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Teología de la liberación en Valdivieso, Gaspar y Romero

Managua. Por Clemente Guido Martínez.

1.- “Recordemos que la iglesia es histórica, que está en camino” (San Romero)

“En esta actitud de búsqueda, recordemos que la Iglesia es histórica, que está en camino. No constituye algo hecho y determinado. No posee una manera acabada de interpretar el Evangelio, aplicable exactamente a todos las épocas y circunstancias. La Iglesia es peregrina. La Palabra de Dios es inagotable y presenta cada vez nuevos aspectos que hay que ir profundizando. La Iglesia entonces, en su forma de presentar el mensaje único del Evangelio, va evolucionando de conformidad al momento histórico que vive. Creemos en el Señor de la historia y en su Espíritu que hace siempre nuevas todas las cosas” (San Oscar Arnulfo Romero, 4ta. carta pastoral, San Salvador, 6 de agosto de 1979).

Con estas palabras define San Romero el carácter histórico de la Iglesia Católica “histórica” por “peregrina”. “Creemos en el Señor de la historia y en su Espíritu que hace siempre nuevas todas las cosas”. Y en este sentido es que podemos leer sus cartas pastorales y homilías y ponerlas en comunicación histórica con las cartas del obispo Fray Antonio de Valdivieso, después de 459 años de las emisiones entre unas y otras en sus diferentes contextos históricos.

De igual manera, podemos poner en comunicación respetuosa, sin manipulaciones ni alteraciones antojadizas, los poemas del padre Gaspar García Laviana y las cartas de ambos obispos mártires, Valdivieso (1550) y Romero (1980).

Porque yo también creo en “El Señor de la historia y en su Espíritu que hace siempre nuevas todas las cosas”, es que me atrevo desde mi cátedra de historiador y biógrafo del obispo Fray Antonio de Valdivieso, a realizar una primera aproximación del pensamiento pastoral y profético del obispo asesinado el 26 de febrero de 1550 en León de Nicaragua, y estos otros dos personajes del siglo 20, el padre Gaspar García Laviana cayó en combate en Nicaragua en diciembre de 1978, y San Romero, obispo mártir canonizado por la Iglesia Católica, quien fue asesinado el 24 de marzo de 1980 en San Salvador, El Salvador.

Respetando cada contexto histórico y cada decisión personal asumida por los protagonistas de esa historia de denuncias proféticas y compromisos cristianos hasta las últimas consecuencias, observo puntos de coincidencia teológica, pastorales, políticos y sociales en los tres personajes mencionados a través de sus cartas.

2.- El cuerpo de Cristo en la historia

San Romero plantea que la Iglesia Católica no siempre ha sido leal al Evangelio, y que por el contrario en algunos momentos de su historia ha “desfigurado” el “Cuerpo de Cristo”, porque “se ha acomodado al mundo”.

Cito: “A lo largo de su historia, la Iglesia ha realizado, con mayor o menor fortuna, ese ideal de los primeros cristianos en su seguimiento de Jesús. ha habido épocas en que la iglesia ha sido más claramente “Cuerpo de Cristo” en la historia, y épocas en que no lo ha sido tan claramente, o incluso lo ha desfigurado, porque se ha acomodado al mundo, buscando más ser servida por él que servirle a él; otras veces ha querido servir realmente al mundo. Y en esas ocasiones ha experimentado como su Fundador, el rechazo del mundo de pecado y aún la persecución” (San Romero, “La Iglesia, cuerpo de Cristo en la historia”, segunda carta pastoral, 6 de agosto de 1977, Monseñor Oscar Arnulfo Romero sus cartas pastorales).

432 años antes, Fray Antonio de Valdivieso había expresado su propia crítica a los abusos que se cometen contra los indígenas, que conllevan la difamación y aborrecimiento del nombre de Jesucristo entre todas las comunidades indígenas.

Dice Fray Antonio: “Mire V. A. que estos nativos encuentran muy poco amparo en esta Real Audiencia, y los prelados poca ayuda para defenderlos o para cualquier otra cosa que tenga que ver con ellos, y están obligados de ayudarlos, ya que los abusos que en estas partes se cometen contra estos miserables son para corromper a todo el mundo. y para infamar y hacer aborrecible el nombre de Jesucristo entre todas las gentes, pues no hay nación que haya sido tan engañada como en este caso, ya que del mayor bien del mundo han sacado el mayor mal del mundo” (Fray Antonio de Valdivieso, 15 de julio de 1545. Día de la Santísima Trinidad, en la ciudad de Gracias a Dios, Honduras).

Y por su parte, el padre Gaspar denuncia “las heridas de mi pueblo” y el gemido nocturno de este pueblo (“mi pueblo gime en la noche”), y en uno de sus poemas titulado expresamente “La iglesia”, la acusa de haberse “acomodado” a los ricos, dando la espalda a los pobres y dividiendo además a la misma iglesia.

“Como nicaragüense adoptivo que soy, como sacerdote, he visto en carne viva las heridas de mi pueblo; he visto la explotación inicua del campesino, aplastado bajo la bota de los terratenientes protegidos por la Guardia Nacional, instrumento de injusticia y represión; he visto como unos pocos se enriquecen obscenamente a la sombra de la dictadura somocista; he sido testigo del inmundo tráfico carnal a que se somete a las jóvenes humildes, entregadas a la prostitución por los poderosos; y he tocado con mis manos la vileza, el escarnio, el engaño, el latrocinio representado por el dominio de la familia Somoza en el poder. La corrupción, la represión inmisericorde, han estado sordas a las palabras y seguirán estando sordas, mientras mi pueblo gime en la noche cerrada de las bayonetas y mis hermanos padecen tortura y cárcel por reclamar lo que es suyo: un país libre y justo, del que el robo y el asesinato desaparezcan para siempre” (Gaspar García Laviana, 25 de diciembre de 1977).

Valdivieso denuncia que los abusos infaman y hacen aborrecible el nombre de Jesucristo; San Romero acusa a la misma Iglesia de “desfigurar” el Cuerpo de Cristo con su falta de compromiso con los pobres y Gaspar acusa a un sector importante de la Iglesia de haberse “acomodado” con los ricos de Nicaragua, y muy especialmente con la familia Somoza. Un mismo mensaje en tres contextos diferentes, pero bajo la inspiración del mismo Espíritu.

La iglesia

También tú Iglesia Secular,
eres cliente de nuestro socialismo
porque tienes que empezar a practicar
el cristianismo.
Cristo rechazó la riqueza,
pero tú buscas a los ricos
y tienes la pobreza
como un mito.
Recuerda que Cristo vivió la igualdad
que nosotros practicamos
y tú siembras la desigualdad
en los cristianos

(Poema del padre Gaspar García Laviana, Biblioteca Digital No. 217,16 de diciembre de 2021, Alcaldía de Managua).

3.- La iglesia defensora de los derechos de los pobres

“A la iglesia le compete recoger todo lo que de humano haya en la causa y lucha del pueblo, sobre todo de los pobres La Iglesia se identifica con la causa de los pobres cuando éstos exigen sus legítimos derechos. En nuestro país, en la mayoría de los casos, son apenas sólo derechos a la supervivencia, a salir de la miseria” (San Romero, Tercera Carta Pastoral de Monseñor Oscar A. Romero. Arzobispo de San Salvador y primera de Monseñor Arturo Rivera Damas, obispo de Santiago de María, San Salvador, 6 de agosto de 1978, fiesta de la transfiguración de nuestro Señor, pg. 62).

Esa definición del compromiso de la Iglesia con los pobres y oprimidos de las sociedades, no solo en El Salvador, sino en América Indohispana, es definida por San Romero en sus cartas pastorales de una manera inequívoca, y agregará:

“La Iglesia, pues, traicionaría su mismo amor a Dios, y su fidelidad al Evangelio si dejara de ser “Voz de los que no tienen voz”, defensora de los derechos de los pobres, animadora de todo anhelo justo de liberación, orientadora, potenciadora y humanizadora de toda lucha legítima por conseguir una sociedad más justa que prepara el camino al verdadero Reino de Dios en la historia. Esto exige a la iglesia una mayor inserción entre los pobres, con quienes debe solidarizarse hasta en sus riesgos y en su destino de persecución, dispuesta a dar el máximo testimonio de amor por defender y promover a quienes Jesús amó con preferencia” (San Romero. Cuarta carta pastoral, de Monseñor Oscar A. Romero, Arzobispo de San Salvador. 6 de agosto de 1979, fiesta del Divino Salvador, patrono de San Salvador, pág.100).

San Romero, igual que lo hizo en 1550 Fray Antonio, anuncia que una Iglesia que se identifica con los pobres y oprimidos, lógicamente (en la lógica de la cruz de Cristo), correrá los mismos riesgos de ellos, y será perseguida e incluso esta iglesia debe estar dispuesta a llegar a las últimas consecuencias, “a dar el máximo testimonio de amor”. Para ser más claros, dar la vida por los pobres y oprimidos. Esa es la consecuencia que conlleva un evangelio que se vive desde esta perspectiva pastoral y teológica liberadora.

Los obispos Valdivieso y De las Casas en 1545, habían definido este compromiso con sus propias palabras, que al compararlas con las de nuestro obispo Mártir San Romero, se asemejan (claro está, en contextos diferentísimos) al punto de parecer partes de una misma carta pastoral en el tiempo.

Dice Valdivieso y de las Casas: “Parece consecuencia lógica y así es sin ninguna duda de hecho o de derecho, que las gentes indianas están todas bajo la protección y amparo de la iglesia, todas y especialísimamente, y que pertenece al juicio eclesiástico conocer y determinar sus causas, y hacer que se les haga justicia, defender sus vidas y libertad de todas y cualesquiera personas, deshacer sus agravios, quitarles sus opresiones, liberarlos de las violencias y tiranías que cada día padecen, y del furor y ceguera de los que los afligen, oprimen y destruyen, y de su condición infernal y ambición. Todo esto debe hacerlo como a personas misérrimas, paupérrimas, impotentísimas para defenderse, desoladísimas de todo consuelo, auxilio, influencia y socorro, desamparadas y abandonadas sin comparación posible” (De las Casas, y Valdivieso, 19 de octubre 1545, Ciudad de Dios, Honduras. En el encabezado de la carta también aparece Fray Francisco de Marroquín, obispo de Guatemala, pero no la firma).

“Liberarlos de las violencias y tiranías que cada día padecen, y del furor y ceguera de los que los afligen, oprimen y destruyen”, es para los obispos Lascasianos parte integral del ser cristiano en su tiempo y contexto, nada diferente de lo que plantea San Romero en San Salvador 430 años después.

Por su parte, el padre Gaspar con su poesía nos ilustró su pensamiento sobre el compromiso cristianos con los oprimidos en Nicaragua bajo el yugo del somocismo. Veamos:

La muerte del indio

Se moría José Pérez
vestido con hambre diaria.
El me miraba a los ojos
y yo le miraba el alma,
yo le hablaba en el oído
y él me gritaba al alma,
él me cogía la mano
y yo le entregaba el alma.
Se moría José Pérez
vestido con hambre diaria.
A él le dolía el cuerpo
a mí me dolía el alma,
a mí se iba el llanto
a él se le iba el alma,
a él le moría el cuerpo
a mí me moría el alma.
Cuando murió José Pérez
el hambre fue su mortaja.

Victoria

A morir,
a morir guerrillero,
que para subir al cielo,
hay que morir primero.

Un dia

Cuando ganemos la paz
escribiré cosas bellas,
por ahora
me domina tu infortunio,
campesino.
Me dominas mansamente
con la delgadez hambrienta
de tu carne maltratada. (Gaspar).

F.S.L.N.

Somos guaría tropical
recia
delicada
pura
Somos la Flor Nacional
de Nicaragua.
Somos la cara final
exacta
justa
completa
Somos la hora cabal
de Nicaragua
Somos la liberación

4.- Función del obispo y de la iglesia

Valdivieso: el obispo es para remediar las opresiones que se hacen a sus ovejas. Valdivieso denunciará en su momento que a los católicos que además son opresores de los pobres, no les interesas una Iglesia (un obispo y sacerdotes) que le prediquen a la conciencia para sus conversiones, menos que les abran juicios de inquisición por sus conductas corruptas y asesinas, sino que solamente quieren estos oficios para cumplir con sus compromisos católicos tradicionales religiosos y rituales, nada más.

“Sin embargo, me encuentro con que no puedo conseguir mi propósito, pues en lo espiritual la jurisdicción episcopal está tan oprimida en esta provincia, y tan desfavorecida en la Audiencia que no se la puede usar; ni puede el prelado castigar vicios, ni le dejan, aunque la tierra está llena de ellos. Ni puede fundar virtudes, ni buenas costumbres que tan necesarias son en la nueva Iglesia. Ni quieren prelado para otra cosa sino para que les diga misa y les predique, pero esto a su sabor, Y para que los ayude a engañar a su Rey a ser traidores” (CS Tomo XI. págs. 425-432).

Valdivieso define con claridad su misión episcopal; “el obispo no es sólo para tener mitra y renta, sino para usar jurisdicción, corregir vicios y fundar virtudes, y remediar las opresiones que se hacen a sus ovejas” (8 marzo 1546)

Romero: «La misión de la Iglesia es identificarse con los pobres». Por su parte, 430 años después, San Romero definirá la misión del obispo y de su Iglesia de la misma manera, solo que con palabras del siglo XX. Dice así:

“Las profundas diferencias sociales, la extrema pobreza y la violación de derechos humanos que se dan en muchas partes, son retos a la evangelización. Nuestra misión de llevar a Dios a los hombres y los hombres a Dios, implica también construir, entre ellos, una sociedad más fraterna”. (San Romero, cuarta carta pastoral, 1979).

Para Gaspar la misión de la Iglesia en un contexto de tiranía como la que tuvo que enfrentar él y los nicaragüenses durante cuarenta años desde 1936, hasta la caída del régimen somocista en 1979, es sencillo: “El somocismo es pecado, y librarnos de la opresión es librarnos del pecado. Y con el fusil en la mano, lleno de fe y lleno de amor por mi pueblo nicaragüense, he de combatir hasta mi último aliento por el advenimiento del reino de la justicia en nuestra patria, ese reino de la justicia que el Mesías nos anunció bajo la luz de la estrella de Belén” (Gaspar, 25 de diciembre de 1977).

5.- Conocer el rostro de sus ovejas

Los tres protagonistas de este artículo conocían el rostro de sus “ovejas”, cada uno desde su propia realidad histórica:

Valdivieso: Conoció la realidad en la que le tocó ejercer el ministerio episcopal, porque fue un obispo visitador de su diócesis, según él mismo da testimonio en su última carta conocida hasta ahora, con fecha noviembre de 1547. “Al presente ando visitando mi obispado, y ya tengo visitada la mayor parte de él. Visito cada ánimos por sí, para conocer el rostro de mis ovejas” (José Álvarez Lobo, o.p. 1992, pág. 165, Editorial Lascasiana, Costa Rica).

“Conocer el rostro de mis ovejas”, fue determinante para que Valdivieso se comprometiera con ellos al punto de llegar a dar su propia vida.

San Romero: “La situación de nuestra extrema pobreza generalizada adquiere, en vida real, rostros muy concretosen los que deberíamos reconocer los rasgos sufrientes de Cristo, el Señor, que nos cuestiona e interpela”. Según San Romero, estos rostros interpeladores son los rostros de “niños golpeados por la pobreza desde antes de nacer”; rostros de jóvenes desorientados por no encontrar su lugar en la sociedad; rostros de campesinos relegados, privados de tierra; rostros de obreros mal pagados; rostros de desempleados y subempleados; rostros de marginados y hacinados urbanos; rostros de ancianos (Catequesis Monseñor Romero, Volúmen 1. Arzobispado de San Salvador, sin fecha post-canonización San Romero).

Gaspar: “Él me miraba a los ojos y yo le miraba el alma”. Este verso del poema de Gaspar referido al campesino, es otra forma de “conocer el rostro” de sus ovejas. Cara a cara, “él me miraba a los ojos”, buscando su alma y Gaspar “le miraba el alma”, su rostro oculto, el rostro del oprimido, y esto trae compromisos evangelizadores.

Conocer el rostro de sus ovejas fue determinante para llegar hasta las últimas consecuencias.

6.- Conclusiones

Tres personajes cristianos de diferentes contextos y épocas, pero un mismo Espíritu frente a la opresión de los más pobres y desposeídos en la sociedad donde les tocó vivir, un mismo objetivo espiritual-humanista: La liberación de los oprimidos.

Eran hombres ordinarios los tres, pero estaban comprometidos hasta las últimas consecuencias, y fueron asesinados no por ignorar lo que podía suceder con sus vidas, sino a pesar de que sabían que podía suceder. Y en esto está sus grandezas: Valdivieso, un obispo mártir. Gaspar, un sacerdote guerrillero asesinado por amor, y San Romero, un profeta canonizado por la Iglesia Católica. Tres vidas, tres compromisos, tres martirios, pero una sola causa, el prójimo más pobre, el oprimido, por amor a Jesús.

Ninguno tuvo duda de su misión pastoral, teológica y social. Una misión plenamente identificada con la liberación, lo cual resulta absolutamente evangelizador.

“El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar el evangelio a los pobres. Me ha enviado para proclamar libertad a los cautivos, y la recuperación de la vista a los ciegos; para poner en libertad a los oprimidos”.(Evangelio de San Lucas, 4:18). Feliz tiempo de adviento.

43 Aniversario

Radio Segovia, La Poderosa del Norte.

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