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Lane, el otro asesino de Sandino y consejero de la muerte

Managua. Por Clemente Guido Martínez (*)

Lane, el otro asesino de Sandino y consejero de la muerte Managua. Por Clemente Guido Martínez (*), Radio La Primerísima

“Aunque un amigo no desee entrometerse en asuntos que no son de su incumbencia, no hay razón por la que no deba dar un consejo. Estoy seguro de que comprenderás por qué no puedo decir nada más” (1).

Así pareció definir su visión de la diplomacia norteamericana en Nicaragua, Mr. Arthur Bliss Lane, embajador del gobierno norteamericano en Managua, enviado por el presidente Franklin Delano Roosevelt, desde julio, pero llega hasta noviembre del 1933, en sustitución del anterior embajador Matthew E. Hanna. La frase es parte de una conversación más extensa que él mismo informa al Departamento de Estado, sostenida con el General José María Moncada, días antes del 4 de mayo de 1934 en Managua.

Lane, a sus 39 años cumplidos, llegó a Nicaragua antecedido por una significativa carrera diplomática: Italia, Polonia, Londres, Suiza, trabajó en el Departamento de Estado y antes de arribar a Nicaragua había estado laborando en México.

En otra parte de su informe del 4 de mayo, Lane advierte al Departamento de Estado que él tiene dudas sobre cómo ejecutar la orientación política del «Buen Vecino» con la política de no intervención. “Como indiqué al Departamento en el último párrafo de mi despacho No. 147 del 26 de marzo, en ocasiones he tenido dudas sobre cómo deberían o podrían conciliarse las políticas de «No intervención» y «Buen vecino» (Lane, ibid.).

Injerencia disfrazada

Para él, si es necesario que un diplomático norteamericano ofrezca “consejos” a los protagonistas de una historia en curso, debe hacerlo, para preservar “la paz” y evitar consecuencias mayores, según su criterio: “no debemos interferir en los asuntos internos de Nicaragua; sin embargo, si sintiéramos que una palabra nuestra podría servir para mantener la paz del país y, en consecuencia, evitar el derramamiento de sangre y el desorden, no deberíamos abstenernos de asumir la responsabilidad del “Buen Vecino” expresando nuestras opiniones, preferiblemente como opiniones de nuestro representante diplomático” (Lane, ibid.).

Estas expresiones del embajador Lane, fueron redactadas el 4 de mayo de 1934, dos meses y unos días después del asesinato del General Augusto C. Sandino (21 de febrero de 1934), a manos de un pelotón clandestino de fusilamiento ordenado por el Estado Mayor de la Guardia Nacional de Nicaragua, liderada por el director jefe General de esta institución naciente, Anastasio Somoza García.

El día del asesinato de Sandino, 21 de febrero de 1934, en Managua el embajador norteamericano tuvo una agitada agenda, que incluyó reuniones con el General José María Moncada y con el General Anastasio Somoza García, con quien se reunió dos veces; la segunda reunión fue a las 6 de la tarde y de ahí salió Somoza directo al Campo de Marte a reunirse con el Estado Mayor de la GN, para decidir el destino final del General Sandino, que desprevenidamente cenaba con el presidente Juan Bautista Sacasa en casa presidencial (2).

“Ayer por la mañana recibí a Somoza que me había llamado por teléfono diciendo que deseaba verme urgentemente por un asunto importante. Me informa que el presidente había intercambiado cartas con Sandino insinuando que la Guardia debería reorganizarse dentro de 6 meses; también que el general Portocarrero, excandidato sandinista a la presidencia, había sido elegido delegado de Gobierno en las provincias de Estelí, Nueva Segovia, Jinotega y Matagalpa. Somoza, que parecía inusualmente emocionado, afirmó que el nombramiento de Portocarrero era un insulto a la Guardia, ya que pondría a la Guardia bajo el control de Sandino. Le aconsejé que estuviera tranquilo y le sugerí consultar con Calderón Ramírez para conocer la situación real. (Somoza me dijo que quería proceder inmediatamente contra Sandino y que si simplemente me guiñaba un ojo lo “encerraría”. Nuevamente le aconsejé precaución y le sugerí las posibles consecuencias de cualquier acción violenta como una guerra civil” (Lane, 22 feb. 1934, al Departamento de Estado).

Mr. Arthur Bliss Lane, el consejero de la muerte

Procónsul y servilismo del asesino

Lane asegura que volvió a ver a Somoza a las 6 de la tarde del 21 de febrero, y que en esa oportunidad había consultado sobre la situación política del General Portocarrero. “Ayer por la tarde vi a Calderón que decía que Portocarrero, aunque antes sandinista, ahora era muy leal al Gobierno y era, en su opinión, la mejor elección para el cargo de delegado. Le repetí este mensaje a Somoza a las 6 en punto y él me dijo que no “empezaría nada” sin consultarme previamente. Somoza parecía aún más nervioso que por la mañana y estaba conferenciando con tres oficiales de la Guardia (uno de los cuales reconocí afuera de la casa de Salvatierra después) cuando entré a su casa. Dijo que si bien aceptaba la valoración que Calderón tenía de Portocarrero, la Guardia estaría furiosa por el «insulto» y que las cosas habían llegado a un punto en el que ya no podía controlar a la Guardia. Cuando lo dejé, volvió a decir que no se haría nada sin consultarme primero” (Lane, 22 feb. 1934, al Departamento de Estado).

Años más tarde, por el testimonio de viva voz de Abelardo Cuadra, uno de los militares que participaron en la decisión de asesinar al General Augusto C. Sandino, grabado por el periodista Nicolás López Maltez, se supo que las palabras de Somoza García al llegar de la reunión con Lane, fueron las siguientes: “Vengo de casa del ministro americano, Arthur Bliss Lane, a quien le he consultado el problema nacional, y le he expuesto que Sandino es un factor que interrumpe la tranquilidad nacional, y él está de acuerdo en que eliminemos a Sandino” (3). Cuadra luego sería desterrado por participar en una acción militar contra Somoza García.

Lane destaca en dos ocasiones que Somoza: “no “empezaría nada” sin consultarme previamente; no se haría nada sin consultarme primero”. Sin embargo, instantes después del segundo encuentro de las seis de la tarde con Lane, el jefe director de la GN se reúne con todo su estado mayor, todos militares de alto rango y suscriben el “Pacto de la Muerte”: “Considerando que el país pasa por un momento de angustia, proveniente del no desarme de las fuerzas del General Sandino”, le otorgan a Somoza el respaldo político-militar necesario para que “sus gestiones se encaminen a sacar avante el buen nombre de la República, de nuestro eximio gobernante Dr. Juan Bautista Sacasa y de la Guardia Nacional…” (4).

Los asesinatos

Lo que sucedió después es conocido. Un pelotón de la Guardia Nacional ejecutó al General Sandino en compañía de los Generales Francisco Estrada, Juan Pablo Umanzor, y en la casa de Sofonías Salvatierra, ministro de Agricultura del gobierno de Sacasa, muere en combate Sócrates Sandino y el niño Juan Ramón López es alcanzado por las balas. Rolando Murillo Rivas, yerno del ministro Salvatierra, es herido y muere en marzo de 1934. El coronel Santos López logra escapar de la muerte, y Juan Ferreti no estaba al momento del atentado.

“Aunque el presidente y el general Somoza me dicen que desconocen lo que le pasó a Sandino, tengo motivos para creer que Sandino ha sido asesinado”. (1). Con esta afirmación el embajador se distancia del asesinato del General Sandino. “Informa” de lo sucedido seis horas después del hecho, según el registro del cablegrama (Lane al Departamento de Estado, 5 a.m. 22 de febrero, Cablegrama. Ver cita 2).

“Anoche, 21 de febrero, alrededor de las 11 se escuchó fuego de ametralladora cerca de la residencia de la Legación. Al entrar al pueblo a investigar observamos que la casa de Salvatierra, ministro de Agricultura, donde se hospeda Sandino, al parecer había sido atacada (“had apparently been attacked”), un hombre herido yacía en la acera inmediatamente enfrente y un destacamento de unos diez guardias estacionados. al otro lado de la calle. El capitán del destacamento me informó que los hombres de Sandino habían disparado contra Guardia, quien había respondido del mismo modo” (Lane al Departamento de Estado, 5 a.m. 22 de febrero, Cablegrama. Ver cita 2).

El cinismo de Lane

¿El embajador de EE. UU. en Nicaragua, escucha fuego de ametralladora al filo de la medianoche y en vez de tomar seguridad de su persona ante un incidente armado que supuestamente desconoce, procede en sentido contrario a “investigar” (“to investigate”) y llega tan certeramente a la casa del ministro nicaragüense Sofonías Salvatierra, donde encuentra una escena de combate, con un hombre herido en la acera? (no menciona ni a Sócrates, ni al niño asesinado quien realmente es el que estaba en la acera).

Sostiene una conversación con el capitán de la GN Policarpo “el coto” Gutiérrez, (¿en una escena de combate?) y le “informan” que los hombres de Sandino dispararon contra la guardia y ellos respondieron (“The captain of the detachment informed me that Sandino’s men had fired upon Guardia which had replied in kind” que traducido significa “El capitán del destacamento me informó de que los hombres de Sandino habían disparado contra la Guardia, que había respondido del mismo modo”). Me resulta imposible creer que Lane desconocía previamente lo que estaba sucediendo.

El relato del sobreviviente

Rolando Murillo Rivas, el sobreviviente, convalecía de sus heridas en la casa de su mamá y antes de morir –días después– logró decir a su primo, el coronel GN Francisco Solórzano Murillo, que había visitado la casa de su suegro y estando ahí sucedieron los hechos. El testimonio de Murillo fue rescatado por Walter Castillo Sandino (nieto del General Sandino) y en parte dice así:

“Luego entraron los guardias a la casa y Sócrates sostuvo un violento tiroteo con ellos hasta que se le terminó el parque. Sócrates cayó muerto y yo caí mal herido de un balazo en el hígado. Cuando se terminó la balacera, se llevaron el cadáver de Sócrates y a mí me dejaron tendido en el suelo. Como el ministro americano, llegara junto con las patrullas de la Guardia Nacional y andaba por ahí como inspeccionando el lugar, al pasar, cerca de mí, lo cogí de una pierna y le dije: «Señor ministro, sálveme, yo soy civil, yo nada tengo que ver en estos asuntos». No me hizo caso y al dirigirse a la puerta de salida se encontró con el policía Meléndez, a quien le dijo algo mientras me señalaba con la mano. En seguida se apareció un soldado de la Guardia Nacional, el que me dijo: «Te voy a rematar». Yo le dije entonces: «¡no seas bárbaro! ¿Tenés familia, tenés madre, tenés esposa, tenés hijos? Pues todo eso tengo yo también». En ese momento llegó Santos Ramírez y me preguntó: «¿Qué te pasa?». Me balearon y éste me quiere rematar. Entonces Santos me echó sobre su hombro y me llevó a su camioneta que le dicen «La Barata», me fue a dejar a la casa de mi madre. A Santos Ramírez lo echaron preso porque me debía haber entregado” (5).

Las mentiras de Lane

Continuando con el informe del embajador Lane al Departamento de Estado, indica que de la casa de Salvatierra se va a la Presidencia, donde el presidente Juan Bautista Sacasa le pide que intervenga trayendo a Anastasio Somoza García a la Presidencia. “El presidente me dijo que no podía comunicarse con Somoza por teléfono y me preguntó si intentaría persuadirlo para que viniera a la Presidencia. Estuve de acuerdo. Encontré a Somoza en su casa aparentemente no dispuesto a ir debido a la posibilidad de que le hicieran violencia. Cuando le ofrecí llevarlo conmigo en mi coche, él accedió a acompañarme. Por invitación del presidente estuve presente cuando entrevistó a Somoza quien profesaba ignorancia de lo sucedido y dijo que había estado asistiendo a un concierto toda la noche” (Lane, 22 feb. 1934, al Departamento de Estado).

El mismo día, 22 de febrero, a las 4 de la tarde, Lane escribe una nueva comunicación al Departamento de Estado, donde dará por confirmado el asesinato del General Sandino: “Después vi al general Somoza. Me dijo que el general Sandino, su hermano Sócrates y los generales Estrada y Umanzor habían sido asesinados la noche anterior y que el yerno de Salvatierra había resultado gravemente herido en los combates frente a la casa de este último” (Lane, 22 febrero 1934, 4:00 p.m)(6).

Lane estuvo en la casa de Sofonías, vio a Sócrates muerto, no necesitaba que Somoza le confirmara nada. También vio a Rolando Murillo herido. Y aunque no dice nada sobre haber visto a Sandino, Umanzor y Estrada, hay un hecho reportado por Nicolás López Maltez en su libro publicado en 2022, que nos permite poner en duda también el supuesto desconocimiento de Lane de los asesinatos.

Dice López Maltez que el coronel Agustín Peralta Ruiz, que entonces era sargento, estaba al servicio de la seguridad de la familia del General Somoza, que vivían en una residencia dentro del campo de Marte donde llevaron los cadáveres.

Agrega: “Peralta era su hombre de confianza y fue testigo de la inspección que Somoza hizo del cadáver de Sandino y también nos lo confirmó el teniente Abelardo Cuadra Vega, que fue el fiscal que nombró Somoza para las formalidades de la investigación de la muerte de Sandino. En la inspección del cadáver en el campo de Marte, Somoza estuvo acompañado por otro individuo, un misterioso personaje que no pudieron identificar ni Peralta ni Canales ni Somarriba ni el cabo Delgado ni nadie, pero para estar presente pasada la medianoche en la casa de Somoza dentro del Campo de Marte, y con ese propósito, necesariamente tiene que haber sido un personaje de mucho peso y calibre y muy interesado en constatar la muerte de Sandino” (López Maltes, Nicolás. 2022: 372).

López Maltez propone que podría haberse tratado de “un funcionario de inteligencia de la Legación norteamericana”.

La política era asesinar a Sandino

Recordemos que en el informe de las 5 de la madrugada del 22 de febrero, Lane ha informado que buscó a Somoza García a petición del presidente Sacasa y dice que “encontré a Somoza en su casa”, lo que consolida la versión de que Somoza estaba en su casa cuando le llevaron los cadáveres de los asesinados. ¿Estuvo Lane también presente en ese momento? ¿Es él el personaje desconocido? ¿O solo estuvo el supuesto agente de inteligencia y luego le informó a Lane la verificación de la muerte de Sandino?

El 23 de febrero de 1934, el Secretario de Estado de lEEUU envía una comunicación a Lane, donde le dice: “You may in your discretion say orally to Somoza that there has been no change in the Department’s policy”. (“Usted puede a su discreción decir verbalmente a Somoza que no ha habido ningún cambio en la política del Departamento”).Respecto a Sandino la política yanke había sido clara durante siete años: asesinarlo. Respecto de Sacasa, la política era sostenerlo en el gobierno, en ese momento específico, EEUU no apoyaría un golpe de Estado a Sacasa, pues lo protegía.

Años más tarde, Anastasio Somoza García, suscribirá un libro (7), en el que intenta justificar el asesinato de Sandino. “Temprano de la noche del 21 de febrero (1934), la oficialidad de la Guardia Nacional se reunió para deliberar prontamente sobre la acción que le correspondía asumir, en su afán de preservar el orden en vista de los acontecimientos que se estaban realizando, y por acuerdo unánime, decidió dar un voto de confianza al Jefe Director, considerando el Gran Consejo de Oficiales que Sandino y sus ayudantes eran reos del delito de lesa patria, penados por los Reglamentos de la Institución (La GN)” (Somoza 1936: 564).

El libro de Somoza fue publicado en 1936, después del golpe de estado al presidente Juan Bautista Sacasa (junio de 1936), que fue el último acto planificado por el jefe de la Guardia para llegar al control total del poder político en Nicaragua e iniciar la dinastía somocista (1936-1979).

Somoza y todos los que habían participado en el crimen contra Sandino y los sandinistas habían sido perdonados por una amnistía del Congreso Nacional de Nicaragua. “Decreto por el cual se concede amplia amnistía por delitos políticos o militares o comunes conexos con ellos, cometidos en el periodo comprendido del 16 de febrero de 1933 hasta la fecha de la vigencia de esta Ley, por individuos que militaron en las fuerzas del General Augusto C. Sandino o contra ellas” (¡Que descaro!) (8).

¿Lane guiñó el ojo a Somoza? Lo que sí sabemos es que él confesó ser “un amigo” y “un consejero” Obvio que no lo fue del General Augusto C. Sandino, pero sí del asesino Somoza García. El consejero de la muerte.

(*) Historiador, Academia de Geografía e Historia de Nicaragua.

Citas Numeradas

(1). Foreign relations of the United States Diplomatic Papers, 1934. The American Republics, Volume V. The Minister in Nicaragua (Lane) to the Secretary of State. Fragmento de conversación de Mr. Arthur Liss Lane con General José María Moncada, en Managua, Nicaragua. Managua, May 4, 1934. [Received May 9.]

(2) Arthur Bliss Lane. Telegrama del ministro en Nicaragua (Lane) al secretario de Estado. Managua, 22 de febrero de 1934—5 a.m. (Recibido a las 11:20 a.m.51). Este documento original se puede leer en foreign relations of the United States Diplomatic Papers, 1934. The American Republics, Volume V.

(3). López Maltez, Nicolás. “Historia de la Guardia Nacional de Nicaragua”, tomo 1, 1925-1937. Todo lo referido al asesinato de Sandino, Nicolás lo aborda con lujo de detalles conocidos por sus investigaciones con elementos de la Guardia Nacional y protagonistas de los hechos, de la página 351 a la 380.

(4). Guido Martínez, Clemente. Historia del Asesinato del General Sandino (1926-1934). Colección Sandino Vive, historia de la permanencia viva de Sandino. Revista digital del Ministerio de Educación de Nicaragua y Alcaldía Municipal de Managua. Febrero del 2020. Pg. 18.

(5). Castillo Sandino, Walter. “¿Cómo, quiénes y por qué mataron a mi abuelo Augusto C. Sandino?”. Alcaldía de Managua. 2013. Pgs. 13 a 15.

(6). The Minister in Nicaragua (Laneto the Secretary of State Managua, February 22, 1934—4 p.m. [Received 9:40 p.m.]

(7). Somoza. A. “El Verdadero Sandino o El Calvario de las Segovias”, 1era edición, septiembre de 1936, Managua. 2da. Edición, abril de 1976, San José, Costa Rica.

(8). MINISTERIO DE LA GOBERNACION Y ANEXOS Managua, D. N., agosto 31 de1934.- Publicado en “Historia del asesinato del General Sandino 1926-1934”, Biblioteca Digital del Ministerio de Educación de Nicaragua. Colección Sandino No. 13. Página 48.

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