La normalización de los crímenes del capitalismo

Estelí. Consejo de Comunicación y Ciudadanía

La normalización de los crímenes del capitalismo Estelí. Consejo de Comunicación y Ciudadanía

Durante su visita a Nicaragua en una entrevista con el compañero Erving Vega de Canal 8 el hermano cubano Abel Prieto comentó en relación a la batalla de ideas entre el imperialismo y el desarrollo de un nuevo mundo solidario basado en la cooperación,  “Hoy esa batalla de ideas que planteó Fidel en aquellos años se hace todavía más dura, más difícil, porque hay un nuevo espacio; el ciberespacio hoy tiene un peso tremendo en cómo la gente actúa, cómo se conduce… a Fidel lo angustiaba mucho, que la gente pobre, la gente humilde, de pronto, manipulada, se colocara en posiciones de Derecha y de Ultraderecha.”

Nicaragua en 2018 tuvo una intensa experiencia concreta de este fenómeno del lavado cibernético de los cerebros de la población que tomó la forma de una ofensiva psicológica relámpago de que el fuerte impacto inicial se iba disminuyendo en poco más de un mes frente a la brutal realidad de la violencia asesina golpista y su hostigamiento contra la población en general por medio de los tranques. Un aspecto fundamental de esa experiencia era la confusión emocional e intelectual que la ofensiva psicológica golpista generaba entre la población. Un atroz ejemplo de esa ofensiva fue la mentira de parte de las autoridades de la Universidad Centroamericana del asesinato de un estudiante por nuestra Policía Nacional lo cual nunca ocurrió. La reciente acción de nuestras autoridades al tomar control de los recursos de la extinta UCA no solamente profundiza la democratización del sector de la educación superior, sino que también elimina un influyente foco de la deformación intelectual y cultural capitalista.

El truco fundamental del capitalismo es de imponerse como el estado natural de las cosas, la “no hay alternativa” de la primera ministra británica Margaret Thatcher o la mítica “mano invisible” del neoliberalismo del “mercado libre” que no existe y nunca ha existido. De hecho, las experiencias desarrolladas por Cuba, Venezuela y Nicaragua comprueban no solamente la superioridad práctica de los procesos revolucionarios, sino también la esencia criminal del capitalismo. Esto se demuestra por una comparación entre el desempeño durante la pandemia del Covid-19 de los sistemas de la salud pública de Cuba, Nicaragua y Venezuela y los sistemas de salud en Norte América y Europa. Las diferentes respuestas de parte de Cuba, Nicaragua y Venezuela superaron por mucho el fracaso en la gran mayoría los países occidentales y en América Latina en términos de tratamiento temprano, cuido apropiado y medidas preventivas aplicadas.

Otro ejemplo en el caso de Nicaragua, es como el Sistema Nacional para la Prevención, Mitigación y Atención de Desastres ha demostrado de manera repetida la superioridad de un sistema cristiana, socialista y solidaria sobre los sistemas de defensa civil aun de los países capitalistas más ricos. El más reciente y más triste ejemplo de la inhumana criminalidad del sistema capitalista en este sentido ha sido lo de los trágicos acontecimientos en Hawaii en la ciudad de Maui donde han muerto más de mil personas como consecuencia de la falta de atención, prevención y coordinación de parte de las autoridades locales y nacionales. Ahora en vez de respaldar a la población y restituir sus condiciones de vida, se reporta que las autoridades locales están desalojando forzosamente a las familias, quitándoles sus propiedades bajo pretextos completamente espurios. Algo parecido ocurrió durante y después del Huracán Katrina que golpeó fuertemente a Nueva Orleans en Estados Unidos en 2005.

Estos y otros terribles acontecimientos son ejemplos extremos de la realidad inoperativa de las sociedades capitalistas las cuales encubren su cotidianidad disfuncional y la esencia criminal del capitalismo con constante guerra psicológica contra sus propias poblaciones. Nuestro comandante Daniel no exageraba cuando comentó una vez, “el virus más terrible que existe en el Planeta es el que provoca la Pobreza, porque está inoculado en los genes de los que dominan la Economía Mundial, bajo las premisas del Capitalismo, que parten del Principio de que sobreviva el más fuerte y no importa cuántos muertos deja en el camino. Ese es el Capitalismo Salvaje, el “sálvese quien pueda”, ese es el Capitalismo Salvaje, esa es la enfermedad más terrible que sufre el Planeta, la enfermedad del egoísmo, de una actitud insaciable por acumular a costa de lo que sea.”

La historia del mundo mayoritario en los últimos 500 años ha sido en gran parte una historia de la acumulación de la riqueza de parte de las élites occidentales a costa de incontables millones de vidas humanas destruidas por medio de la conquista genocida y la esclavitud. Esa historia se ha normalizado por las sociedades occidentales como si fuera una etapa ya superada. Sin embargo, la historia de los años desde la destrucción de Hiroshima y Nagasaki en 1945 está repleto con un ejemplo tras otro de las modalidades modernas de la acumulación de riqueza por medio del saqueo neocolonial. En la segunda mitad del siglo pasado se ha neutralizado las fuerzas emancipadoras en los países del mundo mayoritario, principalmente con el uso por las élites occidentales de golpes efectuados por las clases dominantes locales subalternas y sus militares.

En su libro “El capital odia a todo el mundo. Fascismo o revolución” el escritor italiano Maurizio Lazzarato ha escrito de esta “violencia fundadora” que expresó la criminalidad esencial del capitalismo occidental desde 1945 en adelante. Las dictaduras en Irán del Shah Reza Pahlavi, en Filipinas de Ferdinand Marcos, en Congo de Mobutu Sese Seko, en Indonesia de Suharto eran iguales o peores todavía que las dictaduras de Anastasio Somoza en Nicaragua, de la familia Duvalier en Haití, o de Rafael Trujillo en República Dominicana, por ejemplo. El golpe contra Joao Goulard en 1964 instaló una dictadura militar en Brasil que duró hasta 1985. El régimen fascista del General Pinochet duraba desde 1973 hasta 1990. La despiadada violencia de la oligarquía en Colombia respaldado 100% por Estados Unidos hundió ese país en guerra civil por más de 50 años.

Otros ejemplos abundan de esta violencia de que el objetivo central siempre ha sido la derrota categórica o, si fuera posible, la completa destrucción, de las fuerzas populares que defienden las mayorías empobrecidas y así garantizar la riqueza de las élites regionales y sus amos norteamericanos y europeos. Maurizio Lazzarato escribe, “Al borrar la ‘violencia fundadora’ del neoliberalismo, encarnada por las sangrientas dictaduras de América del Sur, cometemos un doble error político y teórico: nos centramos solo en la ‘violencia conservadora’ de la economía, de las instituciones, el derecho, la gubernamentalidad ‒experimentada por primera vez en el Chile de Pinochet‒ y presentamos al capital como un agente de modernización, como una potencia de innovación.”

Sin embargo, el fracaso del capitalismo nunca ha sido más evidente que ahora con la desesperada agresión por medio de las ilegales medidas coercitivas de los Estados Unidos y sus aliados contra Cuba, Nicaragua y Venezuela y decenas de otros países alrededor del mundo, incluyendo la Federación Rusa y la República Popular China. Aun así, las clases gobernantes en Estados Unidos y la Unión Europea para el momento han logrado normalizar su criminalidad al imponer sus criterios y prejuicios por medio de un sistema internacional de derechos humanos. Ahora ese sistema va quedando progresivamente sin credibilidad a nivel internacional porque sus estructuras e instancias van perdiendo legitimidad, especialmente la Corte Internacional Penal.

Muchos gobiernos del mundo mayoritario ven que Estados Unidos y sus aliados han brindado apoyo incondicional a los nazis en Ucrania, a los terroristas extremistas en Siria y a los fascistas asesinos en Venezuela y Nicaragua. Con sus políticas contra Cuba, Nicaragua, Venezuela, Irán, Siria, la República Popular Democrática de Corea, China y la Federación Rusa, el infame doble rasero entre la profesión de buena fe y buena voluntad del Occidente y la criminal actuación de sus gobiernos nunca ha sido más claro y genera cada vez mayor rechazo a nivel internacional.

Como ha escrito el Canciller de la Federación Rusa hoy en su artículo “El BRICS: rumbo a un orden mundial justo”: “Los intentos del Occidente colectivo de revertir dicha tendencia, para conservar su propia hegemonía tienen el efecto contrario. La comunidad internacional está cansada del chantaje y de la presión por parte de las élites occidentales, así como de sus maneras coloniales y racistas.” Sin embargo, por lo menos en América Latina, la respuesta de la oligarquía norteamericana y sus aliados en América Latina ha sido de hundir sus poblaciones en interminables campañas de abuso psicológico que infunden la ignorancia, la confusión, el miedo y el odio. Así sostienen una especie de apoyo electoral que llaman democrático para programas políticas que muchas veces son incapaces de defender los derechos fundamentales de sus poblaciones.

En muchos países en América Latina y lo demás del mundo, el modelo de la democracia representativa ya no funciona. Se eligen presidentes incapaces de implementar sus programas, porque no tienen una mayoría legislativa. Por ejemplo, en Guatemala, Bernardo Arévalo acaba de ganar una elección nacional con solamente 26% del electorado (58% de 45% del electorado que votó) y con solamente 23 escaños en una legislativa de 160 diputados. La situación puede ser un poco diferente en Ecuador como resultado del balotaje a venir en Ecuador entre Luisa González y Daniel Noboa. Pero aun si gane la candidata de la Revolución Ciudadana, tendrá mucha dificultad para implementar su programa legislativa.

En América Latina son las revoluciones de Cuba, Nicaragua y Venezuela y sus aliados de la Alianza Bolivariana de nuestras Américas que apuntan a un futuro mejor como socios activos del nuevo mundo descrito por el Canciller Serguei Lavrov quien comenta en su artículo: “El modelo del desarrollo internacional basado en la explotación de los recursos de la mayoría mundial en aras del mantenimiento del bienestar de “los mil millones de oro” ha quedado irremediablemente obsoleto, por no reflejar los anhelos de toda la Humanidad.” Y como dijo nuestro comandante Daniel cuando asumió la banda presidencial en enero 2022, hablando de Estados Unidos y la Unión Europea,” …son ellos mismos los criminales. No han perdido su esencia colonialista, su esencia esclavista, y no se dan cuenta que los Pueblos perdieron el temor, perdieron el miedo y hoy luchan y resisten con Dignidad.”