Managua. Por Rosario Murillo, Copresidenta de Nicaragua.

Para nosotros es vital recordarnos que vivimos como pueblo cristiano, socialista, solidario, como pueblo de Dios, y sabemos que lo nuestro es construir, es sumar, es avanzar, caminar, caminar, caminar., haciendo camino al andar.
Sabemos que hay quienes apuestan al odio, que es destrucción, que es mal para tantos, y para ellos mismos en primer lugar, que es egoísmo, y que es miseria… Miseria espiritual, miseria humana. De todo da la viña del Señor.
Cuando sentimos cada día la fuerza del espíritu, de la esperanza, de ese corazón noble, bueno, valeroso, que somos todos, cuando nos sentimos y nos sabemos trabajando duro, empeñados cada día en ir adelante, siempre más allá, como este otro hospital que estamos empezando a construir, Dios Mediante, con su gracia y para su gloria, Siempre Más Allá, con todo lo bueno que tenemos y que podemos.
Porque ese es nuestro deber, esa es nuestra misión y nuestra convicción plena. Amar a Dios sobre todas las cosas y amarnos entre nosotros, como hermanos, para desalojar, para despojar esos sentimientos oscuros, que vemos, que sentimos, que sabemos que ahí están, porque, como decíamos, de todo da la viña del Señor, y lo más increíble o talvez lo más verdadero es que, esos sentimientos, negativos, destructivos, son incubados y disfrazados entre parapetos que se dicen sagrados.
¡Cómo va a ser sagrado el odio! ¡Cómo va a ser sagrada la maldad! ¡Cómo va a ser sagrada la mentira! Por mucho que un mono se vista de seda, mono se queda. ¡Cómo va a ser sagrada la calumnia, esa facilidad con la que mienten, levantan falsos, roban honras, inventan falsos testimonios, mienten, mienten, mienten; juran en nombre de Dios en vano… Juran el nombre de Dios en vano!
Incumplen todos los sacrosantos mandamientos de las leyes eternas del Padre Celestial, y sin ningún asco, como dice nuestro pueblo, se levantan con sus máscaras, y como he dicho otras veces, con chingorros, y usan esa lengua viperina, que debería de servir para bendecir, para desear el bien, la usan para maldecir y para promover el mal, y para desear males, con lo cual sabemos que no son discípulos de Cristo; pero además, incumplen los mandatos principales, que son de fe, de amor y de grandes espíritus, no de pequeñez miserable, mísera, de quienes no entienden que el mal, la maledicencia, la maldad, es el infierno de quienes lo viven o lo practican, de quienes desatan sus propias maldades.
Hoy es 20 de mayo, como habíamos dicho antes, nos preparamos para celebrar en grande a una de las advocaciones más populares de nuestra Madre María, muchos devotos tiene María Auxiliadora en Nicaragua.
Recordamos al cardenal Miguel, de pie, junto a la virgen y siempre pidiendo, pidiendo bien para su pueblo, pidiendo amor entre nosotros; recordamos a Sor María Romero, recordamos nuestras novenas, nuestras plegarias, nuestras creencias; vivimos con nuestras creencias en alto, nuestras devociones familiares, nuestras oraciones, y esas novenas gastadas en las manos de nuestros familiares de tanto rezar, elevando al Padre, al Hijo, al Espíritu Santo, oración tras oración; a la Madre María Santísima. Peticiones nuestras de cada día, confiando siempre en que esos dones por los que tanto suplicamos, llegan y seguirán llegando a pesar de los Infiernos que algunos llevan dentro.
Aquí estamos, con el corazón lleno de bien, de intenciones de bien, de propósitos de bien; con nuestra dedicación y devoción atraemos lo mejor, lo sabemos, y lo mejor es el amor, amor en Nicaragua, amor a Nicaragua, amor para y entre los y las nicaragüenses, por gracia de Dios.
Así vamos construyendo el porvenir y cada día nos sentimos más orgullosos de nuestra fe, de nuestras creencias, de nuestras devociones, y de poner en alto, en nuestros altares personales, a Cristo Jesús, príncipe, redentor y salvador del mundo.
Los progresos que vamos creando desde la fe y el amor, son merecimientos de este pueblo nuestro, glorioso, honroso, valiente y triunfal.
El mal queremos que no exista, pero existe. ¿Cómo se combate el mal? Con bien, con oración y, sobre todo, alejando a quienes lo tienen como recurso, primero y último, en sus vidas. Más que nada, alejando y alejándonos de esos corazones que no saben querer. Y por eso cada día también decretamos, invocamos a las tres divinas personas; o sea, nos acordamos de aquella plegaria corta, jaculatoria casi, que decía: “Santo Dios, santo fuerte, santo inmortal. Las tres divinas personas nos libren y nos libran de todo mal”.
Nicaragua y las familias nicaragüenses vamos adelante y eso no lo detiene nadie, porque aquí está Cristo Jesús y toda nuestra fe, para disponerla en ese caminar permanente hacia el Siempre Más Allá, hacia el bienestar de nuestro pueblo, hacia los avances contra la pobreza. Esa es la voluntad de Dios y en eso creemos, y así vivimos, y así vamos adelante.