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Muere Jimmy Carter

Washington. Agencias / BBC Mundo

Muere Jimmy Carter Washington. Agencias / BBC Mundo

El expresidente estadounidense Jimmy Carter ha fallecido este domingo a la edad de 100 años, según informó su hijo. No se ha informado de la causa exacta de la muerte del político demócrata, pero se conoce que había dejado el tratamiento en el 2023 de un melanoma, una forma agresiva de cáncer de piel que se le había extendido al hígado y cerebro.

Carter dirigió Estados Unidos de 1977 a 1981. Su presidencia se caracterizó por un marcado deterioro de las relaciones con la Unión Soviética. Tras su mandato, intentó ser reelegido de nuevo, pero perdió frente al republicano Ronald Reagan.

Su llegada a la Casa Blanca sorprendió a su propia familia. Cambió la relación de Washington con América Latina. Y en su país muchos piensan que fue mejor expresidente que presidente. Jimmy Carter, el exmandatario más longevo de Estados Unidos, murió este domingo a los 100 años.

Fue galardonado con el Premio Nobel de la Paz en el 2002 “por sus esfuerzos para promover los derechos humanos y resolver conflictos en todo el mundo, desde Etiopía y Eritrea hasta Bosnia y Haití” durante su mandato presidencial.

Tras su derrota electoral abandonó la política y creó el fondo de caridad del Centro Carter con su esposa Rosalyn, con la que se casó en 1946. La muerte de su esposa a finales del 2023 fue la última aparición pública del expresidente.

Carter ostenta el récord de longevidad de todos los presidentes estadounidenses, lo consiguió en el 2019, cuando fue el único de todos los líderes del país en superar el hito de los 95 años.

Una vida repleta de paradojas

(BBC Mundo) La vida de Carter resultó paradójica en varios sentidos.

De ella destacó mucho más allá que sus años como 39 presidente de EEUU. Fue entre 1977 y 1981, tiempos difíciles de Guerra Fría en los que evitó entrar en conflictos militares ante desafíos internacionales e impulsó un crucial acuerdo de paz en Medio Oriente.

Había llegado al cargo como un hombre sencillo y honesto en un país sacudido por el escándalo Watergate, pero problemas domésticos y una crisis de rehenes en Irán lo debilitaron en solo un mandato: fue el primer presidente de EEUU en perder una reelección desde Herbert Hoover en 1933.

Sin embargo, tras ser vencido por Ronald Reagan en 1980, Carter regresó al pueblo en el que había crecido y mantuvo una gran proyección internacional enfocado en temas de derechos humanos, igualdad y protección ambiental, lo que le valió galardones como el Premio Nobel de la Paz en 2002.

Su resiliencia fue llamativa hasta el final, después de superar un cáncer y perder en noviembre de 2023 a su esposa de toda la vida, Rosalynn, quien estaba en cuidados paliativos como él, algo que generó reflexiones sobre este tipo de servicios al final de la vida.

Los blancos del vecindario

James Earl Carter Jr nació en 1924 en Plains, Georgia, el “sur profundo de Estados Unidos”, durante una época de férrea segregación racial en la que su familia era la única blanca en un vecindario negro. “Todos mis vecinos, mis compañeros de juego y mis compañeros de trabajo en el campo eran negros, y así fue hasta los 16 años”, contó el expresidente en una entrevista con NPR, la radio pública de EEUU en 2011.

Ingresó a la prestigiosa Academia Naval de Annapolis, Maryland, de donde se graduó como alférez y luego fue ascendido a teniente en primer grado. Pero en lugar de seguir en la Marina, dedicó gran parte de su juventud a reconstruir la producción de la granja de maní que había heredado de su padre, la cual era apenas rentable tras el pago de deudas y la división de bienes.

Residió con su esposa Rosalynn y sus tres hijos en una vivienda subsidiada para pobres. Fue un cristiano devoto, “renacido” confeso que dedicaba sus domingos a enseñar la Biblia en su congregación bautista. Pero era políticamente progresista, en algunos casos hasta un límite para su generación, y se volvió tal vez lo más cercano a un presidente de izquierda que tuviera EEUU. Su cara afable, amplia sonrisa espontánea y acento sureño pudieron haber proyectado una imagen de inocencia, pero Carter era hábil en la competencia electoral.

En la década de 1970, asumió en su campaña para gobernador de Georgia una postura conservadora frente a la segregación porque sabía que de otra manera sería difícil que lo eligieran. Sin embargo, ya en la gobernación se declaró a favor de los derechos civiles e implementó medidas en contra de la segregación racial.

Un desconocido en la Casa Blanca

Desde la plataforma del gobierno de Georgia, Carter decidió buscar la nominación del Partido Demócrata a la presidencia de EEUU, un movimiento que pocos esperaban incluso entre su familia. “Cuando le dije a mi madre que me lanzaría a la presidencia, ella me preguntó: ‘¿Presidencia de qué?’”, reveló en una entrevista al diario británico The Guardian.

De hecho, nadie creía que este desconocido, un extraño en el politizado ambiente de Washington, podría llegar muy lejos. “Cuando se dieron cuenta, ya habían perdido”, declaró Carter.

Jimmy Carter asumió el poder en enero de 1977, tras haber derrotado en una apretada contienda al presidente y candidato republicano Gerald Ford, quien arrastraba el lastre del escándalo Watergate de su antecesor Richard Nixon.

Una vez en la Casa Blanca, demostró que su profunda fe no tenía nada que ver con la tradicional derecha religiosa, sino con posturas muy liberales.

Entre otras cosas, Carter nombró a más negros y latinos en su gabinete que todos sus antecesores, emitió una orden ejecutiva otorgando amnistía a los evasores de la conscripción para la guerra en Vietnam y empezó a alertar sobre los peligros del calentamiento global décadas antes de que esos conceptos se volvieran populares.

Tratado del Canal de Panamá

En el ámbito de las relaciones exteriores, firmó un tratado de reducción de armas nucleares con la entonces Unión Soviética, logró la paz entre Israel y Egipto con el acuerdo de Camp David y devolvió el Canal de Panamá a sus dueños.

“La única otra iniciativa de EEUU en América Latina que se compara en magnitud con el restablecimiento de relaciones diplomáticas con Cuba (que impulsó Obama) fue la devolución del canal a la soberanía de Panamá”, expresó a BBC Mundo Peter Hakim, presidente emérito y analista del centro Diálogo Interamericano, en Washington, del que Carter era miembro y asesor.

El control del canal por parte de EEUU, más la zona que lo enmarcaba y que era considerada territorio estadounidense dentro de un país soberano, era una de las fuentes más profundas de irritación de la región contra Washington.

La iniciativa de Carter para lograr la firma de los Tratados del Canal de Panamá fue muy peleada en el Congreso, donde necesitaba dos tercios del voto. Tras una muy estrecha victoria, el entonces mandatario pudo dar inicio al desarrollo de una nueva relación con sus vecinos continentales.

“Fue un momento coyuntural en las relaciones entre EEUU y América Latina”, señaló Hakim. “Demostró que Washington tomaba en serio los temas de soberanía e independencia y que los países podían tomar sus propias decisiones”.

Por otro lado, al promover la importancia de los derechos humanos en los asuntos exteriores, Carter logró un cambio sustancial en la relación de EEUU con América Latina. Desde su campaña electoral criticó a la administración republicana que le precedió por contribuir al derrocamiento del presidente socialista democráticamente electo en Chile, Salvador Allende, en 1973 y ayudar a establecer una dictadura militar en ese país.

Ya con Carter en el gobierno, EEUU recortó la ayuda militar en el hemisferio y supeditó el financiamiento a avances en derechos humanos, lo que según expertos fue importante para que regímenes dictatoriales de Sudamérica disminuyeran sus abusos y comenzaran a debilitarse.

Carter también intentó extender su política de vecino colaborador hacia Cuba, luego de un largo embargo económico y episodios de hostilidad en plena Guerra Fría. Según Hakim, casi logra una normalización de las relaciones. Sin embargo, el envío de tropas cubanas a Etiopía y otros países africanos que atravesaban luchas por la independencia nacional frente a los ejércitos coloniales hizo que Washington pusiera freno a esa posibilidad.

Aun así, el presidente estableció la Sección de Intereses de EEUU en La Habana, donde hubo presencia de diplomáticos estadounidenses en Cuba hasta la reapertura de una embajada en la isla en 2016.

Paz y crisis

Esa política exterior le dio a Carter una reputación sólida en América Latina comparado con otros presidentes de EEUU.

Fue un contraste respecto a cómo lo percibieron en su propio país, donde muchos lo veían como un mandatario débil y fracasado porque solo ejerció durante un período.

“Su gobierno y su lugar en la historia están teñidos por su derrota contra Ronald Reagan, que era un oponente formidable, y la crisis de rehenes en Irán”, comentó Thomas Pickering, subsecretario de Estado durante la administración Carter y embajador en varios países incluyendo Rusia, Jordania y El Salvador.

En 1979, tras la revolución islámica en Irán, estudiantes inspirados por el fundamentalismo del ayatolá Jomeini irrumpieron en la embajada de EEUU en Teherán y tomaron 52 rehenes estadounidenses y los retuvieron durante 444 días. Carter intentó un audaz rescate con helicópteros que fracasó trágicamente, con la pérdida de soldados de élite, pero resistió los llamados para bombardear Irán.

Aunque generalmente se interpreta como un punto negativo el que no hubiera enfrentado militarmente al “enemigo”, el expresidente le dijo en 2015 al diario The Guardian que su mayor orgullo fue no haber llevado al país a una guerra.

“Mantuvimos nuestro país en paz. Nunca fuimos a la guerra. Nunca lanzamos una bomba. Nunca disparamos una bala. Sin embargo, logramos nuestras metas internacionales. Le llevamos paz a otros pueblos, incluyendo Egipto e Israel”, relató.

“Su labor para lograr lo que pasó en Camp David, a pesar de algunos traspiés, fue asombrosa”, resaltó el embajador Pickering a BBC Mundo en relación con la cumbre entre Carter, el primer ministro de Israel Menachem Begin y el presidente de Egipto Anwar Sadat.

“Admiré su determinación y su valor para asumir una labor tan grande, tan compleja y con tantas ramificaciones en términos del impacto que tendría en los asuntos internos de EEUU entre otras cosas”, añadió el diplomático, que contribuyó en los primeros momentos de la estrategia para esa paz.

En efecto, Carter se involucró personalmente en Camp David durante momentos en que la situación parecía un caso perdido para lograr moldear una serie de propuestas que Begin y Sadat pudieran aceptar y que formaría posteriormente la base del tratado de paz entre ambos países.

“Camp David se reconoce como el primer logro importante que se registró en la larga búsqueda de la paz en Medio Oriente”, indicó Pickering.

Como ex subsecretario de Estado, también recordó una experiencia en el Consejo de Calidad Ambiental que indica cómo Carter anticipó problemas que son muy puntuales hoy en día, como el cambio climático.

“Produjimos un reporte de lo que se podría esperar en el año 2000 en varios ámbitos, desde población hasta recursos forestales, y cómo afectarían el medio ambiente mundial y qué deberíamos hacer en ese entonces, en los años 70, para anticipar los efectos”.

Fracaso económico y derrota electoral

Pero el pueblo estadounidense estaba más preocupado con el estado de la economía, que se le había ido de las manos a Carter. La inflación estaba entre 16% y 17%, había crisis energética, al presidente se le veía como un mal administrador.

En un discurso dijo que EEUU atravesaba un período de desconfianza, sugiriendo que el país había perdido la energía, innovación y espíritu vanguardista que lo caracterizaban. “Fueron palabras mal escogidas y no lo que los estadounidenses querían oír. Fue severamente criticado por ambos partidos”, sostuvo Hakim. “La economía fue la causa de su caída casi tanto como la crisis en Irán”.

Los frecuentes reportes sobre la suerte de los rehenes y las largas colas en las estaciones de gasolina generaron un sentido de impotencia que se sumó a desafíos internacionales como el triunfo de los sandinistas en Nicaragua, la invasión de la Unión Soviética en Afganistán y el subsiguiente boicot de los Juegos Olímpicos de Moscú.

Los estadounidenses no pudieron soportar el pesimismo y, presentados con la alternativa del carismático y agresivo Reagan, rechazaron a Carter para un segundo período.

Activista, estadista, Nobel

A pesar del golpe sufrido por la derrota electoral, Carter regresó a su hogar en Plains, Georgia, donde reconstituyó su carrera y dio inicio a su período de mayor actividad.

En 1982 fundó con su esposa Rosalynn el Centro Carter, con el propósito de “combatir la enfermedad, hambre, pobreza, opresión y conflicto” a nivel global. Con el centro viajó por el mundo llevando programas de salud para frenar el contagio de enfermedades en más de una decena de países en África y América. Sus misiones incluyeron la promoción de los derechos humanos, la democracia y la buena gobernabilidad.

Fue mediador en la resolución de conflictos abriendo el camino de mayor entendimiento entre EEUU y Corea del Norte. Con su histórica visita a Cuba y reunión con Fidel Castro en 2002, allanó el camino para la normalización de las relaciones entre La Habana y Washington durante el gobierno de Obama.

Ese mismo año recibió el Premio Nobel de la Paz por los esfuerzos del centro para “encontrar soluciones pacíficas a los conflictos internacionales, promover el desarrollo social e impulsar la democracia”.

También fue observador en procesos electorales de diferentes países, incluido uno polémico en Venezuela donde ratificó pese a críticas el resultado de un referendo a favor del entonces presidente Hugo Chávez, en 2004. “Redefinió el papel que los expresidente de EEUU pueden jugar a nivel global”, expresó Hakim, de Diálogo Interamericano. “Eso fue una revelación que algunos han tratado de imitar, como Bill Clinton con su propia fundación”.

El embajador Pickering cree que los logros de Carter hablan por sí solos y no deben ser minimizados o descartados porque perdiera la reelección. “Fue instrumental en crear consciencia en cuanto a los derechos humanos y cómo eso debe reflejarse en la política exterior de EEUU y eso resiste cualquier escrutinio”, concluyó.

Superación de un cáncer

Cuando cumplió 90 años, Carter publicó su trigésimo primer libro, “Una vida completa: Reflexiones a los 90”, y un año después, durante una clase de catequesis en una iglesia baptista en Plains, dio la buena noticia de que estaba libre del cáncer cerebral que le habían diagnosticado en 2015.

Los oncólogos decidieron tratarlo con radiaciones focalizadas en los tumores y un medicamento para reforzar su sistema inmunológico. El exmandatario estuvo seis meses recibiendo el tratamiento, conocido como inmunoterapia, y a finales de ese mismo año informó que estaba libre del cáncer.

En febrero de 2023 anunció que evitaría los tratamientos para prolongar su existencia y entraría en cuidados paliativos con la intención de pasar sus últimos días en la tranquilidad de su casa de Plains, la misma donde unos meses después moriría su esposa durante 77 años y a quien él definió como “el pináculo” de su vida.

Esa opción fue vista por especialistas en cuidados terminales como una ayuda para la comprensión del significado de los cuidados paliativos en los últimos meses de vida.

En Plains lloran hoy la partida de su vecino más célebre.

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Radio Segovia, La Poderosa del Norte.

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