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Petro: un año de mentiras, enredos mafiosos y demagogia

Bogotá. Por Gearóid Ó Loingsigh (*), elsalmon.com.co

Petro: un año de mentiras, enredos mafiosos y demagogia Bogotá. Por Gearóid Ó Loingsigh (*), elsalmon.com.co

El gobierno de Gustavo Petro ya cumplió un año en que prometió mucho, cumplió algunas cosas y cambió muchas otras, sobre todo sus propias posturas frente a ciertos temas.

Antes de repasarlo, debemos aclarar que el gobierno del Pacto Histórico (PH) no es el primer gobierno de izquierda en Colombia: el país aún lo está esperando. Petro es un reencauche del liberalismo al estilo de Ernesto Samper. Aun así, vale la pena mirar a sus propuestas y lo que hizo en este año porque, a diferencia de Samper, sí generó mucha esperanza entre la gente.

Es generalmente aceptado que Petro no habría llegado a ser elegido presidente si no fuera por la gran revuelta popular que comenzó el 28 de abril de 2021, levantamiento que costó la vida de más de 80 jóvenes. No sabemos con exactitud el número de muertos y desaparecidos y mucho menos el número de jóvenes violadas y abusadas sexualmente por la Policía como política de represión. Hasta el número de presos políticos está en disputa, no por la cantidad de detenidos sino porque desde la Fiscalía, la prensa y sectores del PH hay quienes quieren quitar motivaciones políticas a los jóvenes detenidos y tildarlos de simples criminales y vándalos, esta última palabra se recubrió de gloria en esas protestas.

Así no es sorprendente que Petro –igual que Boric en Chile– no liberara a los presos políticos de la revuelta. Hizo algunos intentos tibios de sacar un puñado de ellos, pero ni de lejos todos. Siguen presos, a pesar que debe la victoria electoral a su lucha y las acciones que los llevaron a parar en la cárcel. Es quizás el incumplimiento más simbólico, porque dice “sacrifíquense, pero no esperen nada de mí, ni siquiera cuando les debo todo”.

Petro se defiende diciendo que no es decisión de él liberar o encarcelar a nadie. La semana pasada declaró: “Aún hoy muchos jóvenes están presos, me echan la culpa de ello, como si yo encarcelara o pudiera liberar. Entes al interior del Estado, personas al interior del Estado han decidido que esos jóvenes no salgan libres. No porque sean terroristas, porque ¿a quién se le ocurre decir que manifestarse es terrorismo, sino al dictador, sino al fascista? No, porque quieren castigar el que la juventud se rebele”.

Puede que algunos crean que tenga razón en un sentido técnico, es decir, que son la Fiscalía y los jueces quienes encarcelan (o liberan presos). Pero es ignorar la realidad. Él mismo descalificó a los que llamaban vándalos a los manifestantes durante las protestas y desde que asumió la presidencia, ni Petro ni su PH son las cabezas visibles de iniciativas para liberar a los presos. Se lavaron las manos.

Ni siquiera desmontó el Escuadrón Móvil Antidisturbios (ESMAD). A diferencia de otras propuestas ni siquiera lo intentó. Cambió el nombre y prometió un par de cursos en derechos humanos para los integrantes, como si el problema fuera su inasistencia a un curso o dos, dictados por alguna ONG, y no un problema de fondo. El ESMAD es una unidad que asesinó a muchos jóvenes. Es una corporación cuyo nombre es sinónimo de violencia, tortura, abuso sexual y asesinato. Un cambio de nombre no lava la sangre.

“En resumidas cuentas, la promesa de acabar con el ESMAD fue un saludo a la bandera durante la campaña presidencial. No se llevará a cabo y el gobierno incumplirá una promesa a los jóvenes que le dieron el poder al presidente, con la existencia de un cuerpo de contención violento como este, las tentaciones de infiltrar las marchas para justificar confrontaciones con los pelaos seguirán siendo paisaje”, escribió en octubre pasado Miguel Ángel Rubio Ospina, de la Fundación Paz y Reconciliación.

En materia económica, el PH prometió mucho cuando hacía campaña, pero una vez en el poder, rápidamente suavizó sus propuestas y en otros casos no logró una mayoría en el Congreso, lo cual si bien no es un simple problema de incumplimientos, tampoco se debe a traiciones al PH ni maniobras de otras fuerzas que Petro no pueda controlar. El PH es una coalición de sectores de la derecha con sectores de lo que se hace pasar por socialdemocracia en Colombia. No era inevitable, sino que Petro activamente bregó para que fuera así. Valga recordar que inicialmente no iba a seleccionar a Francia Márquez como vicepresidente sino a un derechista como Roy Barreras.

Pero hay elementos económicos que sí son de su control, pero por el momento se quedan en propuestas, más que en políticas reales que pasan por el Congreso. En cuanto a la tierra, Petro propone el monocultivo y el agronegocio. Se veía claramente en la propuesta de comprar a los ganaderos tres millones de hectáreas (4 millones 260 mil manzanas). La visión del campo que tiene Petro es que esté al servicio del gran capital y la promoción de agroexportables, no obstante sus referencias a la producción de alimentos para consumo interno y la llamada bioeconomía.

Algo parecido pasa con sus propuestas de energías limpias. En la campaña electoral habló mucho de eso y algunas de las propuestas que ha hecho –o esbozos, por el momento– pintan bien. Que Colombia no dependa tanto del petróleo y el carbón no es mala idea, que se sustituyan con energías alternativas como la solar y la eólica pinta bien. Hasta que miremos los detalles.

Uno de sus primeros tropiezos en ese sentido fue con los pueblos indígenas, pues La Guajira es una zona pobre que ha sufrido las consecuencias de la minería de carbón. No los tuvo en cuenta y le recordaron que lo que se propone en su territorio debe contar con su apoyo. Aunque legalmente no es tan así, también debe beneficiarles a ellos. Se rectificó parcialmente, pero la gran pregunta es si quiere una transición energética porque tiene que buscar al capital francés, entre otros, para financiarlo. ¿Quiere entregar los recursos solares y eólicos como todavía entregan el petróleo y carbón? Parece que sí.

Según Petro, “necesitamos inversiones que nos ayuden a desarrollar eso: pasaríamos a una matriz de inversión extranjera centrada en la construcción de energías limpias en América del Sur, con un mercado garantizado, si vamos por red directa a Estados Unidos y por mar al resto del mundo” (declaraciones de enero pasado).

Si se sustituye “petróleo y carbón” por la frase “energías limpias”, se empieza a ver el problema: los recursos de Colombia al servicio del gran capital y los países del Norte. Si vamos a hacer un cambio real y una transición energética, tenemos que poner fin a la idea que el consumo de energía en el Norte, venga de donde venga, es sostenible y que países como Colombia deben asumir el papel de seguir suministrando energía para un modelo de consumo que está acabando con el planeta.

En materia de paz, tampoco ha tenido grandes avances. Sí logró reactivar los diálogos con el ELN, pero arrancó con un tropiezo que sigue siendo una parte integral de su política de la mal llamada “Paz Total”. En su propuesta equiparó al grupo insurgente el ELN con los grupos de narcos y paramilitares como el Clan de Golfo. No fue un error, sino que Petro realmente ve al ELN como una banda de criminales.

Lo dejó claro en su discurso ante los militares y lo reafirmó cuando nombró como Gestor de Paz al sanguinario capo mafioso y otrora “Asesino en Jefe” de los paramilitares, Salvatore Mancuso. Con esto pone a la comandancia del ELN en el mismo plano que los paramilitares. Y ellos (los guerrilleros) por el momento lo han aceptado implícitamente.

Según el discurso de Petro, Colombia es un país de violentos, no hay cómo entenderlo y hay que hacer la paz con todos, porque todos son iguales, la insurgencia y los narcos. Ni Santos fue tan creativo en deslegitimar a los guerrilleros. Mancuso asumió el cargo y de nuevo habla de las tierras que ellos robaron, los desaparecidos etc. Lleva dos décadas diciendo que nos va a revelar todo mañana, y mañana nunca llega.

Cuando Uribe invitó a Mancuso al Congreso de la República, Petro tomó otra actitud. El 28 de julio de 2005 su respuesta fue contundente y describió a Uribe como un presidente secuestrado por los paramilitares, que Mancuso manejaba el Congreso y afirmó que “si bajo esta bandera de la paz, bandera sucia de cocaína, lo que está presentando en el fondo, es una alianza de narcotraficantes, genocidas y lideres políticos… entonces nosotros no estamos construyendo ninguna paz” (aquí pueden ver el video de ese discurso).

Y terminamos el año con un escándalo. En más de una oportunidad he comparado a Petro y el PH con Samper y el Partido Liberal de los años 90. Pero ni en el más fecundo delirio me imaginaba que Petro y su hijo nos darían otro “Proceso 8000”.

Samper, luego del alboroto por la entrada de dineros del narcotráfico a su campaña electoral, logró reinventarse como estadista y defensor de derechos humanos, a pesar del pésimo récord de su gobierno. Samper ha apoyado públicamente a Petro y al PH. Ahora puede asesorarlo en cómo desmentir lo obvio. Fondos ilícitos entraron a la campaña del PH como siempre han entrado a todas las campañas electorales.

Petro se encuentra en el ojo del huracán por las maniobras de su hijo en pedir y recibir dinero. Su embajador en Caracas se jactó de conseguir 15 mil millones que no se reportaron a las autoridades. Los de la “izquierda”, que dieron un apoyo incondicional a Petro se defienden con que todo fue a sus espaldas. Ante eso sólo queda por decir, “¡respeten a Samper! Él estableció el copyright, tiene los derechos de autor sobre esa frase frente a dinero sucio”. Toca inventar otra excusa.

Por el momento, Petro dice “no lo crie, esa es la realidad”. Pero su hijo es beneficiario de una especie de nepotismo político. Como era el caso con Samper, la única duda parece ser si Petro mismo lo sabía. Que un gobierno, supuestamente progresista, se vea envuelto en semejante tormenta, habla de una forma de hacer y ver la política como un asunto familiar. Al comandante Iván Márquez le pasó algo parecido con su sobrino, quien resultó ser soplón de la DEA.

Y en el tema de drogas se ve claramente cómo el discurso y la realidad no concuerdan en ningún momento. Petro fue a la ONU para anunciar una nueva política contra las drogas. Anunció varios metas para su gobierno y criticó la guerra contra las drogas. Parece un mal chiste que hasta la fecha no se ha publicado dicha política.

Lo que hemos visto es que las fumigaciones siguen, los gringos sonríen y se habla de vez en cuando de perseguir a los grandes, pero sin definir quiénes son. Sabemos que no habla de los bancos y mucho menos de las empresas europeas que suministran los químicos precursores. Los grandes serán matones de rango medio en las ciudades de Colombia, como mucho.

Así ha transcurrido un año que no ha sido tan distinto de otros años. Sí hubo cambios, sí hubo alguna que otra propuesta medianamente interesante, pero hasta la derecha hace eso de vez en cuando. El voto de confianza depositado en las urnas aún espera ver los cambios prometidos. Pero cada vez más se ve un gobierno sin un norte claro y reinventando viejas políticas como nuevas, con los mismos resultados de antes.

(*) Gearóid Ó Loingsigh es un activista político, analista del conflicto colombiano y autor de varios libros, entre ellos “La reconquista del Pacífico”, “Extractivismo y muerte en el nororiente y Machuca”.

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