acordara un alto al fuego, Trump dijo que había un “plazo psicológico”: “Si creo que nos están tomando el pelo, no estaré contento”.

El desahogo de Trump contra Rusia puede, quizás, tener un elemento de telerrealidad. Para su público nacional, tiene que ser percibido como portador de “paz a través de la fuerza”, para mantener la apariencia de macho alfa, no sea que la verdad de su falta de influencia sobre Putin se haga demasiado evidente para el público estadounidense y para el mundo.

Parte de la razón de la frustración de Trump también puede deberse a su formación cultural como hombre de negocios neoyorquino; que un acuerdo consiste primero en dominar las negociaciones y luego “dividir la diferencia” rápidamente. Sin embargo, la diplomacia no funciona así. El enfoque transaccional también refleja profundos defectos conceptuales.

El proceso de alto el fuego en Ucrania está estancado, no por la intransigencia rusa, sino porque el equipo de Trump ha determinado que lograr un acuerdo en Ucrania pasa, en primer lugar, por insistir en un alto el fuego unilateral e inmediato —sin introducir un gobierno temporal que permita celebrar elecciones en Ucrania, ni abordar las causas profundas del conflicto—. Y, en segundo lugar, porque Trump intervino precipitadamente, sin escuchar lo que decían los rusos y/o sin comprenderlo.

Ahora que se han acabado las cortesías iniciales y Rusia dice rotundamente que las actuales propuestas de “alto el fuego” son simplemente inadecuadas e inaceptables, Trump se enfada y arremete contra Putin, diciendo que los aranceles del 25% sobre el petróleo ruso podrían producirse en cualquier momento.

Putin e Irán tienen ahora “plazos” (uno “psicológico” en el caso de Putin), para permitir que Trump proceda a amenazar a China de manera creíble y lograr un “acuerdo” pronto, porque la economía global ya está tambaleándose.

Todo para proteger al sionismo

Trump arde y escupe fuego. Intenta acelerar los acontecimientos montando un gran espectáculo al bombardear a los hutíes, alardeando de que los han golpeado fuerte, con muchos de sus líderes muertos. Sin embargo, esa insensibilidad ante las muertes de civiles yemeníes contrasta torpemente con su supuesta empatía desgarradora por los miles de jóvenes ucranianos “guapos” que mueren innecesariamente en el frente.

Todo se convierte en un reality show.

Trump amenaza a Irán con “bombardeos nunca vistos” con un ultimátum que probablemente no pueda cumplirse. En pocas palabras, esta amenaza (que incluye el posible uso de armas nucleares) no se da porque Irán represente una amenaza para Estados Unidos, sino que se plantea como una opción, un plan, una “cosa” colocada tranquilamente sobre la mesa geopolítica y destinada a sembrar el miedo. “Ciudades llenas de niños, mujeres y ancianos asesinados: No es moralmente incorrecto. No es un crimen de guerra”.

No. Sólo la “realidad” de que Trump considera que el programa nuclear iraní es una amenaza existencial para Israel. Y que Estados Unidos está comprometido a utilizar la fuerza militar para eliminar las amenazas existenciales a Israel.

Este es el meollo del ultimátum de Trump. Se debe al hecho de que es Israel –no Estados Unidos, ni la comunidad de inteligencia estadounidense– quien considera a Irán como una amenaza existencial. El profesor Michael Hudson (profesor universitario de economía y ex analista de Wall Street), hablando con conocimiento directo de la política de fondo dice, “no es sólo que Israel, tal como lo conocemos, debe estar a salvo y seguro y libre de terrorismo”. (También dice que “Yo asistí a reuniones con Uzi Arad, que se convirtió en el principal asesor militar de Netanyahu después de dirigir el Mossad. Y toda la estrategia fue elaborada esencialmente por el Departamento de Defensa, por neoliberales”). Esa es la “línea” de Trump y su equipo; esa es también la narrativa israelí y de sus partidarios. “Pero la mentalidad [detrás de ello] es diferente”, dice Hudson.

Hay unos 2-3 millones de israelíes que se ven a sí mismos como destinados a controlar todo lo que ahora llamamos Oriente Medio, el Levante, lo que algunos llaman Asia Occidental y los sionistas llaman “Gran Israel”. Estos sionistas creen que Dios les ha ordenado tomar esta tierra y que todos los que se oponen a ellos son Amalek (el demonio). Creen que el Amalek está consumido por un deseo abrumador de matar judíos, y que por lo tanto debe ser aniquilado.

La Torá recoge la historia de Amalek: Parshat Ki Teitzei (la 49 porción semanal de la Torá en el ciclo anual judío de lectura, en donde Moisés establece reglas sobre las relaciones familiares, la justicia, el trabajo, la sexualidad y la responsabilidad familiar), cuando la Torá afirma, machoh timcheh et zecher Amalek: que debemos borrar la memoria de Amalek. “Cada año [los judíos] estamos obligados a leer no cómo Dios destruirá a Amalek, sino cómo debemos destruir a Amalek”. Aunque muchos judíos se preguntan cómo conciliar esta mitzvá (mandamiento) con sus arraigados valores contrarios de compasión y misericordia.

Este mandamiento de la Torá es, de hecho, uno de los factores clave que se encuentran en la raíz de la obsesión de Israel con Irán. Los israelíes perciben a Irán como una tribu de Amalek que conspira para matar judíos. Por tanto, no hay acuerdo ni compromiso posible. También se trata, por supuesto, del desafío estratégico (aunque secular) de Irán al Estado israelí.

Y lo que ha hecho que el ultimátum de Trump sea tan apremiante desde la perspectiva de Washington —además de las consideraciones relacionadas con el giro hacia China— fue el asesinato de Sayyed Hassan Nasrallah (clérigo y político libanés que se desempeñó como secretario general del partido político y cuerpo armado chií Hezbolá desde 1992 hasta su asesinato en 2024). Ese asesinato marcó un gran cambio en el pensamiento estadounidense, porque, antes de eso, vivíamos una era de cálculos cuidadosos; de movimientos incrementales como subir una escalera mecánica. Lo que ahora se entiende es que “ya no estamos jugando al ajedrez”. Ya no hay reglas.

Israel (Netanyahu) va a por todas en todos los frentes para mitigar las divisiones y la agitación interna en Israel encendiendo el frente iraní, aunque este curso bien podría amenazar la destrucción de Israel.

Esta última perspectiva marca la más roja de las “líneas rojas” para las arraigadas estructuras del Estado Profundo.

(*) Alastair Crooke es un antiguo diplomático británico, fundador y director del “Foro sobre Conflictos”, con sede en Beirut.

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