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Las grandes guayolas de los papalotes sin cola siervos de satanás

Managua. Por Rosario Murillo, Copresidenta de Nicaragua.

Parte de su intervención al mediodía del martes 5 de mayo en Multinoticias, del canal 4 de televisión.

Esta patria nuestra, siempre victoriosa, siempre llena de cariño y, por tanto, siempre llena de fe, siempre con la fuerza espiritual de este pueblo nuestro, fuerza que Dios nos da, para caminar, para luchar, para vencer. Cuando decimos vencer, es vencer en amor y paz.

¡Y qué día, qué tarde extraordinaria la que tuvimos el día de ayer, día de nuestra dignidad nacional! Cuando nuestro Comandante Daniel nos ratificó esa vocación y esa profunda convicción de que es la dignidad la que nos moviliza, la que nos mueve, la que nos lleva adelante, don de Dios. Cuando un pueblo es digno, un pueblo es fuerte, un pueblo vence todas las limitaciones. Como decía Brian Wilson y repetía ayer el Comandante Daniel: “perdimos el miedo a tener miedo”. ¡Dignidad Nacional! ¡Qué tarde más linda!

Cuando nos reunimos en esa “Plaza de los Héroes Nacionales”, siempre podemos apreciar un cielo multicolor, lleno de luz, como está nuestra patria; lleno de ese fuego infinito del alma nicaragüense que sabe de honores, de luchas, de victorias, y que sabemos empeñarnos.

Aunque parezca grande, inmensa la tarea, nuestro espíritu, nuestra fuerza es mucho más grande, porque viene de Dios y es la fuerza del amor, la fuerza de algo sobrenatural. Nosotros somos un pueblo sobrenatural. La fuerza del amor, la fuerza del alma, la fuerza de Dios, esa es la que se manifiesta siempre en todas las tareas y en todas las victorias.

En cada momento de nuestra Historia, de nuestra Memoria Gloriosa de nuestras Vidas, hemos tenido que enfrentar todo tipo de Luchas, y sobre todo hemos tenido que enfrentarnos a invasores, a pretendidos colonizadores. Y hemos sabido que la tarea, por muy grande que parezca, nunca, nunca puede ser superada por la fuerza de nuestro espíritu, don de Dios.

Somos de justicia, somos de verdades verdaderas, somos de fuerza insobornable, de lucha inclaudicable. Somos de dignidad nacional. En todas nuestras embajadas y misiones se han reunido los compañeros, precisamente como parte de este enorme conglomerado, esta enorme comunidad nicaragüense, digna, soberana, amante de su tierra, amor a Nicaragua, amante de la paz. Todas nuestras misiones, no solo celebraron, sino que nos celebramos en infinitas victorias, batallas grandes, victorias inmensas.

Este es el pueblo de Dios aquí en Nicaragua, y estos son nuestros caminos: la paz como camino, la justicia como camino, las verdades verdaderas como camino. No somos de fachas, no somos de disfraces, no somos falsarios, no somos de mentiras. No usamos la mentira para navegar y para alcanzar migajas.

Hay algunos, y los conocemos y sabemos quiénes son, algunos que viven de las grandes guayolas, de las grandes mentiras que venden, con las que se venden, como que fueran guerreros, y no son más que esclavos, esclavos de las falsedades, de las mentiras. ¡Mercaderes, eso son!

Y cuando los vemos hablando basura, decimos: ¿qué otro camino les queda sino hablar mentiras, hablar basura para venderse, para promoverse como esos líderes que nunca fueron, nunca han sido y, Dios mediante, nunca serán? Porque los líderes están hechos de fuerza, de espíritu, de corazón, de amor. Y donde hay odio, no hay liderazgo; donde hay maldad, perversión, no hay liderazgo; donde hay falsedades, no hay liderazgo; mentir.

No mentir, uno de los sagrados mandamientos de la Ley de Dios; amar a Dios sobre todas las cosas; no jurar el nombre de Dios en vano.

Cuántos pecados cometen algunos que incluso se disfrazan para parecer pastores, sacerdotes. ¡Cuántas mentiras! Y bueno, están siempre hablando, cometiendo pecados, ellos que acusan. Nosotros decimos: ¡pero si ellos mismos se están acusando! Cuando dicen todo lo que dicen, ellos mismos se están acusando de pervertir, de perversión.

Y ahora hay una competencia inédita entre los falsos, a ver quién habla más, o quién habla, según ellos, mejor; entonces los vemos con sus disfraces en esas que se llaman redes sociales. ¡no son redes sociales! Son redes antisociales, anticonstrucción de amor, de concordia, de familia, de valores.  ¡Redes antisociales!

Claro que hay familias, seres humanos buenos, muchachas que las usan, porque aparte de que es una moda y que fue una novedad hace tiempo, tienen la posibilidad de figurar como les gusta: bailando, cantando, disfrutando de la vida. Mientras que los que ya sabemos las usan para destruir.

Precisamente en ese año, año terrible, “horribilis” dicen los ingleses, en ese año horrible las usaron para sus montajes, sus escenografías perversas, para todo eso con lo que quisieron hacer creer una farsa. Eran farsas con las que quisieron hacer creer al Mundo que aquí había una lucha guerrillera. Y bueno, como había algunos que alguna vez habían sido guerrilleros, “dirigiendo” las farsas, las puestas en escena, algunos se engañaron y pensaron…

Y sobre todo había una conexión con los medios de destrucción masiva en todos los sentidos, y las farsas por todas partes se veían en los medios de destrucción masiva.  Aquí sabíamos lo que estábamos viviendo y lo que teníamos que hacer para que eso no pasara, como no pasó, ¡porque no pudieron, ni podrán!

La mentira tiene patitas cortas, cortísimas, y se van cayendo los ropajes, y se van cayendo las miserables escenografías, propias de las guayolas, de las mentiras. Y se fueron cayendo, y ellos mismos se expusieron a perder tanto. Porque este es un país que estaba en paz, donde, incluso, todos ellos estaban trabajando, haciendo lo que saben hacer: negocios. Y mientras estos negocios trajeran bienestar al pueblo nicaragüense a través del trabajo, pues, estaba bien.

Pero, ¡cómo perdieron todo! Me imagino que les cuesta mucho aceptar que ahora andan allí como “papalotes sin cola”, sirviendo y ofreciéndose a servir al mejor postor, a quien les dé más, porque esa es la búsqueda; a quien les dé más, para pretender seguir destruyendo los Caminos de paz de nuestro pueblo.

Pero volvemos a decirlo: ¡no pudieron, no podrán! Aquí hay un pueblo decidido a ser libre, pueblo digno, pueblo de grandes esperanzas, de grandes luchas y de grandes victorias, de gran espíritu. Ese es el pueblo nicaragüense: digno, soberano; amantes de la paz y defensores de esa paz con la que construimos el porvenir.

¡Cómo deben arrepentirse muchos de esos “papalotes sin cola”! O zopilotes, porque sobrevolaban sobre esa muerte que ellos mismos creaban. ¡Zopilotes hipócritas! Denunciaban y sobrevolaban. Y eran sus propios muertos, sus propias víctimas.

Nunca voy a olvidar esa labor perniciosa, malvada, donde algunos servían de pitoretas para llamar, porque iba a suceder algo, y después ellos mismos creaban las víctimas para fotografiarlos, hacer videos y difundirlos por el mundo al revés. El mundo al revés, ese es el mundo de ellos.

Pero llegó el Comandante y los montó en el avión, así dice la canción. Y ahí andan, perdidos en sus propios laberintos. Nadie los mandó. Nosotros, el pueblo nicaragüense no los ha mandado. Pero cuando decimos nadie los mandó, es que ellos mismos eligieron ese destino de “papalotes sin cola”, porque eso es lo que son: papalotes sin cola, buscando todavía hacer daño, usando palabras que ni les lucen.

¿Cómo pueden hablar en nombre de la libertad quienes nunca han sido libres, si son siervos de los imperios! ¿Cómo pueden hablar en nombre de la humanidad quienes realizan crímenes, y crímenes de odio, contra sus pueblos, contra las familias, contra los niños?

¡Son crímenes de lesa humanidad! ¡Reconózcanlo! Véanse en el espejo de su propia creación, maldosa, perniciosa, anticristiana, aunque aparezcan con disfraces en esa clara competencia de egos, unos y otros. Esos que aparecen disfrazados, que de pastores no tienen nada, o de profetas, o de visionarios, lo que tienen es maldad, envidia, ambición y avaricia.  ¡Competencia de maldades!

¿Cuándo pueden hablar de sí mismos como gente de amor si lo que siempre hicieron fue promover el odio? O promover los celos, incluso entre ellos mismos, en sus propias profesiones u oficios; atacar al que iba luciéndose más, atacar al que sabía más, atacar al que tenía también más responsabilidades, y servir al diablo. Siervos de satanás, eso es lo que han sido, y lo que son.

Y aquí estamos nosotros, gracias a Dios, caminando, de sol a sol, porque vamos hacia el sol de la liberación de la pobreza, y eso es lo que nuestro pueblo quiere: vivir tranquilos, vivir valores familiares, tradicionales, vivir la concordia que sostenemos, y vivir luchando, porque trabajamos para vencer la pobreza.

Somos un pueblo trabajador, y como pueblo trabajador tenemos horizontes grandes, adelante; infinitos horizontes de paz y bien para todas las familias nicaragüenses.

No somos siervos del demonio. No somos siervos de satanás. Somos hijas e hijos de Dios y queremos en todo momento practicar esos mandamientos que nos demandan amor al prójimo, amor, fraternidad y sobre todo servicio, servirnos unos a otros, en el sentido de procurar lo mejor para todos, el bien común, el bien de todas y todos.

Nicaragua, siempre bendita, siempre bendecida, siempre digna, soberana y libre, siempre milagrosa, portentosa y prodigiosa, siempre cristiana y, por lo tanto, llena de amor, de respeto, de solidaridad y hermandad.

43 Aniversario

Radio Segovia, La Poderosa del Norte.

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