Managua. Por Rosario Murillo, Copresidenta de Nicaragua.

Declaraciones al mediodía del miércoles 5 de noviembre a través de Multinoticias del Canal 4 de televisión.
Excelentes días, días de triunfos del pueblo nicaragüense, que quiere paz, que venera la paz, que celebra la paz. Porque la cuidamos, porque sabemos defenderla, como el patrimonio esencial de nuestra cultura de la vida cotidiana.
Hoy es jueves 5 de noviembre y se cumplen 20 años de la histórica victoria que convirtió nuevamente al pueblo nicaragüense en Pueblo Presidente, en unas elecciones de enorme trascendencia y significado, porque el pueblo recuperó el estado y el gobierno, para avanzar contra la pobreza impuesta, para avanzar e ir creando, generando, los triunfos que merecemos, los triunfos de la paz y el bienestar, que tanto nos cuestan, y que son nuestros, en todos los ámbitos.
Recuperamos el derecho a la gratuidad de la educación.
Recuperamos el derecho a la gratuidad de la salud.
Recuperamos el derecho a ser como somos, pueblo cristiano, fraternal, socialista, solidario, que cree, que avanza, desde el bien común.
Recuperamos el derecho a abrir nuevos y mejores hospitales. A mejorar todo el sistema educativo nacional. A crear universidades Pueblo-Presidente, centros técnicos Pueblo-Presidente, en todo el país, para que nadie se quede sin estudiar en cualquiera de las modalidades, y graduarse en cualquier carrera de su libre escogencia.
Recuperamos el derecho a tener energía en nuestros hogares, en nuestros trabajos. A trabajar, porque “hay luz”, como decíamos antes. A vivir con energía, a avanzar con energía. Avanzar y a vivir con mejor servicio de agua y saneamiento. A ampliar nuestras telecomunicaciones con tantas tecnologías.
Recuperamos el derecho a construir y entregar más viviendas, muchas viviendas, para las familias. A llenar nicaragua de excelentes carreteras y puentes que nos comunican y nos acercan más y más. Y ahora también, puertos y aeropuertos. A entregar más calles, más aceras, más espacios para la vida, para el trabajo, para la recreación. Más mercados dignos entre esos espacios que son para el trabajo y la vida. Más parques de ferias para los emprendedores. Más y más en todos los ámbitos.
Recuperamos el derecho a vivir plenamente nuestra historia grandiosa, nuestra fe, nuestra cultura, nuestro arte, nuestras tradiciones, nuestros patrimonios, nuestras lenguas, nuestra autonomía en las regiones del Caribe Norte y Sur.
Recuperamos el derecho a sentirnos contentos y orgullosos todo el tiempo, de ser nicaragüenses, bendecidos por la gracia de Dios.
Recuperamos el derecho a venerar a nuestro Dios, a nuestros santos, a nuestra Madre María, y a honrar, sin subterfugios, a nuestros Héroes y Mártires, padres, cada uno de ellos, de esta revolución del amor.
Recuperamos el derecho a vivir nuestra independencia, nuestra soberanía, nuestra dignidad nacional, a vivir el patrimonio heroico de nuestro General Sandino, de nuestro General Zeledón, y de todos los que nos legaron la patria libre y bendecida.
Recuperamos los derechos de las familias, de l@s niñ@s, de la juventud que hoy es presidente. Todas y todos somos presidentes. ¡Todas y todos somos Daniel! Los derechos de las mujeres que estamos actuando como protagonistas, mujeres con poder, en todas las esferas de la sociedad, a la par precisamente de nuestros compañeros varones, en las rutas incontestables de bienestar que todas juntas vamos alcanzando.
Recuperamos el derecho a la unión, que es la fuerza, y a visibilizar esa fortaleza de nuestra unidad, de nuestra reconciliación y unidad nacional, que ha marcado la potencia y el poder grandioso de estos tiempos de victorias. Victorias, sobre todo, de la concordia, de la armonía, de la tranquilidad, de la seguridad, de la paz.
Recuperamos el derecho a soñar, a vivir y realizar nuestros sueños, los sueños desprendidos y generosos de nuestra sangre santa, de nuestros Héroes, de nuestros Mártires, de nuestros generales, de nuestros próceres. Los sueños que sienten y ven realizados nuestras juventudes.
Recuperamos el derecho a seguir soñando, en libertad, dignidad, fraternidad. Soñando y creando. Soñando y haciendo. Soñando y siendo, como somos, este pueblo valiente, heroico, de nuestros caciques vibrantes, de Sandino, de Carlos, de Tomás, de Daniel. ¡Todos somos Daniel!
Recuperamos el derecho de ser, el derecho de hacer y vivir la plenitud de la paz que custodiamos con toda la energía de nuestros infinitos corazones.
Recuperamos el derecho de alejar las malas energías, las malas vibraciones, las malas lenguas, los malos instintos, las maldades, las perversidades, la perfidia, y comprendimos el sentido del “apatridismo”, los que no tienen patria, aquellos que no tienen patria, porque no aman, porque no saben amar, porque sólo saben imitar a quienes a lo largo de la historia, historia terrible, vendieron sus almas, y hoy, aquellos y estos apátridas, sin patria, son únicamente referencia de una obsoleta, caduca, vieja y superada historia.
Recuperamos el derecho al orgullo de ver, de saber, de creer, de caminar, siempre con Dios, siempre adelante, Siempre Más Allá, en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, que viven y reinan en esta Nicaragua revolucionaria y evolucionaria, de fe, de confianza, de amor y paz. Nicaragua de esperanza, para la esperanza.
Recuperamos el derecho a tener las mejores relaciones posibles con todos los pueblos del mundo, y a entendernos en el lenguaje de hoy, y de mañana, ese idioma que nos permite andar, andar, andar, como Caupolicán, con visión y convicción de futuro.
Recuperamos el derecho a hablar del mundo mejor, y no sólo a hablar, sino a imaginar, concebir y construir ese mundo mejor que todos los pueblos merecemos.
Esta es nuestra Revolución. Esta es la vida en amor cristiano. Esta es la gran fraternidad, la gran hermandad de un pueblo que sabe luchar por la paz y que sabe vencer con el olivo de paz.
En estos tiempos que agradecemos a Dios, tiempos milagrosos, tiempos portentosos, tiempos poderosos, porque brilla la paz. En estos tiempos de alegría, más allá de todas las miserias, propias del egoísmo, de la avaricia, de la vanidad, vanidad de vanidades, propias de esa perdedora perspectiva de omnipotencia. Porque al ser humano no nos compete, no reconoceríamos a Dios, que es el único omnipotente y grande.
Más allá de todas las bravuconadas, las mentiras, las falacias, los falsarios y falsarias. Más allá de todas esas expresiones de indignidad, porque ser mentiroso, vivir de mentira en mentira, ser bravucón y creerse omnipotente. ¿Qué es? El intento de falsificar, el intento de quienes sólo saben de sí mismos, y es que, ni son, ni pertenecen.
Más allá de todos los intentos de denigrar, de calumniar, de desacreditar, de inventar destrucción y maldición. Más allá, como decíamos, de la vanidad de vanidades, y todo ciertamente es vanidad. Más allá de ese mundo escalofriante de la grave enfermedad del odio, padecimiento terrible. ¡Aquí Nicaragua libre! ¡Aquí Nicaragua libre! Aquí Nicaragua libre, donde florece más y más el amor, la esperanza, la certeza y los triunfos de un pueblo noble, bueno, trabajador, humilde y sencillo, que sabe reconocer el gran poder de Dios, agradecer a Dios. Un pueblo que merece, porque merecemos, lo mejor.
Dios bendice a esta Nicaragua Suya, y aquí, aquí, en esta Nicaragua suya, seguimos defendiendo y consolidando la paz, encaminados hacia más y más bienestar y derechos para las familias.
Sabemos, lo vemos, lo sabemos, que la maldad no es permisible. La maldad maldice al que la practica. La maldad destruye, embrutece, amarga, afea, y conduce al ridículo y al absurdo. Vemos rostros descompuestos de personajes que alguna vez fueron alguien, y ahora apenas son sombras, reducidas por su propio fracaso. La maldad es derrota. La perfidia es pérdida.
El amor y la paz nos liberan a todos. El amor y la paz son grandeza, grandeza de alma, grandeza de espíritu.
¡Que viva nuestra Nicaragua de amor en grande, de fe, de confianza en Dios! ¡Siempre Más Allá!
Aquí, en esta nuestra Nicaragua libre, todas y todos somos Carlos, somos Tomás, somos Daniel.
Vamos adelante, compañeros, Siempre Más Allá, todos juntos, construyendo el porvenir que queremos, por el que hemos luchado tanto. El porvenir que merecemos.