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Razones yanquis para ordenar el asesinato de Sandino

Managua. Por Clemente Guido Martínez (*), Radio La Primerísima.

Razones yanquis para ordenar el asesinato de Sandino Managua. Por Clemente Guido Martínez (*), Radio La Primerísima.

El asesinato del General Augusto C. Sandino el 21 de febrero de 1934 en Managua, a manos de efectivos de la Guardia Nacional, con la anuencia solapada del “consejero” y amigo de Anastasio Somoza García, el embajador Arthur Bliss Lane, fue un “necesario” ajuste de cuentas motivado por la venganza y por las nuevas políticas financieras internacionales del presidente Franklin Delano Roosevelt, denominadas “New Deal”, combinadas con las ambiciones personales de quien fundaría una dictadura dinástica de cuatro décadas en Nicaragua.

Bliss Lane había asumido su ministerio diplomático el 7 de diciembre de 1933, ante la presidencia del doctor Juan Bautista Sacasa, quien había sido envestido con la banda presidencial en enero de 1933. Somoza García había sido designado jefe de la Guardia Nacional impuesto por los marines norteamericanos en enero de 1933.

Durante ese mismo año, el General Sandino había tenido que viajar a Managua en tres ocasiones, primero para firmar la paz con Sacasa y luego para discutir acciones de la Guardia Nacional que perturbaban la paz de los sandinistas reconcentrados en la cooperativa agrícola de Wiwilí, donde cien hombres armados se dedicaban a la agricultura en paz. En febrero de 1934, realizó su cuarto viaje, el fatídico, donde encontró la muerte por traición.

Apenas tres meses después de la presentación de cartas diplomáticas por el embajador Lane, se perpetra el asesinato del General Sandino. A las 6 de la tarde del 21 de febrero, Somoza y Lane se reunieron en la embajada americana en Managua, y cuatro horas después se iniciaba el magnicidio de Sandino con sus generales Juan Pablo Umanzor y Francisco Estrada, además de su hermano Sócrates Sandino. El embajador negó públicamente haber tenido nada que ver con la orden de asesinar a Sandino, pero los hechos sucedidos esa noche, dejan muchas dudas de que tal afirmación sea sostenible.

La más lógica y elemental causa del Gobierno de EEUU para asesinar o promover el asesinato del General Augusto C. Sandino, es la venganza por la muerte en combate de los marines norteamericanos caídos en la guerra contra el patriota nicaragüense. Para EEUU la derrota de los marines era imperdonable.

Las razones yanquis

El 14 de junio de 1934, Lane –aparentemente molesto por los persistentes “rumores” de que él y su gobierno estuvieron directamente vinculados por el asesinato de Sandino– explica que una de las causas de estos “rumores” era “el sentimiento de que la eliminación de Sandino, contra quien habían luchado nuestras fuerzas armadas, contaba con la aprobación de los Estados Unidos” (Lane, Oficina de Historia, Dpto. Estado EE. UU. 1952, No 273)

Sobre la muerte del general Sandino se ha escrito bastante y desde diferentes ángulos. Sin embargo, es importante revisar el contexto internacional en que se dio este trágico suceso, lo que ayuda a comprender mejor “las causas” que motivaron al gobierno norteamericano a –por lo menos– “dejar” que sucediera el hecho.

Sin embargo, para la opinión pública internacional desde 1934 hasta la fecha, tal magnicidio no se hubiera perpetrado sin el consentimiento del “amigo” de Somoza García, el embajador Arthur Bliss Lane, y él no lo hubiera permitido sin el consentimiento del Departamento de Estado del gobierno del presidente Franklin Delano Roosevelt.

¿Cuál fue ese contexto internacional? Es un mismo hecho notorio, dividido en dos planos diferentes pero concatenados. El gobierno de Roosevelt necesitaba controlar y mantener “estable” políticamente a Centroamérica para desarrollar su política de recuperación económica financiera denominada “New Deal”. Eso implicaba un necesario reconocimiento de todos los gobiernos de Centro América, incluyendo el del general golpista Maximiliano Hernández Martínez de El Salvador y evitar a toda costa que se dieran nuevos golpes de estado en los demás países centroamericanos. Roosevelt deseaba establecer acuerdos comerciales bilaterales entre EEUU y cada uno de los países del istmo centroamericano.

En 1934, Roosevelt emprendió dos iniciativas económicas relacionadas con los países del mundo, entre ellos los centroamericanos. La primera fue la creación de un Banco de Exportaciones e Importaciones que inició con un perfil de relaciones comerciales con la Unión Soviética, luego con Cuba y finalizó fusionándose y ampliándose a numerosos países del mundo, entre los cuales estaba Nicaragua, según documento informativo de la Oficina de Historia del Departamento de Estado.

La segunda iniciativa de Roosevelt fue la Ley de Acuerdos Comerciales Recíprocos (RTAA, por sus siglas en inglés). En marzo de 1934, al proclamar “que una recuperación interna completa y permanente depende en parte de un comercio internacional revivido y fortalecido”, Roosevelt pidió al Congreso autoridad para negociar acuerdos comerciales basados ​​en reducciones arancelarias recíprocas con otros países. La RTAA, promulgada el 12 de junio de 1934, representó un cambio fundamental en la política comercial estadounidense” (Oficina de Historia, Dpto. Estado EE. UU. 1952.)

En Centroamérica desde 1923 había un tratado suscrito entre los gobiernos centroamericanos que había sido reconocido por EEUU y en el cual se basaban las relaciones comerciales y diplomáticas en general con todos los Estados Centroamericanos. Este Tratado de 1923 no reconocía gobiernos producto de golpes de Estado. Sin embargo, aunque se le aplicó al golpista General Emiliano Chamorro en 1926, no se le aplicó a su sucesor (no electo, sino de facto), Adolfo Díaz en 1927-1928, prevaleciendo el pacto del Espino Negro por sobre la Constitución y el Tratado de 1923.

El presidente Juan Bautista Sacasa, fue apoyado por EEUU para que sirviera de comunicador y gestor del reconocimiento internacional de Maximiliano Hernández Martínez de El Salvador, logrando tal objetivo el 26 de enero de 1934, casi un mes antes del asesinato del General Sandino. Logrado este reconocimiento, Sacasa continuó con la promoción de una reunión de gobernantes del istmo para crear un nuevo acuerdo internacional que modificara el de 1923, y permitir que la modificación abriera puertas a la firma de acuerdos bilaterales entre EEUU y cada país, impulsando de esta manera la política financiera “New Deal”.

Sandino estorbaba planes yanquis

Sin embargo, un factor determinante que también necesitaba EEUU para lograr su plan financiero, era inequívocamente la estabilidad política de la región. Desde un punto de vista racional, Nicaragua gozaba de estabilidad en 1933, pues Sandino y Sacasa habían suscrito la paz en febrero de ese año.

En 1934 ya había transcurrido un año de esa firma y la paz continuaba, pero para la Guardia Nacional y para el mismo EEUU, la presencia de Sandino era una espina clavada en la garganta porque no solamente cuestionaba la constitucionalidad de la Guardia Nacional creada por los marinos yanquis, sino que desde agosto de 1928 había propuesto una solución distinta a la que planteaba el imperialismo:

Somos noventa millones de hispanoamericanos y sólo debemos pensar en nuestra unificación y comprender que el imperialismo yanque es el más brutal enemigo que nos amenaza y el único que está propuesto a terminar por medio de la conquista con nuestro honor racial y con la libertad de nuestros pueblos” (A. C. Sandino, El Chipotón, 4 de agosto de 1928, Nicaragua, Carta a los Gobernantes de América).

Luego, el 20 de marzo de 1929, Sandino avanza más allá de lo que había propuesto en 1928, y alzará su voz promulgando el “Plan de Realización del Supremo Sueño de Bolívar”, que consiste en la unidad de los pueblos latinoamericanos frente al imperialismo norteamericano. “Para lograrlo, nada más lógico, nada más decisivo ni vital, que la fusión de los veintiún Estados de nuestra América en una sola y única nacionalidad latinoamericana“.

EEUU necesitaba garantizar que el rebelde de las Segovias no fuese a tomar el poder en Nicaragua por la vía electoral o por medio de arreglos políticos con Sacasa. Pero a inicios de 1934, “desafortunadamente” para el imperialismo, Sacasa nombró a un hombre de confianza del General Sandino como jefe político del departamento de Las Segovias, lo que para Somoza, la Guardia y la Embajada, significó una creciente influencia política y militar de Sandino en el gobierno de Sacasa.

Por otro lado, Somoza García, necesitaba eliminar a Sandino porque obviamente era la única persona con capacidad moral y militar para enfrentarlo no solo en el campo político sino en el campo militar, y mientras Sandino tuviera armas y hombres dispuestos a la batalla en Las Segovias, esta realidad “amenazaba” a Somoza en sus ambiciosos planes personales de tomar el poder en Nicaragua.

“La Paz” que necesitaba el Imperio estadounidense y “la paz” que necesitaba Somoza García y la GN, pasaban por la “eliminación” del General Sandino y del sandinismo en general.

Los yanquis para poder implementar sin sobresaltos el plan financiero de Roosevelt en Nicaragua, necesitaban “eliminar” a Sandino y respaldar a Sacasa porque había demostrado incondicionalidad a sus mandatos. Somoza García lo necesitaba para poder desarrollar su plan personal de acceso al poder, usando la fuerza militar si fuese necesario, pero sin oposición militar significativa como la que podría oponerle Sandino y sus hombres armados en Las Segovias.

La muerte de Sandino garantizaba a EEUU que sus ideas no se siguieran diseminando a nivel internacional, porque eran contrarias y opuestas radicalmente a las ideas de los gobernantes yanquis. El jefe de la Guardia Nacional no era ajeno a este pensamiento. Veía a Sandino como una amenaza real para su poder militar y un obstáculo real para la toma del poder político. Somoza temía más a Sandino que al General Emiliano Chamorro, líder de las fuerzas conservadoras, con quien Somoza pactó para lograr su amnistía plena por el asesinato del General.

A las seis de la tarde del 21 de febrero de 1934, Somoza y Lane, sostuvieron su segunda reunión del día, pues la primera había sido temprano en la mañana. El jefe de la Guardia habría asegurado a su estado mayor que Lane había dado el necesario “guiño de ojo” para poder proceder contra Sandino. Pasadas las 10 de la noche de ese día, Sandino fue asesinado junto a sus generales Juan Pablo Umanzor y Francisco Estrada, y cerca, cae en combate su hermano Sócrates.

El equívoco de Somoza y la Guardia Nacional consistió en pensar que, con el asesinato de Sandino y sus generales, la historia terminaba. No fue así. La permanencia viva de Sandino por medio de los remanentes del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional (EDSNN), y la creación por Carlos Fonseca y varios jóvenes revolucionarios, del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), fueron la prueba irrefutable de que Sandino trascendió su tiempo aquel 21 de febrero de 1934. La historia continuó en una contradicción irreconciliable entre la GN y el FSLN, hasta la derrota definitiva de la Guardia Nacional el 19 de julio de 1979.

¡Sandino vive, la lucha sigue!

(*) Vicepresidente de la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua.

43 Aniversario

Radio Segovia, La Poderosa del Norte.

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