Beirut. Common Dreams.

Los palestinos reaccionaron con burla y desafío al llamamiento del martes del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, a la limpieza étnica y la toma de la Franja de Gaza por parte de Estados Unidos.
Um Tamer Jamal, de 65 años y madre de seis hijos de Gaza, dijo a Reuters que «no abandonaremos nuestras zonas».
«Hemos educado a nuestros hijos enseñándoles que no pueden abandonar su hogar y que no pueden permitir una segunda Nakba», añadió, en referencia a la expulsión de más de 750 mil palestinos en 1947-48 –en ocasiones mediante masacres, marchas de la muerte y otros actos de limpieza étnica– para dejar paso a los asentamientos judíos en el nuevo Estado de Israel.
Reuters también entrevistó a Samir Abu Basel, de 40 años y padre de cinco hijos en la ciudad de Gaza, quien afirmó que «Trump puede irse al infierno, con sus ideas, con su dinero y con sus creencias. Nosotros no vamos a ninguna parte. No somos uno de sus activos».
Nizar Noman, un residente de 64 años de la ciudad de Gaza que aún espera volver a lo que queda de su hogar, dijo aMiddle East Eye que «el presidente Trump es un iluso al pensar que la gente de Gaza puede irse, incluso si es un desastre como él describió».
«¿Ahora se preocupa por la gente de Gaza y piensa en nuestro futuro?», preguntó. «¿Dónde estaba cuando nos mataban los misiles israelíes financiados con los impuestos de los estadounidenses?».
«Como yo pertenezco a mi patria, mi patria me pertenece a mí», añadió Noman. «Me arrepiento del día en que dejé mi casa y me fui al sur. Ahora prefiero morir bajo los escombros de mi casa que volver a abandonarla, aunque sea para ir a otra ciudad de Palestina. Esta es nuestra patria. Ni yo, ni mis hijos, ni mis nietos la abandonaremos jamás».

Zaid Ali, residente en el norte de Gaza de 42 años, declaró a Middle East Eye: «Mi familia y yo nos hemos mantenido firmes en el norte de Gaza. Nunca hemos pensado en marcharnos».
Ali afirmó que él y sus cinco hermanos no pudieron convencer a su padre, de 85 años, de que huyera de Gaza, ni siquiera después de que los ataques aéreos israelíes mataran a tres de sus nietos.
«Fue testigo de la Nakba y abandonó su hogar una vez de niño, cuando fueron desplazados a la fuerza de Haifa», explicó Ali. «Nunca repetiría el error de su padre… Para él, las palabras de Trump son una broma».
Los palestinos de la diáspora también condenaron la propuesta de Trump.
La Federación Estadounidense de Ramala Palestina, con sede en Westland, Michigan –uno de los grupos de defensa palestino-estadounidenses más antiguos– dijo en un comunicado que «la sugerencia del presidente Trump de limpiar étnicamente Gaza no solo es inaceptable y criminal, sino también moralmente en bancarrota, despreciable y repugnante».
«Deberíamos aspirar a la paz, la igualdad y la humanidad, en lugar de esta mera sugerencia de desplazar a una comunidad ya traumatizada», añadió el grupo. «Revela la depravación moral de los dirigentes de nuestro país».
Organizando el retorno
La familia Mohammed se sentó a conversar hasta altas horas de la noche antes de iniciar su viaje hacia el norte, a las ruinas de su hogar en Gaza, una ardua caminata a través de un paisaje desolado que cientos de miles de palestinos emprendieron la semana pasada tras el alto el fuego.
Mientras se acurrucaban alrededor de un fuego y cocinaban comida en la arena junto a su tienda de campaña en un vasto campo de desplazados de Deir al-Balah, en la mitad sur de la Franja de Gaza, hablaban con nostalgia del regreso a su hogar, de sus planes para los difíciles días que les aguardan y del miedo y las penurias que han soportado durante más de 15 meses de guerra.

El estado sionista ordenó a los civiles que evacuaran el norte al principio de la campaña. La mayoría lo hizo. A los que se marcharon se les impidió regresar hasta el acuerdo de alto el fuego del mes pasado y la liberación de los rehenes. Tras la entrada en vigor del alto el fuego, cientos de miles de palestinos abandonaron los refugios temporales en los que se habían refugiado en el sur de Gaza y regresaron al norte.
Ismail Mohammed, de 47 años, dijo que no había dormido en las tres noches anteriores de alegría y que echaba de menos su tierra, su ciudad de Yabalia, la gente del norte y sus familiares.
Su esposa Badria, de 42 años, y sus hijos Waseem, de 25, Naseem, de 22, Maysoon, de 15, Yasser, de 10, Abdel Rahman, de ocho, y Mohammed, de cinco, así como la esposa de Waseem y sus dos hijos pequeños huyeron de Yabalia al principio de la guerra.
La ofensiva sionista, cuyo objetivo declarado era eliminar a Hamas, destruyó vastas franjas de la pequeña franja, desplazando de sus hogares a casi todos sus residentes y matando a más de 47 mil civiles palestinos, más del 60 por ciento mujeres y niños.
La familia de Mohammed se enteró por sus parientes de que su casa había sido destruida en un ataque aéreo, pero estaban dispuestos a regresar en cuanto se acordara un alto el fuego.
La metralla pasó junto a los niños mientras dormían y atravesó la manta mientras ella estaba en la tienda, dijo Badria. Los niños estaban aterrorizados.
Un arduo viaje de regreso a los escombros
Deir al-Balah está a sólo 18 kilómetros de su casa en Jabalia, en el norte. Pero los coches, que tienen que aparcar durante horas en un puesto de control de los ocupantes, escasean y alquilarlos cuesta mucho dinero. Como la mayoría de las familias, los Mohammed tuvieron que caminar.
Para Ismail, el viaje fue arduo. Es diabético y perdió uno de sus brazos a causa de la enfermedad antes de la guerra. El año pasado, un ataque aéreo sionista le hirió en una pierna, y sólo puede caminar cojeando, apoyándose en un grueso bastón.

Tras desmontar su tienda y dársela a un vecino para que la guardara, la familia caminó durante horas, todos menos los niños más pequeños cargados con grandes bolsas llenas de ropa de cama, ropa, utensilios de cocina, comida y agua.
Por el camino, los retornados atravesaron zonas casi completamente destruidas. A medida que viajaban hacia el norte, el Mediterráneo turquesa de un lado contrastaba con el polvo y los escombros del otro.
Cuando llegaron a la ciudad de Gaza, tras pasar el puesto de control sionista en el norte de Gaza, encontraron un taxi que los llevara a la última etapa del viaje y se apretujaron en él con dificultad.
En Jabalia, descubrieron que gran parte de su barrio había quedado arrasado y que el tejado del último piso de su casa se había derrumbado sobre la planta baja. Israel ha desatado bombardeos indiscriminados.
Ismail dice que hay alegría, aunque incompleta, pues no tiene casa, ni agua, ni comida y no sabe cómo dormirá por las noches.
Encontrarse con un vecino fue un momento de alegría, y pronto los niños más pequeños de la familia estaban escarbando entre los escombros, recogiendo un rinoceronte de peluche para jugar. Una vez colocado el saco de dormir en el suelo y encendido el fuego, Ismail se tumbó.
La familia espera que el alto el fuego se mantenga y puedan reconstruir su hogar. Ismail trabajaba en las fuerzas de seguridad cuando Gaza estaba bajo control de la Autoridad Palestina. Después de que Hamas ganó las elecciones en 2007 y formó el gobierno en Gaza, dejó de trabajar. Ahora quiere instalar un puesto para vender bocadillos al borde de la carretera.
Los planes de los genocidas
Hablando junto al primer ministro israelí Benjamin Netanyahu –prófugo de la Corte Penal Internacional– en la Casa Blanca en Washington, D.C., Trump dijo que Estados Unidos «se apoderará» de la franja.
«Nos pertenecerá», dijo, añadiendo que los promotores inmobiliarios estadounidenses la “nivelarán” y construirán la “Riviera de Oriente Próximo” después de que los palestinos –“todos ellos”– abandonen el enclave costero palestino. Preguntado sobre si su plan implicaba el envío de tropas estadounidenses a Gaza, Trump respondió: «Si es necesario, lo haremos».
El desalojo forzoso de personas por parte de una potencia ocupante es un crimen de guerra según el artículo 49 de la Cuarta Convención de Ginebra, en virtud del cual también son ilegales los asentamientos de apartheid de Israel en Cisjordania ocupada y Jerusalén Este. Los líderes de Egipto y Jordania, a donde Trump ha propuesto enviar a los gazatíes, se oponen vehementemente al plan.
Mientras que figuras de extrema derecha en Estados Unidos e Israel –que no existiría en su forma actual sin la limpieza étnica de alrededor de un millón de palestinos entre 1947 y 1948 y en 1967– se entusiasmaron con los comentarios de Trump, los palestinos condenaron lo que un residente de la ciudad de Gaza desplazado por la fuerza llamó el plan «delirante» del republicano.
«No permitiremos que se vulneren los derechos de nuestro pueblo, por los que hemos luchado durante décadas», declaró en un comunicado el presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmud Abbas. «Estos llamamientos representan una grave violación del derecho internacional, y la paz y la estabilidad en la región no se lograrán sin el establecimiento del Estado palestino».
Abbas añadió que Gaza «es parte integrante de la tierra palestina» y que «los legítimos derechos palestinos no son negociables».
Hamas –que gobierna Gaza a pesar de los 15 meses de bombardeos, invasión y asedio israelíes que arrasaron la franja y mataron a decenas de miles de sus habitantes– denunció la propuesta de Trump como «un crimen contra la humanidad y un refuerzo de la ley de la selva a nivel internacional».
El portavoz de Hamas, Sami Abu Zuhri, dijo a Reuters que el plan de Trump es «ridículo y absurdo», advirtiendo que «cualquier idea de este tipo es capaz de incendiar la región».