Managua. Jerson Dumas, Radio La Primerísima

Un examen realizado a la osamenta de una mujer, bautizada Angi, encontrada en 2012 por arqueólogos en Monkey Point respalda la hipótesis que Nicaragua está poblada desde hace 3 mil 900 años.
Los expertos del Instituto de Antropología Evolutiva Max Planck, de Alemania. realizaron pruebas de Carbono-14 recientemente a restos donde descansaba la osamenta. La datación no se hizo sobre la osamenta, sino la cama donde descansaba en posición ritual.
Este hallazgo, que confirma la presencia humana en la región desde hace casi cuatro milenios, redefine la historia del poblamiento en América Central y el Caribe.
Los arqueólogos Paul Cruz y Christopher Gago, lideran un programa de investigación titulado “Primeras incursiones humanas en el Caribe Nicaragüense”. Este estudio se centra en el conchero Angi, excavado por primera vez en 1974 por el arqueólogo Jorge Espinoza, y donde en 2012 se recuperó la osamenta de una mujer antigua. Cruz dijo a La Primerísima que los restos fueron analizados en el Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva, donde se confirmó que el ADN de la mujer es muy antiguo y no coincide con los linajes conocidos en el Istmo colombiano, panameño, venezolano, ni en otras regiones de los Andes o el Caribe. De hecho, esta osamenta es considerada la más antigua de Centroamérica, Suramérica y el Caribe Occidental.
Las excavaciones realizadas en mayo de 2024 permitieron establecer una cronología más precisa de las evidencias óseas y otros restos, como malacofauna, bivalvos y gastrópodos, (animales marinos y terrestres con conchas) que formaban parte de la dieta de los primeros pobladores del Caribe nicaragüense. Además, se logró datar el conchero de Monkey Point, cuyas capas arqueológicas muestran ocupaciones que van desde el año 7000 antes de Cristo. hasta el 3900 antes de Cristo, fecha asociada directamente a la osamenta de la mujer.
Aunque el colágeno de la osamenta no estaba lo suficientemente preservado para una datación directa, las moléculas de ADN sí lo estaban, lo que permitió su recuperación. Sin embargo, el ADN está muy degradado debido a la antigüedad del material, lo que ha dificultado la obtención de marcadores genéticos completos, explicó Cruz
Aun así, se pudo confirmar que la mujer pertenecía al linaje ancestral que se expandió por América Central y del Sur, pero que no tiene conexión directa con los primeros pobladores del Caribe insular, como los de Cuba. Esto sugiere que los habitantes de Monkey Point formaban parte de una población que se mantuvo en la región caribeña de Nicaragua y se dispersó en varias direcciones, tanto hacia el sur como hacia el norte.
Además de la osamenta de Monkey Point, el estudio incluyó análisis de otros individuos encontrados en sitios como Ciudad Sandino y Los Martínez, El Pantanal. Estos restos, datados entre 920 y 1810 años antes del presente (BP), mostraron una conexión genética con poblaciones antiguas de Panamá y Venezuela. Esto sugiere que hubo una dispersión de grupos humanos desde el sur hacia el norte, lo que refuerza la idea de que Nicaragua fue un corredor clave en las migraciones prehistóricas.
En el sitio de Güiligüisca, ubicado en Somoto, se analizaron fragmentos de carbón y huesos, obteniendo fechas de radiocarbono que sitúan el yacimiento entre 2020 y 2180 años BP. Aunque no se logró recuperar ADN antiguo de estos restos, las dataciones proporcionan un marco cronológico importante para entender la ocupación humana en esta zona del norte de Nicaragua.
Este descubrimiento confirma la antigüedad de la presencia humana en Nicaragua, también resalta la importancia de la región como un punto de encuentro entre las poblaciones del norte y el sur de América. La osamenta de 3900 años encontrada en Monkey Point es uno de los restos más antiguos y mejor conservados en el Caribe nicaragüense, y su estudio aporta valiosa información sobre las rutas migratorias y las interacciones entre los primeros pobladores.
Además, el éxito en la recuperación de ADN antiguo en condiciones tropicales, donde la preservación suele ser difícil, abre nuevas posibilidades para futuras investigaciones en la región. Este avance permitirá a los científicos reconstruir con mayor precisión la historia genética de los pueblos indígenas de América Central.
El equipo de investigación planea continuar mejorando la calidad de los datos genéticos obtenidos, lo que permitirá modelar con mayor precisión las relaciones entre las poblaciones antiguas de Nicaragua y otras regiones. También se espera realizar análisis adicionales para entender mejor las dinámicas de población y las interacciones culturales que tuvieron lugar en esta encrucijada de las Américas.
Este descubrimiento no solo contribuye al conocimiento científico, sino que también refuerza la importancia de proteger y preservar el patrimonio arqueológico de Nicaragua, un país que sigue revelando secretos sobre los primeros pasos de la humanidad en el continente americano.



