Managua. Por Rosario Murillo, Vicepresidenta de Nicaragua.

¡Qué mundo el que nos toca habitar! ¡Qué mundo el que nos toca cambiar! ¡Qué mundo el que nos lanza día a día a celebrar la vida en medio de tanta mortandad!
Porque creemos en la vida, porque tenemos fe, porque tenemos esperanza, porque sabemos que un mundo mejor debe construirse y no solo es posible, es imprescindible. Un mundo mejor desde estas horas aciagas de lucha por la humanidad.
Porque es una lucha por ser y vivir como seres humanos. Esa es la lucha que libramos todos los días: por saber reconocer dónde fallamos como humanidad la hora de dotarnos cada uno de nosotros del deber, de la responsabilidad como parte de la comunidad que llamamos humana, de la familia humana, de defender el derecho de todos a vivir precisamente como seres humanos.
¡Cuánto se ha hablado del dolor de todos los días, que todos los días se ensaña en tantas familias, en tantas partes del mundo!
¡Cuánto se ha hablado del dolor y de los derechos que se niegan generando más dolor y más sufrimiento, muerte, tragedia a tantos seres humanos en tantas partes del mundo!
¡Cuánto se ha hablado y no se resuelve!
¡Cuántas décadas de penuria obligada, de ocupación! Porque esa es la palabra cuando las potencias y otros en nombre de las potencias ocupan y convierten los territorios y las familias que ahí viven en campos de concentración.
¡Cuánto se habla y cuánto tardamos en cambiar, en exigir el cambio! Resoluciones van, resoluciones vienen y el mundo sigue igual. Y la vida, como la canción famosa de Julio Iglesias, sigue igual desgraciadamente para tantas familias que sufren.
¡Cuánta violencia, cuánto conflicto, cuánta tragedia, cuánto heroísmo, todos juntos!
Cada día nos toca vivir el compromiso de contribuir, aunque sea con un granito de arena, a cambiar este mundo de injusticia, convulsionado por la injusticia, por la sordera, por la negativa a reconocer los derechos de todos, a tratarnos como hermanos, como prójimos.
¡Cuánta sordera, cuánta ceguera, cuánta inacción, cuánta muerte cargada, que se carga en la conciencia!
Hoy que conmemoramos los 56 años de la heroica partida del Che decimos –repetimos– que nuestra obligación es sentir el dolor que siente cualquier ser humano en cualquier parte del mundo y no solo sentirlo, también contribuir a cambiar esta manera de transitar por un mundo inhóspito e injusto. Cambiar el mundo y cambiar la manera de caminar en el mundo y ver, oír, sentir y vivir con corazón no solo es posible: es nuestro deber como seres humanos, como humanidad.

Hace 56 años el Che Guevara nos dejaba la responsabilidad, el deber de ser heroicos todos los días, contribuyendo con nuestro caminar a las transformaciones indispensables en el mundo y en cada uno de nosotros. Construir la mujer, el hombre nuevos. ¡Qué fácil es decirlo, qué difícil es vivirlo! Y de verdad ser nosotros mismos, como decía Gandhi, el cambio que queremos ver el mundo cada uno de nosotros”.
Desde esta Nicaragua heroica, digna, soberana, luchadora, nuestra solidaridad, cariño, respeto con las familias que sufren en el mundo entero y sobre todo nuestra solidaridad, amor, cariño, respeto con las familias que están sufriendo como consecuencia de un conflicto que ahí está, uno más de las Naciones Unidas que no hacen nada, se pronuncian, acuerdan, se firma y nada pasa.
Nuestra solidaridad, nuestro cariño, nuestro amor, nuestro compromiso de contribuir con solidaridad, respeto, cariño, amor, con todos estos seres humanos, como cada uno de nosotros, madres, abuelas, jóvenes, varones, mujeres, todos los que sufren y todas las vidas que han sido dilapidadas por la sordera, por hacernos los que ni vemos, ni oímos, ni podemos, con orejas de pescado decían los niños aquí.
¡Cuántas vidas dilapidadas, cuánta traición! ¡Traicionada tanta sangre de seres humanos, de familias inocentes y seguir tan campantes como los anuncios de algún licor, tan campantes, caminando como si no pasa nada!
Esta es una de las tragedias de este mundo. Nos hemos acostumbrado tanto al dolor y a la desgracia que nos hacemos ciegos, sordos, mudos y hasta incompetentes para actuar con espíritu, con sensibilidad, con inteligencia y con amor.
Desde esta Nicaragua –reitero– siempre de esperanza y de amor, nos pronunciamos y decimos ¡basta ya de víctimas y dolor en cualquier parte!
Seamos como el Che. Seamos capaces de sentir el sufrimiento, el dolor y también de ver y admirar el heroísmo en cualquier parte del mundo.
(*) Extractos de su intervención del mediodía del lunes 9 de octubre, a través de Multinoticias, Canal 4 de Televisión.