París. Por André Fadda, (*) especial para Radio La Primerísima

2023 ha sido un año letal: 14 personas ya han sido asesinadas por negarse a obedecer las órdenes o humillaciones de la policía. Las revueltas que sacuden toda Francia son un grito de ira, de rabia, de rebelión, que exige justicia. Las revueltas son legítimas; la gente sale a la calle para decir ¡”basta ya!” al asesinato de la juventud.
Los 2 principales sindicatos policiales (Alliance, UNSA) y algunos medios de comunicación en manos de los oligarcas y a las órdenes de Macron, intentan mancillar la memoria del chico asesinado haciéndole pasar por culpable.
Y lo más grave desde el domingo, es que estos sindicatos policiales sacan un comunicado llamando a la sedición y a la guerra civil contra una parte de la población. Dicen estar “en guerra” contra “las plagas”, y “hordas salvajes”. Llaman al “combate porque estamos en guerra”. “Mañana, estaremos en resistencia, y el gobierno tendrá que asumirlo” y advierten al gobierno de que, “cuando llegue el momento, estaremos en acción”.
En Francia tenemos una policía que vota en su mayoritariamente al fascismo (60%), al partido de la extrema derecha que encabeza Marine Le Pen.
Una policía fascista, racista, de gatillo fácil, que se cree que puede hacer lo que les viene en gana como en Estados Unidos, como por ejemplo matar sin escrúpulos a ciudadanos por el solo hecho de ser negro, árabe, o simplemente no pararse en un control o por tratar de que le respeten a uno. Una policía arrogante, envalentonada por años de impunidad, que reprime con saña y sanguinariamente a manifestantes, que arrastra a mujeres por los pelos mientras disuelven a porrazo y pelotazo concentraciones y protestas sindicales, una policía que MATA!
Este asesinato dice mucho de las prácticas policiales que venimos observando y sufriendo desde hace años y ahora particularmente bajo Macron.

Ningún joven se siente seguro
La reacción de ciertos “sindicatos” policiales, colonizados por el fascismo, apoyando al asesino, es escalofriante y dice mucho de la ideología que reina en esta misma policía. Las reacciones y el silencio de los medios de comunicación confirman que la policía se ha convertido en un peligro para los ciudadanos.
Aquí en Francia, llevamos años acostumbrados a esta accionar represivo, que pretende normalizar la injusticia y acusar a quienes se levantan y resisten.
Aquí ningún joven puede sentirse seguro cuando el poder legitima esta retórica y relativiza actos racistas, violencia policial y terrorismo patronal.
Aquí se ha instaurado desde hace años un racismo de Estado. Y un gran número de jóvenes de origen emigrante de tercera, cuarta generación, son estigmatizados y discriminados.
Actualmente, la inmensa mayoría de los jóvenes, sobre todo los de los barrios proletarios, saben perfectamente que podrían haber estado en el lugar de Nahel y que podrían estarlo en el futuro.
Los barrios proletarios y más allá, todo el abanico de la resistencia al macronismo, se ha levantado frente a este crimen. Este levantamiento NO es espontáneo.
El asesinato de Nahel, y la de otros muchos, es producto de la política de represión cada vez más marcada por el fascismo. Esta represión es cotidiana en barrios donde la pobreza, la precariedad y el paro bloquean categóricamente el futuro de la juventud. Y si encima los jóvenes son árabes, musulmanes, negros, pobres, pues se les aplica la doble “pena”.
Este nuevo asesinato ha puesto de manifiesto las tensiones que siguen siendo muy fuertes en los barrios proletarios de Francia. Tensiones que van más allá de la violencia policial y están relacionadas con las injusticias y discriminaciones que se sufren a diario.
Esclavitud mal disimulada
Este gobierno, como los anteriores, vienen destruyendo los derechos laborales y sociales de los trabajadores y pretende que los pobres trabajen gratis, implementando el trabajo forzoso legal, conocido aquí como el RSA, o por unas migajas, por debajo de los convenios colectivos, y con contratos precarios.
En los barrios obreros, las relaciones entre la policía y la población, especialmente los jóvenes, son conflictivas y discriminatorias. En estos últimos 20 años se ha comprobado que los hombres jóvenes percibidos como árabes o negros tienen 20 veces más probabilidades de ser parados y controlados por la policía que los demás.
En 2017, el gobierno “socialista” de François Hollande, a través de su ministro del Interior, Cazeneuve, flexibilizó la Ley de Uso Policial de Armas de Fuego. Un auténtico permiso de matar.
El accionar policial contra la delincuencia (tráfico de drogas, armas, animales exóticos) en los barrios obreros de cualquier ciudad francesa se ha cebado contra el conjunto de la juventud de origen inmigrante. La represión altanera, racista, violenta, impune, fascista, es desde hace años la única respuesta ejercida por el Estado en los barrios proletarios.
Desde hace años los sindicatos, los colectivos antirracistas, las asociaciones comunitarias, las asociaciones de ayuda alimentaria y los ayuntamientos comunistas llevan exigiendo al Estado a que se acabe ya con tanta impunidad. Exigen que se cree un órgano de control independiente que sustituya a la dirección de Asuntos Internos de la Policía (IGPN), malacostumbrada a acuerpar a los policías violentos y que se ponga en funcionamiento una plataforma en línea para enviar imágenes y vídeos de posibles actos de violencia policial. Se exige igualmente que los servicios de prevención especializados eliminados por gobiernos anteriores, regresen a los barrios con la contratación masiva de educadores de prevención cualificados y formados (conocidos como “educadores de calle”) para prevenir los conflictos entre los jóvenes, y entre los jóvenes y el resto de la población, y proporcionar apoyo educativo.

Juventud abandonada y marginada
Es importante recalcar que la exclusión social de la juventud pobre y precaria de estos barrios proletarios es el resultado de las políticas implementadas por los gobiernos tanto del “socialista” François Hollande como los de derechas. En nada se han ocupado de esta juventud. Mas aun, han contribuido a su marginación.
Las políticas neoliberales implementadas por estos gobiernos junto a la patronal, han ido destruyendo los servicios públicos de proximidad, y en primer lugar la educación, que ha sufrido estos últimos años recortes laborales tanto en medios humanos como materiales, afectando de manera importante a los centros educativos más desfavorecidos y socavando los programas escolares.
No hay que olvidar tampoco los otros servicios públicos que han ido desapareciendo de los barrios proletarios, lo que ha generado desde hace años un legítimo sentimiento de abandono. Barrios enteros permanecen aislados por falta de transporte público accesible, médicos y hospitales locales. Miles de viviendas de esos barrios están muy deterioradas, y muchas de ellas en condiciones de insalubridad, lo que agudiza el sentimiento de exclusión social.
Lo mismo pasa con el acceso al empleo. Para una mayoría de estos jóvenes, ningún acceso a la formación profesional, para unos cuantos, trabajo precario con contratos de las ETT’s y para la gran mayoría, el barrio se ha convertido en un “apartheid social”. Los distintos gobiernos, sean “socialista” o de derechas, llevan años negándose a implementar un gran plan de inversiones en escuelas, transportes, sanidad, vivienda y empleo.
En los últimos años, todas las asociaciones comunitarias han sufrido recortes en las subvenciones y controles cada vez más estrictos bajo el pretexto de respetar los principios republicanos.
(*) Andrés Fadda es sindicalista de la CGT francesa.