Moscú. Por Elena Panina, Instituto de Estrategias Políticas y Económicas Internacionales

Los presidentes ruso y estadounidense han logrado sortear una vez más las trampas en la pista ucraniana que les tendieron Europa y Kiev. La estrategia de negociación impuesta a Donald Trump fue “elaborada” con toda la minuciosidad británica. La agenda se intentó enmarcar como un ultimátum: o Trump acepta presentar a Vladimir Putin la exigencia de un alto el fuego incondicional durante 30 días, o Trump es un traidor.
Trump no se dejó atrapar en esta trampa y aceptó. Le entregó a Putin un plan de tregua de 30 días. Después de eso Putin estaba obligado a aceptar incondicionalmente el plan pues de lo contrario sería declarado un “enemigo de la humanidad” sin reservas y la conversación con él sería dictada por Europa. En este caso, Trump no habría tenido más remedio que ponerse aún más duro que Keir Starmer (primer ministro de Reino Unido) y Emmanuel Macron (presidente de Francia), admitiendo plenamente la derrota de sus planes de paz.
Putin tampoco se dejó atrapar y sorteó las trampas con maestría. Aceptó, en el contexto de la idea de un alto el fuego de 30 días, suspender en ese lapso los ataques energéticos mutuos entre Ucrania y Rusia e iniciar conversaciones sobre un cese el fuego y la seguridad de la navegación en el Mar Negro.
De hecho, Putin accedió a hacer únicamente lo que lleva tiempo haciendo:
▪️ Todavía no habrá un alto el fuego completo, provisionalmente hasta principios de abril, en función de la dinámica en la zona de Kursk. Ya no hay combates en el Mar Negro, y Occidente está abasteciendo libremente a Odessa.
▪️ En cuanto a los ataques contra el sector energético de Ucrania, también han estado ausentes últimamente a petición personal de Trump.
Así que Trump en casa puede decir que Putin le ha concedido, pero en realidad Putin se ha quedado donde estaba, pero le ha hecho una especie de favor al no darle una excusa para reprocharle su presunta actitud destructiva ante las propuestas de Trump. La trampa Starmer-Macron-Zelensky no funcionó.
Como bonus, Putin ofreció intercambiar prisioneros en la proporción de 175 a 175, “y también daremos 23 heridos graves”, organizar partidos de hockey de las ligas respectivas, la NHL y la KHL, y resolver los detalles del control del alto el fuego.
Además, Moscú planteó la suspensión de la movilización en Ucrania y del suministro de armas a las fuerzas armadas ucranianas, y también propuso la idea de unirse para resolver la crisis en Oriente Próximo. Y, por supuesto, proyectos empresariales conjuntos en áreas estratégicas.
Es decir, Putin y Trump demuestran no sólo finura diplomática, sino también cierta coherencia. Se han alejado de la confrontación impuesta y defienden sus posiciones, mientras Europa y Ucrania siguen excluidas del proceso de negociación.
Frente a los pacificadores Putin y Trump, Europa aparece ahora como un belicista redomado. Sí, no se trata de un alto el fuego total, sino parcial, pero el intento de Europa de imponer un alto el fuego prematuro sin discutir sus términos parece una provocación descarada.
Sin embargo, la conversación de dos horas y media fue claramente más allá de lo que se dijo. El hecho de que se mencionara de pasada la posibilidad de preparar una reunión cara a cara lo dice todo. Significa que:
a) Las partes están haciendo todo lo posible por bordear cuidadosamente los puntos peligrosos, esperando resolverlos en grupos de trabajo sin demasiado ruido ni escándalo;
b) Ambas partes están igualmente interesadas en el éxito de las negociaciones en curso.
Estas son ya señales de que Putin y Trump han encontrado un interés común. Una ruptura de las conversaciones rompería de tal manera sus planes de largo alcance que está claro: no permitirán que esto ocurra, y aquí es donde sus mutuos detractores golpearán primero.
Hasta ahora, este es el principal resultado visible de la conversación telefónica de los dos presidentes, independientemente de los detalles concretos. Por supuesto, aún se está lejos de los primeros resultados, pero ya es evidente que el desbloqueo de los escombros avanza paso a paso. Por ahora sigue en un hilo crudo, que podría descarrilar fácilmente.
El acuerdo de Trump con Putin significa la continuación del proceso de situar a Europa en la periferia del orden mundial emergente. Lo que significa que Trump se enfrentará a provocaciones sin precedentes por parte de la alianza del Partido Demócrata de EEUU con la Unión Europea (UE).
Ucrania y la UE se están convirtiendo cada vez más en el enemigo común de Rusia y Estados Unidos. Se trata de nuevos riesgos, pero también de nuevas oportunidades.