Managua. Por Walter Castillo Sandino, Revista Siempre Más Allá, 2013

En los días que mediaron desde el 9 de Diciembre de 1933, en que Sandino se regresó al campamento “Luz y Sombra” en Wiwilí en su tercer viaje, hasta el 16 de Febrero de 1934 que vino Managua para no volver, el General celebraba incansables y emotivas reuniones con todos y cada uno de sus compañeros de lucha. El 15 de febrero de 1934, como de costumbre, hizo formar su tropa y se dirigió a ella, pero esta vez de manera más efusiva, expresándoles siempre ideas definitivas y claras de su justa lucha. Había entre Sandino y sus jefes que lo acompañaban un afecto muy especial que los unía; solo así se explica que le hubieran seguido en aquel lamentable estado de privaciones. Esta unión debía tener tales caracteres, desde luego que en el campo contrario no esperaban sino la muerte y tenían de ello una profunda convicción, hija de las más dolorosas experiencias. Varios fueron testigos de las intimidades de esa despedida, cuando Sandino reunía a todos sus generales en un cuarto separado y al rato se veía salir a cada uno de ellos limpiándose las lágrimas.
Aquellos rudos hombres, que no temblaban ante nada, lloraban por el fatídico viaje a la capital, en especial del hombre más fiel a su causa revolucionaria, el General Pedro Altamirano (Pedrón), –un hombre de carácter áspero y de facciones grotescas, pero valiente hasta el salvajismo– había fracasado en su perorata persuasiva, suplicándole que desistiese de su viaje a la capital. Cuando se despidieron ambos hombres, Pedro Antonio Arauz Pineda, hermano de Blanca, aseguró a los nietos de Sandino que esta fue una de las pocas veces que se les había visto llorar como a un niño.

Era sin duda, el último adiós de dos generales revolucionarios. Por su parte el jefe director de la Guardia Nacional Anastasio Somoza, cumplía años en esos días y le hacían inacabables fiestas, porque la Guardia es la que más fiestas daba en Nicaragua a costa del pueblo que pagaba los impuestos y se quedaba sin comer. Pues bien, tales fiestas se prolongaban tanto, que alcanzaban toda la semana y le llamaron “La Semana Somoza”, como si se tratara de una señorita. Fue en uno de esos días de fiesta, que un diario de Managua llamado “La Noticia”, publico entre las crónicas de agasajos de “La Semana Somoza”, una larga serie de atentados de la Guardia Nacional en muchas partes del país. Pero como el que tiene las armas en la mano, cuando está acostumbrado a irrespetar la opinión pública y al qué dirán, por un oído le entra y por otro le sale, aquellas denuncias, como tantas otras, pasaron como si no se hubieran hecho.
En estos días se suscitó un cambio de conceptos opuestos respecto de la Guardia entre el citado diario y el Jefe Director de aquel cuerpo armado. Con este motivo, en editorial del 6 de Febrero de 1934 dijo el director de “La Noticia”. El Licenciado Juan Ramón Avilés: “No soy enemigo de la Guardia Nacional, únicamente quiero que sea una institución útil a la Patria, al orden, al Gobierno y al pueblo. No soy ni puedo ser enemigo del general Anastasio Somoza, Jefe Director de la Guardia. Como amigo le digo lo que no le van a decir a él, porque unos lo ven poderoso y se acercan para quedar bien y obtener algo, y otros temen decir en voz alta lo que todo el mundo repite por lo bajo. Eso que dicen es lo siguiente, entre otras cosas: Que en estos momentos, Sandino está dejando de ser el problema militar del país, y que la Guardia Nacional se está convirtiendo día a día en el verdadero problema de la paz nacional. Que la Guardia es la que tiene a su cargo mantener la paz material del país; pero también tiene la obligación de mantener la paz moral. Que la Guardia Nacional debe prestigiar al Gobierno y que los detalles el encarcelamiento del subsecretario de Relaciones y lo ocurrido al subsecretario de la Guerra, están demostrando que Nicaragua está cayendo en las garras de un militarismo que socava la confianza pública en Nicaragua. Que de los oportunistas de todo tiempo se acerquen a quien ven con poder y con dinero, sea jefe militar o ministro de Hacienda, para quedar bien con él, en esperanza de favores, agitando ante ellos el incensario político. Tengo la esperanza de que el general Somoza hará por su parte todo cuanto esté para que el Reglamento de la Guardia Nacional se reforme, dando al Ejército lo que es del Ejército, o a la Constitución lo que es de la Constitución, a la Policía lo que es de la Policía”. Así era el ambiente de esa época de Febrero de 1934. He querido señalar con ellas, como en un índice, cuál era la posición del General y la de la Guardia Nacional cuando esta lo asesinó.

Fue precisamente en esos días que “La Noticia” publicó un artículo, donde la Guardia Nacional hacía todo un aparato de avance bélico hacía el campo de Wiwilí, donde estaban las tropas del General Sandino; y como una muestra del terror impuesto por este cuerpo armado, aun en la propia capital, el mismo periódico dijo que: “El Garrobo”, lugar de las Segovias donde vivía el General Pedro Altamirano, y donde la Guardia Nacional hizo una masacre de inocentes, podía repetirse en cualquier parte de Managua; con lo cual daba a entender que la Guardia podía soltar a muchos Pedrones en la misma capital de Managua. Sin embargo el verdadero motivo del viaje de Sandino a Managua era el de constituir una Compañía Anónima minera para trabajar allá en las regiones de Wiwili en la conformación de una Comuna Universal, se sabe que entre sus cosas llevaba barras de oro que quería mostrárselas al doctor Sacasa. Estaba convencido de haber encontrado una buena veta de oro, cerca de la comuna en Wiwilí; y con ánimo de ayudar a sus viejos compañeros de lucha se dedicaría a hacer planes para formar una mina en cooperativa en esa región.
Llegan a Managua el 16 de Febrero los generales Augusto C. Sandino, Francisco Estrada, Juan Pablo Umanzor, el padre del guerrillero Gregorio Sandino, su hijo el Coronel Sócrates Sandino, un joven militar llamado Juan Ferretti y el ayudante de Sandino, el Coronel Santos López. Todos se hospedan en la casa del Ministro profesor don Sofonías Salvatierra.
En Managua el Presidente Juan Bautista Sacasa los invitó a almorzar en Casa Presidencial. Hacían compañía don Salvador Calderón Ramírez (residente en México) a quien se le había mandado a llamar para que sirviera de asesor y el general Horacio Portocarrero, amigos del general Sandino y delegados suyos en las conferencias de paz, quienes habían llegado a Managua hacía unos pocos días. Ellos habían ido al campo de aterrizaje a dar la bienvenida al General. Los periodistas se entrevistan con el General quien les reafirma nuevamente: “…que la Guardia Nacional es inconstitucional y por eso no le entregaría nunca sus armas…” noticia ésta muy desagradable para el Jefe Director de la Guardia Nacional el Mayor General Anastasio Somoza García, pero quién no le demostró hostilidad alguna, ya que tenía otros planes maquiavélicos para el ex guerrillero.

El Presidente Sacasa ofrece otro banquete el sábado 17 de febrero a los principales generales sandinistas. Todo fue muy cordial que hasta Sandino y Somoza se abrazaron y se tomaron famosas fotos poniendo ambos sendas dedicatorias.
El domingo 18 de Febrero, en la noche, estaba Sandino en la Casa Presidencial y llegó en ese momento el general Somoza, había por allí un ejemplar del periódico “La Noticia”, de ese día, cuyo editorial ponía de acuerdo a Sandino con el jefe de la Guardia en cuanto a la constitucionalización de ese cuerpo militar. Se leyó el articulo y Sandino dijo: “Esta bien; ahora solo falta que esa unión sea de modo que no se olvide que la desunión la pueda aprovechar nadie en contra del país”. Inmediatamente abrazaron a Sandino al oírle hablar así. Ya el general Somoza lo había abrazado pocos momentos antes al encontrarse.
Ese mismo día se cruzaron dos cartas convenidas entre el Presidente y el general Sandino, en que se fijaban la forma de cumplir con las garantías ofrecidas. La del general Sandino, que fue la primera, redactada por él mismo en la Casa Presidencial.
El General Sandino el día lunes 19 de febrero envía otra nota al Presidente doctor Sacasa: reiterándole que la Guardia es inconstitucional. La cuestión a resolver, casi única, pero que era fundamental y legal y que por lo mismo no constituía una exigencia, era la manera como el Presidente se pondría en condiciones de hacer efectivas las garantías ofrecidas. En esas pláticas de paz el General exige garantías para los combatientes que pelearon defendiendo la soberanía nacional mancillada por los invasores y apoyados por algunos traidores y entreguistas nicaragüenses.

Sandino en forma clara le decía al Presidente Sacasa: “la Guardia los está aniquilando a pesar de haber un compromiso de alto al fuego y respeto mutuo, pero si esto continúa volverán a coger las armas los combatientes”.
Mientras se verificaban las conferencias, los reporteros de los periódicos asediaban al General Sandino pidiéndole entrevistas. Algunos de esos reporteros tenían el propósito de producir sensación en interés de la venta diaria y así no cuidaban de la exactitud de los conceptos vertidos por él, ni de escribir todo lo que les decía. El interés era presentar el choque entre Sandino y la Guardia, lo cual le daba sensación a las ediciones. El General les decía, por ejemplo: “Muchos me invitan a la revolución y yo digo que el que quiera guerra, que la haga; la paz es necesaria al país y no seré yo quien la altere. Oigo hablar aquí de gente sin trabajo. Me río de eso, cuando allá está la riqueza en las manos; hay que irse a aquellas montañas a recogerla”; pero esto no lo publicaban.
Pero si hubo un periódico que publicó que Sandino había dicho que en Nicaragua existían tres poderes: “el Gobierno, la Guardia y él”. Cuando eso salió publicado dijo: “No vuelvo a darle reportaje a ese, que ponen las cosas como le gustan”. Sandino mal podía expresar tales palabras, cuando en las entrevistas con el Presidente le decía: “Yo no tengo que ver en que haya Guardia Nacional o no, ni en las personas que la dirijan; yo mismo como ciudadano que soy, estoy obligado a pagar los impuestos para mantener el ejército o la Guardia, o como se llame; lo que quiero únicamente es que se nos den las garantías constitucionales y que se constitucionalice la Guardia”. Por constitucionalización de la Guardia, el General Sandino lo que quería dar a entender es que el Presidente de la República, como Comandante General, la mandara directamente y de verdad. Sandino fue el día martes 20 de febrero nuevamente a la Casa Presidencial con sus asesores y los del doctor Sacasa representado por el doctor Leonardo Arguello Barreto, Ministro de Relaciones Exteriores. El General Sandino en presencia del Ministro Diplomático norteamericano Arthur Bliss Lane dijo a los periodistas algo que no le gustó al diplomático Lane: “A los Estados Unidos le gustaría sacarme de la región del río Coco, a fin de que la tierra allí pueda caer en manos norteamericanas y servir como fuente de abastecimiento alimenticio en caso de una guerra”.
El miércoles 21 de Febrero se hizo público el arreglo de la cuestión segoviana y los diarios pidieron copias de las cartas para publicarlas. De la Casa Presidencial consultaron al general Sandino de su opinión y este contestó que no veía inconveniente en darlas. Tenía dispuesto ir al otro día a Niquinohomo a ver a su mamá y en la tarde fue a la Casa Presidencial a verificar una gestión a favor de su amigo el doctor Escolástico Lara. Se le facilito un automóvil de la secretaría de Agricultura y poco después de las cinco de la tarde llegó acompañado del propio señor Lara, de su padre don Gregorio y de los generales Francisco Estrada y Juan Pablo Umanzor. Pocos minutos después salió el Presidente y en torno de Sandino se hizo una rueda de amigos distinguidos, el héroe segoviano hablaba con buen humor; refería episodios de guerra constitucionalista, que todos oían con agrado por la manera interesante con que se expresaba. El Presidente lo invitó a comer y todos fueron a la mesa, menos el doctor Lara, quien tenía urgencias profesionales. En la mesa, Sandino estuvo siempre alegre y decidor.
Observando bien, decía, “hemos adelantado mucho, porque antes los presidentes salían del poder para el destierro, y ahora todos están aquí: don Bartolo, el general Moncada, el general Chamorro. Solamente don Adolfo Díaz no está, pero no porque nadie se lo impida”.
Mientras los Generales Sandinistas cenan pacíficamente con el Presidente doctor Juan Bautista Sacasa, confiándose de la Paz firmada días antes con el Presidente Sacasa y los Políticos. En la oscuridad de la noche los implicados en el complot finalizan sus últimos pormenores. Terminada la comida, hablaron de la formación de una compañía para explotar lavaderos de oro en la región del Río Coco; se trazaron sus bases y la escritura pública de sociedad la iba a autorizar el doctor Alejo Icaza Icaza el día que regresara de Niquinohomo el general Sandino. Serían las diez de la noche cuando salieron de la Casa Presidencial.
El doctor Sacasa despidió al general Sandino con un abrazo; el general Portocarrero que estaba allí lo mismo el señor Calderón Ramírez, fue invitado por Sandino para que lo acompañaran, pero manifestó, conjuntamente con el presidente, que se quedaba para esperar al general Somoza con quien arreglarían los detalles de sus futuras funciones de delegado del Ejecutivo en las Segovias, pues él era el designado de acuerdo con el arreglo convenido. El doctor Federico Sacasa, hermano del Presidente, con toda amabilidad fue a despedirlo hasta la puerta de la salida y entraron en el auto: en la parte posterior, el general Sandino, don Gregorio Sandino (Padre de Sandino) y el Ministro de Agricultura y del Trabajo profesor don Sofonías Salvatierra, en la parte anterior, con el chofer, los dos ayudantes generales Estrada y Umanzor.
Descendieron de la loma de Tiscapa, altura en que está la Casa Presidencial, sin ninguna novedad, hasta que llegaron hasta el píe de la colina donde estaban las garitas del Campo de Marte, en una de las cuales, en la del Hormiguero, en un trecho en que las luces no disipan la oscuridad, el auto fue detenido por un pelotón de 15 guardias dirigidos por el teniente Lisandro Delgadillo quien fingiendo ser alistado gritaba: “¡Párese este carro! ¡El que levante las manos lo tiran!”, y repitió tres veces “todos a tierra”. Se bajaron y todos entregaron sus pistolas, menos don Gregorio y Sofonías porque no andaban, mientras tanto el sargento Emilio Canales con una ametralladora Thompson simula arreglar un carro.
La señorita Maruca Sacasa Arguello, hija del Presidente Sacasa, venía en otro automóvil detrás de Sandino y fue testigo de su detención. Diciéndoles a los militares de que el general venía de cenar con su padre; al comprobar que era inútil, volvió a Casa Presidencial a informar al Presidente Sacasa. Preocupado el doctor Sacasa inmediatamente llamó al Campo de Marte, pero sus llamadas por órdenes del General Somoza, no fueron atendidas.
Momentos después entró un pelotón de guardias y el jefe que lo comandaba, dijo dirigiéndose a Sofonías: “Usted y el señor Sandino (don Gregorio) quedan aquí hasta segunda orden y los otros van con nosotros”. A lo que este le preguntó que si eso era orden del Presidente. Esta pregunta tenía por objeto recordarles la autoridad del comandante general, que la estaban haciendo pedazos. Al oír esto Sandino dijo: “No, es orden militar y esa se acata inmediatamente”, y rompió la marcha sin tardanza seguido de Estrada y Umanzor.

Don Gregorio y Sofonías quedaron siempre de pie en medio del patio. Al rato un guardia les llevó asientos. En las cárceles de El Hormiguero dejan a don Sofonías y a Don Gregorio, al resto se los llevan en un camión con destino desconocido. Mientras tanto los militares Policarpo “el Coto Gutiérrez”, López Barrera y Davidson Blanco toman como cuartel el Campo de Aviación, próximo a la casa de Salvatierra quienes después de rodearla la ametrallan durante 15 minutos en forma indiscriminadamente, muriendo peleando en el operativo el Coronel Sócrates Sandino que no había ido a la cena y un niño inocente, criadito de don Sofonías que jugaban en la puerta principal, resulta herido el yerno del Ministro Salvatierra Sr. Rolando Murillo. Lograron escapar por la parte de atrás de la casa al terminársele el parque, el Coronel Santos López quien resulta herido en el intercambio de disparos y el Capitán Juan Ferretti que andaba de visita en el Hotel Anaya y llegaba al lugar de los hechos, huye a Costa Rica donde posteriormente dio declaraciones sobre los hechos.
Mientras tanto, en el camión GN #1 el capitán Lisandro Delgadillo y Carlos Eddy Monterrey con diez alistados llegan a su destino a la parte Oriental del Hospicio Zacarías Guerra, en un lugar desolado llamado “Campo la Larreynaga”. En los últimos momentos de su vida el General Sandino, de pie, con las manos en los bolsillos, dicen que opinó: “Mis líderes políticos me embaucaron”.
Se dice que el Cptn. Lisandro Delgadillo, debía dar la orden, pero tuvo un escrúpulo por ser hermano masón de Sandino, no quiso presenciar la masacre, poniendo en manos del Subteniente Carlos Eddy Monterrey el mando del pelotón, pero disparando Delgadillo al aire en señal que autorizaba a éste a hacer fuego. Una bala penetró en la cabeza del héroe y otra en el corazón, el resto de los generales recibieron una lluvia de balas. Ya muertos a Sandino le quitaron parte de su ropa, su reloj, una leontina de oro y un anillo de brillantes.
Mientras tanto en la prisión “El Hormiguero” su padre don Gregorio Sandino al escuchar los disparos dijo: “….Ya los están matando. El que se mete a redentor, muere crucificado….” Eran las 2:15 de la madrugada del 22 de Febrero de 1934.
Al llegar el camión con los cadáveres de la masacre donde Salvatierra, todos juntos fueron arrojados a una fosa común en las cercanías del Aeropuerto Xolotlán. Años después durante la revolución de 1979-1990 se buscaron los cadáveres pero no fueron encontrados. Se sepultaron los cuerpos de los generales Augusto César Sandino, Juan Pablo Umanzor, Francisco Estrada, Sócrates Sandino y un niño inocente. Levantó el acta el Teniente Domingo Ibarra Grijalba en su carácter de Oficial de Leyes de la GN. (Grijalba años más tarde escribió el libro “Sandino o el calvario de la Segovias”, pero Somoza lo expropio y lo hizo suyo como el autor).

Testimonio del padre de Sandino don Gregorio Sandino López
En un documento inédito para el pueblo Nicaragüense el padre del General, don Gregorio Sandino López, hizo pública su versión sobre los trágicos acontecimientos sucedidos la noche del 21 de febrero de 1934, a pesar de existir la más estricta censura en Nicaragua en todos los órdenes de comunicaciones para evitar que el mundo supiera cómo fue asesinado el General Sandino. El “Panamá – América” logró obtener días después exclusivamente copia literal de su declaración. El documento dice textualmente lo siguiente:
“En la ciudad de Managua a las doce y quince minutos de la tarde del día 24 de Febrero de mil novecientos treinta y cuatro presente el Señor Gregorio, casado, mayor de edad, agricultor del departamento de Managua.
Ante el Capitán Joaquín Rivas S., Guardia nombrado por el Jefe de División de la Guardia Nacional, en relación con los deplorables hechos ocurridos la noche del veintiuno de febrero del presente año.
Previo juramento declara que el veintiuno de Febrero de los corrientes venimos aquí a la Casa Presidencial mi hijo César Sandino, el Ministro Salvatierra, el General Juan Pablo Umanzor y el General Francisco Estrada, de haber arreglado lo pertinente a una Compañía Minera Nicaragüense para explotar el oro en Wiwilí, invitó al señor Presidente para que nos quedáramos con él y su familia, cómo a las diez de la noche, poco más o menos, dispusimos irnos para la casa del señor Salvatierra donde estábamos hospedados, pensando ir al día siguiente para Niquinohomo lugar de nuestra residencia y de vuelta pasar firmando las escrituras de la Compañía Minera Nicaragüense y enseguida mi hijo César y sus compañeros cuando íbamos enfrente del portón del Campo de Marte que estaba frente al Colegio de los Hermanos Cristianos nos sorprendieron de pronto como diez o más guardias nacionales con ametralladoras diciéndonos que no nos moviéramos, porque el que se moviera era hombre muerto.
Entonces mi hijo César Augusto y los demás que íbamos, no me fijé si el señor Salvatierra hizo lo mismo, levantamos las manos y mi hijo César Augusto ordenó que dejáramos que ellos quitaran las armas, porque él no ensuciaba sus manos, y así fue que ellos las quitaron. A continuación ordenaron que echáramos pie a tierra, todos menos el chofer quien quedó en el carro y entonces los guardias quitaron dos maletas pequeñas que llevábamos en el carro y nos condujeron al Hormiguero o cuartel.

Estando allí nos pusieron a todos en fila y prepararon todos las ametralladoras las pusieron bala en boca, apuntándonos y entonces mi hijo César Augusto les habló a los guardias diciéndoles:
«Dígale por teléfono al General Somoza que porque me manda a fusilar, pues yo los quiero a todos Uds. como a mis hermanos, pues son nicaragüenses y yo también y luché por sacar al invasor o interventor y cuando logré que hubieran desocupado el país vine hacer la paz y ahora estoy haciendo o formando una compañía anónima minera para ir a trabajar allá en las regiones de Wiwilí para que tengamos oro y tengamos trabajo para todos los que quieran irse a trabajar allá, pues aquellos minerales son muy riquísimos, dígale más que él me ha declarado que es mi amigo, pues así me lo demostró cuando me fue hacer un visita a casa del Ministro Salvatierra y yo correspondí igualmente yendo a su casa a pagarle la visita cambiando retratos con dedicatorias y otras cosas más que hace como cinco días que nos encontramos en casa Presidencial, yo le daba la mano y él me dijo que no era la mano sino un abrazo fraternal y acto seguido me abrazó fuertemente diciéndome que los dos estaban identificados para conciliar la paz en Nicaragua y trabajar por la prosperidad de ella».
El Teniente López que era el que estaba con nosotros, le obedeció y fue al teléfono y después que habló con Somoza llego donde estábamos parados y ordenó que el Ministro Salvatierra y yo quedáramos parados en el mismo lugar y que Augusto, Estrada y Umanzor fueran conducidos para la puerta de salida y quedé escuchando el ruido como caminaban con dirección al Oriente como quien va para la iglesia del Perpetuo Socorro.
Que a continuación nos brindaron asiento al señor Salvatierra y a mí, allí en el patio donde estábamos parados, pero a continuación volvió el Teniente López solo que venía muy fatigado, quitándose la corbata y diciendo que había corrido como siete kilómetros. Cuando se oyeron los primeros disparos al lado Oriente le dije al señor Ministro Salvatierra, «están fusilando Augusto, Umanzor y Estrada»; ese fue mi presentimiento. A continuación oí la segunda disparadera y entonces dije «están matando a Sócrates, a Ferretti y al Coronel Santos López» y cuando en medio de la excitación nerviosa estaba dije: «pero no importa, ya mis hijos cumplieron con su misión que era lo que tenían que cumplir y yo les había dicho que el que a Redentor se mete, crucificado muere y que no esperaran recompensa alguna».

Enseguida llegó el Ministro Americano (Mr. Arturo Bliss Lane), como a la una y media de la noche allí a El Hormiguero y nos saludó diciéndonos que llegaba a sacarnos y cuando salíamos dijo el señor Ministro Salvatierra al Teniente López, que si íbamos libres o íbamos presos todavía; a lo que él contestó que estábamos libres; entonces el señor Ministro Americano, nos monto en su carro y nos llevó a la Legación Americana (Embajada Norteamericana).
Después que nos brindó asiento nos preguntó como había ocurrido y yo se lo referí a él así como lo estoy declarando a Uds., entonces el señor Ministro Salvatierra le pidió permiso para hablar por teléfono con la Casa Presidencial y el señor Ministro Americano, procedió gentilmente dando el aparato telefónico para que hablara, entonces el señor Presidente le dijo que nos fuéramos para la Casa Presidencial.
En vista de eso el señor Ministro Americano nos brindó su carro y acompañado por él y su secretario Mr. Damels vino a dejarnos, aquí quedamos hasta la hora en que nos han atendido, tanto el señor Presidente como su apreciable familia y los amigos que nos han venido a visitar.
Interrogado al señor Gregorio Sandino si reconocía a alguno o algunos de los guardias que los capturaron en el Portón frente al Campo de Marte contestó: “el que nos aprendió era un cabo porque así me lo dijo el señor Ministro Salvatierra por la insignia que portaba sin llegar a saber su nombre ni número”.
Preguntado el mismo señor Sandino si ya en El Hormiguero reconoció algún guardia u oficial contestó: “que reconoció a un Teniente López porque así lo llamaban sus subalternos que no le supo su nombre, pero que no es el Teniente López de Jinotega porque a este él lo conoce”,
Preguntando si fue maltratado por la Guardia en su persona contestó: “que nadie le maltrató y que más bien fue tratado con consideración durante su permanencia en El Hormiguero”. Fin de la declaración de Sócrates Sandino López
Días después del asesinato de los generales Augusto C. Sandino, Francisco Estrada, Juan Pablo Umanzor y Sócrates Sandino; el General Anastasio Somoza García ordena a la aviación y a la GN que se encontraban muy cerca de ese lugar, atacar y arrasar el Campamento Agrícola y Minero de Sandino en Wiwilí llamado “Luz y Sombra”. Ahí había centenares de campesinos reconcentrados por Sandino junto con sus mujeres e hijos al frente del Coronel Abraham Rivera Rivera y el General Ramón Raudales.
El ataque fue una terrible carnicería con un saldo de más de 300 familias asesinadas. El Coronel Abraham Rivera Rivera y el General Ramón Raudales logran evadir el cerco y salvar sus vidas. La Guardia Nacional con 500 efectivos durante varios meses se dedicó a “limpiar” la zona donde operaban las fuerzas sandinistas. Los “valientes pacificadores” estaban al mando del Coronel Rigoberto Reyes, Mayor Alberto Baca, Capitán Hermógenes Prado, Teniente Edmundo Delgado (Juan Matagalpa), Teniente Rodolfo Dorn y otros de menor rango. Seguido de esta matanza, el General Somoza había ordenado a sus subalternos que ejecutaran al instante a todo sandinista que topasen en cualquier lugar y lo mismo a todos aquellos que les ayudasen dándoles refugio y comida.

El campamento de Sandino fue saqueado por la Guardia Nacional, quienes se apoderaron de gran parte de los Archivos del Ejército de Sandino y estos más tarde fueron utilizados en el libro que el Teniente Grijalba le hizo a Somoza en 1936, llamado: “El Verdadero Sandino”. (Toda la documentación capturada por la Guardia entre (1927-1932), fue llevada a Estados Unidos cuando los “Marines” desocuparon Nicaragua y actualmente se encuentran en la “Sección de Documentos Navales de los Archivos Nacionales en Washington” y en los “Archivos del Cuerpo de Infantería de Marina de los Estados Unidos en Washington”, muchos de estos documentos han sido publicados también en “Marine Corps Gazette” y en los llamados “Papers Relating to the Foreing Relations of the United States”, y pueden 1934″, (http://www.sandinorebellion.com), cuyo propietario el Profesor Michael Schroeder, ha autorizado a hacer uso de esos documentos.
Según relataron los familiares de Sandino, a pocas millas del campamento días más tarde de la masacre, el coronel Abraham Rivera Rivera es capturado por el coronel Rigoberto Reyes y por el Mayor Alberto Baca, cuando éste se encontraba en el río Yamales en compañía de su esposa Petrona Irías y de varios acompañantes. Rivera agotado de andar huyendo, sin armas y sin hombres, se le captura y fusila en el acto junto con su esposa y demás acompañantes siendo enterrados en un lugar llamado “Playa Hermosa”.
Algunos de los hombres del General Sandino como Marcial Rivera Zeledón, Tomás y Germán Blandón (hermanos del General Pedro Blandón y de Vicente) fueron perseguidos implacablemente y asesinados por patrullas de la Guardia Nacional al mando entre otros, del Teniente Edmundo Delgado (Juan Matagalpa) y sus hombres. El General Pedro Altamirano (Pedrón) se internó en la montaña a pelear por su cuenta por siete años más hasta que fue también muerto por asesinos pagados por la GN.
Casi todos los miembros del Estado Mayor Sandinista fueron muriendo asesinados uno tras otro, siendo el último el General Ramón Raudales que muere en 1958 en un movimiento armado en contra del gobierno de Luis Somoza D. Los Somoza de esa manera sientan y afirman las bases de su Gobierno dictatorial en Nicaragua. Sin embargo los norteamericanos al terminar la guerra admitieron públicamente haber sido derrotados por el General Sandino.
Muchos de los admiradores del “Héroe de las Segovias”, sintieron su asesinato y se expresaron en Revistas y Diarios de la época, entre ellos estaba el escritor y político mexicano José de Vasconcelos, que le había conocido cuando él visitó México en los primeros meses de 1930 y publico lo siguiente el 1 de Marzo de 1934: “…Asesinado fríamente, canallescamente muere el hombre que durante seis años realizó la hazaña increíble de tener a raya a un Imperio. Conozco la leyenda negra que se ha tejido en torno a Sandino y aunque la creo en su mayor parte falsa, conviene recordarla, para poder decir después que, a pesar de ella, Sandino es una de las más grande figuras de la historia Iberoamericana…”
