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El nacionalismo gana terreno en todo el mundo

Nueva Delhi. Por Zoya Hasan (*), Outlook (Editorial Perspectivas).

El nacionalismo gana terreno en todo el mundo Nueva Delhi. Por Zoya Hasan (*), Outlook (Editorial Perspectivas).

Últimamente se ha producido un claro giro hacia el nacionalismo en todo el mundo. La reelección de Narendra Modi para un tercer mandato en junio de 2024 y el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca tras ganar las elecciones presidenciales a Kamala Harris en noviembre de 2024 forman parte del cambio político masivo que ha tenido lugar en la última década.

Entre 2016 y 2021, el mundo ha sido testigo de un cambio significativo en el panorama político global, marcado por el auge de ideologías y movimientos nacionalistas con partidos de derechas que han llegado al poder en varios países, entre ellos en Europa, América del Norte, América Latina y Asia. Dos de las mayores democracias –India y Estados Unidos– tienen líderes nacionalistas al timón. Las tendencias políticas en lugares como Hungría, Austria, Italia, Francia, Países Bajos, Turquía, Brasil y Argentina forman parte de esta transformación, con ideologías nacionalistas ganando terreno en muchos de estos países y formando gobiernos.

El ascenso del nacionalismo se inscribe en un contexto global. Las circunstancias sociales, políticas y económicas en las que diferentes países, desde el norte global hasta el sur global, fueron testigos de un auge del nacionalismo revelan ciertos puntos en común. La crisis financiera mundial de 2008 puso de manifiesto las vulnerabilidades del capitalismo neoliberal. Tras la crisis financiera, hubo una expectativa generalizada de que proporcionaría un terreno fértil para el resurgimiento de la política progresista. No ha sido así. Tanto el liberalismo como los progresistas están ahora en retirada en la mayor parte del mundo. En cambio el nacionalismo cobró impulso después de 2008 y ha sido significativamente más influyente en la era posterior a la crisis. El enorme giro al nacionalismo plantea la pregunta: ¿por qué?

Economía e identidad

Las razones más importantes tienen que ver con cuestiones económicas y de identidad. Más concretamente, su propagación mundial está relacionada con la crisis del neoliberalismo –flujos financieros desregulados, servicios privatizados y desigualdad social creciente– que socava esencialmente el nivel de vida de la mayoría de la población. Esto es cierto no sólo para India, sino para el mundo capitalista de posguerra en su conjunto. Los políticos nacionalistas han sabido aprovechar la desilusión y el descontento de los ciudadanos ante las desigualdades de los sistemas políticos y económicos vigentes.

El énfasis del neoliberalismo en el individualismo y el libre mercado ha facilitado un giro al nacionalismo, a medida que los individuos se centran más en sus propios intereses económicos. Esto ha llevado a un mayor énfasis en la desregulación y la privatización, acelerando la erosión de las instituciones públicas, a medida que las corporaciones y los grupos de intereses especiales ganan más influencia en la formulación de políticas.

Una de las principales consecuencias es el fuerte aumento de la desigualdad de ingresos dentro de los países, que se ha intensificado drásticamente en las dos últimas décadas, especialmente en los países industrializados avanzados y también en India.

Según el Laboratorio de Desigualdad Mundial, en la India, el 1% más rico de la población que poseía el 6% del ingreso nacional en 1982, aumentó al 22,4% en 2022–23, lo que es más alto que en cualquier otro momento de los últimos cien años.

Sin embargo, los partidos mayoritarios no han prestado suficiente atención al papel de la crisis económica, la desigualdad y la ralentización del ritmo de creación de empleo a la hora de alimentar el movimiento concertado hacia el nacionalismo. El debate político se ha centrado esencialmente en cuestiones socioculturales, haciendo mucho más hincapié en la importancia de los valores culturales que en los socioeconómicos a la hora de configurar el comportamiento político. Esto ha llevado a un consenso emergente según el cual el éxito de los partidos de derechas es básicamente una «reacción cultural» impulsada por el nacionalismo y los agravios culturales.

Inmigración y minorías

Esto sugiere un movimiento general hacia el nacionalismo, que se ha enfrentado a poca resistencia por parte del centro o la izquierda, incluso cuando estas ideologías están impregnando el terreno dominante debido a la debilidad ideológica de los partidos liberal–demócratas y de los partidos de centro e izquierda.

Estos partidos han adoptado a menudo planteamientos similares a los de la derecha en materia de inmigración y minorías, por ejemplo. Obligados por devastadoras derrotas electorales, algunos partidos de centro-izquierda de la India –por ejemplo, el Partido del Congreso– han empezado a desarrollar nuevos programas ideológicos, dando prioridad a la igualdad económica y la justicia social, pero siguen siendo incapaces de adoptar una postura clara sobre el comunitarismo y los derechos de las minorías en detrimento de los prejuicios mayoritarios, o, por ejemplo, contra el nacionalismo en Dinamarca.

La política nacionalista no es un fenómeno nuevo, pero lo que ha cambiado significativamente es que las opiniones nacionalistas han pasado al centro del escenario y ahora se consideran normales. Nadie personifica mejor la integración y normalización del nacionalismo que el Primer Ministro Narendra Modi. En la India y en el extranjero se le considera un líder moderno, dinámico y fuerte, que pasa por alto su historial de aplicación de un programa de derecha radical en su país. Rara vez se le describe como un líder de derecha radical durante sus frecuentes viajes por el mundo. Nadie en la India lo describe como un líder de derecha radical, a pesar de que ha participado en la política hinduista durante toda su carrera y está estrechamente vinculado a la Rashtriya Swayamsevak Sangh (RSS, organización paramilitar​ nacionalista hindú, ​ conformada por voluntarios, la cual es ampliamente considerada como la organización que dio origen al partido gobernante en India, el Partido Popular Indio), que ha sido prohibida tres veces en su historia, pero que ahora está completamente normalizada.

Un factor clave en este proceso ha sido la manipulación y politización de la identidad. Los políticos nacionalistas han explotado a menudo el agravio histórico para movilizar el apoyo a sus programas y a la política del odio, la demonización y la «otredad» de un grupo religioso minoritario. Señalan al «otro» o al «extranjero» como la causa última de los problemas cotidianos.

La islamofobia –alimentada por las estrategias imperialistas en Oriente Próximo, donde Occidente sigue acampado como señor supremo, y por el nacionalismo hindú en la India– se ha añadido a este paquete que identifica a las minorías como la causa de los problemas subyacentes. Estos desafíos identitarios han interactuado con los desafíos económicos en la producción de un clima de miedo y ansiedad, que ha proporcionado condiciones favorables para el crecimiento del nacionalismo. Ha provocado el resurgimiento del sentimiento antiminorías en muchos países.

El resentimiento por la inmigración ha agravado aún más estos sentimientos en Europa y Estados Unidos. En el pasado, los inmigrantes que llegaban a Europa y los ucranianos que actualmente huyen a Occidente no se consideraban una amenaza para la identidad o la seguridad nacionales. Más bien, su migración se veía como una huida hacia la libertad y la democracia. Pero ahora, a los refugiados y solicitantes de asilo procedentes de países musulmanes se les relaciona con el yihadismo y el terrorismo porque no son blancos, «y no son de los nuestros».

Líderes fuertes y carismáticos

Otra característica del giro al nacionalismo es la llegada de hombres fuertes, poderosos líderes carismáticos que se oponen firmemente al statu quo y a las élites asociadas a él, y que afirman que pueden solucionar todos los problemas que aquejan a la nación. Esencialmente, apelan a las preocupaciones económicas y de identidad de amplios segmentos de la sociedad mediante una retórica altamente divisiva unida a un fuerte elemento de nacionalismo excluyente que incita a la ira contra los inmigrantes y las minorías en las elecciones para asegurarse más votos. La raza, la religión y la identidad nacional pasan a formar parte de la estrategia de los líderes populistas, que tratan de ganarse el apoyo de las masas mediante un proceso de intensa polarización social y política.

Otros dos factores políticos han facilitado la generalización de las opiniones nacionalistas. Uno es la desunión de los partidos de la oposición en los sistemas multipartidistas de Europa e India, donde el voto de la oposición se distribuye entre varios partidos que no son nacionalistas. La segunda es la aceptación del orden económico y político neoliberal por parte de gobiernos de todos los colores políticos de acuerdo con el dictado de que “no hay alternativa”. Esto ha creado oportunidades para que los políticos nacionalistas llenen el vacío y capitalicen el descontento popular.

Desde el punto de vista político, una marca familiar del giro al nacionalismo es el mayoritarismo, que surge como un desafío fundamental para el pluralismo, la protección de los derechos de las minorías, el Estado de derecho y la separación de poderes, principios fundamentales de la democracia liberal. La mayoría de los líderes nacionalistas son elegidos en elecciones normales, pero quieren que la mayoría haga prácticamente lo que quiera en el contexto del argumento de que «tenemos el mandato» y cualquiera que discrepe es visto como una amenaza para la nación.

Una vez en el poder, utilizan el poder del Estado para reprimir a todos los opositores y críticos del régimen, socavan el sistema político erosionando las instituciones democráticas y desmantelando los mecanismos de control y equilibrio que constituyen los pilares centrales del sistema. Para ellos, la dimensión electoral es importante, mientras que las demás dimensiones críticas de la democracia se vacían de contenido.

Incluso las dimensiones electorales pierden su importancia a medida que el partido dominante socava cualquier tipo de oposición mediante restricciones a la libertad de expresión, oposición, prensa y medios de comunicación. Significativamente, los líderes nacionalistas siguen justificando su posición con referencia a su éxito electoral. Pero el problema es que utilizan su poder electoral para conducir los sistemas políticos en una dirección autoritaria, como ilustran las recientes experiencias de Hungría, Polonia, Turquía e India.

Los resultados de las elecciones parlamentarias de 2024 en India, Sri Lanka, Francia y Reino Unido muestran un importante descontento de los votantes con la derecha, lo que indica que su triunfo no está grabado en piedra y que puede ser derrotada si las fuerzas de la oposición se unen en coaliciones contra ellas. Los votos en contra de los partidos de derechas son sustanciales también en varios otros países. Para reforzar esta tendencia, los partidos de la oposición no pueden permitirse ser menos radicales a la hora de criticar el sistema, y deben ser más coherentes en su oposición al mismo. Eso significa que es esencial promover alternativas inclusivas, equitativas y democráticas que den prioridad a los derechos humanos y la justicia social, y que proporcionen a la población derechos económicos fundamentales, junto con el debido reconocimiento de los derechos de las minorías. Esto determinará la calidad de la democracia sustantiva en India y en el resto del mundo en los próximos años.

(*) Zoya Hasan es profesora emérita del Centro de Estudios Políticos de la Universidad Jawaharlal Nehru y autora de Democracy on Trial: Majoritarianism and Dissent in India (La democracia a prueba: Mayoritarismo y disidencia en la India).

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