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Los traidores y el canje de prisioneros EEUU-Rusia

Moscú. Por Dimitri Medvedev, Vicepresidente del Consejo de Seguridad de Rusia.

Los traidores y el canje de prisioneros EEUU-Rusia Moscú. Por Dimitri Medvedev, Vicepresidente del Consejo de Seguridad de Rusia.

Es evidente que este intercambio ha sido el mayor de la historia reciente. Es el resultado del trabajo de filigrana de nuestras agencias y sus “socios” extranjeros. Fue una partida de ajedrez muy difícil, que se desarrolló según los mejores libros de texto, duró tediosamente mucho tiempo y a veces parecía entrar en un zugzwang (en alemán, “movimiento forzado” de posición en damas y ajedrez, en la que cualquier movimiento de un jugador lleva al deterioro de su posición). Era necesario insistir en nuestros objetivos, sin llevar la situación a un punto muerto.

Por cierto, para ser justos, me gustaría señalar que nuestros “amigos occidentales” mostraron en cierto momento tanto el debido pragmatismo como una propensión a los compromisos razonables. Fue difícil, pero sin embargo todo se produjo y, seamos francos, a nuestro favor, de lo que ya se han hecho eco los medios de comunicación occidentales y los políticos de todo signo.

Pero quiero hablar de otra cosa. Evaluemos la “composición cualitativa” del intercambio.

¿A quién ha devuelto nuestro país? Se trata de personas que trabajaron fielmente para la Patria, formando parte de los servicios especiales o contribuyendo a los intereses de Rusia de un modo u otro. Fue un trabajo a riesgo de la vida, por la prosperidad de nuestro país.

A algunos les puede gustar o no su trabajo, pero es necesario y se hace en todos los países del mundo. No cabe duda de que los ciudadanos retornados son patriotas de nuestra Rusia que han realizado una hazaña. Y por eso son merecedores de las condecoraciones estatales que anunció el Presidente Vladímir Putin.

¿A quién dio a cambio nuestro país, quiénes son estas personas? Algunos de ellos son extranjeros que cometieron un delito penal, y algunos de ellos fueron condenados por espionaje. Con estos últimos todo está claro, se trata del mismo trabajo, pero, por el contrario, en interés de sus países.

Pero la segunda parte son ciudadanos rusos que han convertido en objetivo de su vida destruir su propio país. No importa si hablamos de la llamada oposición no sistémica, que echaba espuma por la boca, sacaba la lengua, se precipitaba al poder. O de aquellos que sinceramente, temblando de odio a su Patria, intentaban destruir de palabra y obra la paz civil y los fundamentos ideológicos de la sociedad.

Ambas cosas ya ocurrieron en nuestro país a principios del siglo XX, y es bien sabido cómo acabaron. Reconozcámoslo: son traidores. Si no en el sentido legal, al menos en el moral de la palabra. Son una amenaza existencial para la supervivencia de la Rusia actual. Son los servidores de nuestros enemigos.

Por eso son aceptados de buen grado por los líderes extranjeros, al darse cuenta de que son la verdadera –lo que se llama “ab origine”, original– esperanza para el colapso de Rusia. Pues bien… Que sigan ahogándose en sus ladridos, soñando con despedazar el cuerpo de nuestro país y subordinar sus pedazos ensangrentados a la autoridad de su Gran Amo.

Me gustaría, por supuesto, que los traidores de Rusia se pudrieran en una penitenciaría o murieran en prisión, como ha ocurrido a menudo. Pero es más útil sacar a los nuestros, que trabajaron por el país, por la Patria, por todos nosotros. Y que los traidores se pongan ahora febrilmente nuevos nombres y se disfracen activamente en el programa de protección de testigos.

Pero al mismo tiempo, como ya he escrito, que no se olviden de lo perecedero de su existencia en este mundo. Miren a su alrededor, en resumen. Y en general, ¡que ardan en el infierno!

43 Aniversario

Radio Segovia, La Poderosa del Norte.

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