
El 17 de octubre de 1977 es una fecha crucial en el inicio de la Ofensiva General del FSLN para derrocar a la Dictadura Somocista.
Ese día, escuadras guerrilleras atacan al Cuartel de Masaya y en diferentes acciones en Managua y Tipitapa, caen combatiendo valiosos cuadros del FSLN.
En el asalto al cuartel de Masaya, caen combatiendo Israel Lewites, Juan Carlos Herrera, Norman de Jesús López Porras, Rolando José López Porras, Juan Maximiliano Somarriba, Manuel Sánchez García, Juan José Pérez y Francisco Castellón; tres personas caen presas.
Más tarde, luego de ser capturado es asesinado el Profesor Asunción Armengol Ortiz “Choncito”, ejemplar Militante del Barrio Indígena de Monimbó de Masaya.
Cerca de Tipitapa, cae el Comandante Pedro Arauz Palacios.
En las inmediaciones del Instituto Maestro Gabriel y el barrio San Luis, caen los cuadros dirigentes del FSLN Carlos Arroyo Pineda y Róger Langrand Hernández.
Cerca del Cine Cabrera en Managua, caen las compañeras Martha Angélica Quezada y Genoveva Rodríguez, y en el Barrio Larreynaga cayó la compañera Flor de Liz Robles.
“Fermín”, un arroyo de arrojo y consecuencia
Este martes se recuerda el 46 aniversario de la caída en combate de Carlos Arroyo Pineda “Fermín”, durante un enfrentamiento con la genocida Guardia Nacional un 17 de octubre de 1977, en el barrio San Luis en el Distrito Cuatro de Managua.
Los habitantes del lugar relataron que “Fermín” junto a otro guerrillero Roger Langrand, se dirigían a una reunión en Ciudad Jardín, pero cuando se desplazaban de los semáforos de la Tenderí una cuadra al norte fueron detectados por una patrulla de la guardia.
Los esbirros a bordo del BECAT atacan el vehículo y asesinan a Róger Langrand. Carlos Arroyo logra salir del carro y herido de una pierna se dirige hacia el este sobre la calle del Colegio Maestro Gabriel. Lanza una granada de fragmentación para repeler a la Guardia, ganando tiempo y distancia.
“Fermín” logra correr hasta un predio baldío y sube a la copa de un árbol de mango, junto al techo de una vivienda y resiste heroicamente los ataques de los guardias.
A pesar del combate desigual, los militares piden refuerzos y llaman a la Fuerza Aérea para que realice un ataque desde el aire. Arroyo logró resistir, pero finalmente cae abatido no sin antes gritar “Soy Carlos Arroyo Pineda del Frente Sandinista de Liberación Nacional”, ¡Patria Libre o Morir!”. Para los genocidas no era suficiente: ya en tendido en el suelo, continuaron ametrallando su cuerpo.
Relata Margine Gutiérrez, que Carlos, “inteligente y brillante como era doña Norma Arroyo, vislumbró con certeza el valor y la consecuencia del sacrificio de su hijo Carlos Arroyo: tu muerte no bastó para callar tus ideales; tus sueños y tus luchas siguen adelante. Una frase salida de su corazón dolido que sigue hoy más vigente que nunca. Y así, también hizo suya nuestra memorable proclama «no te lloro, te imito en el combate» y ante su féretro gritó, «No te lloró, te rindo homenaje».
Su hermano, Álvaro Arroyo dijo que “Él siempre fue devoto de la preparación que el joven tiene que tener, no de la improvisación. Su ejemplo se convierte en un legado importante digno de estudio. Todo su accionar giraba alrededor de su preparación dentro de los cánones que te hacen ser un sandinista. Nunca se divorció de su sandinismo, de lo que Sandino nos enseñó con su gesta, y conjugó la teoría revolucionaria aplicada. Eso es lo que lo llevó a comprender de manera muy diáfana lo que significaba hacer revolución. El joven tiene que rescatar esos valores, esos principios, esas prácticas de prepararse para enfrentar nuevos tipos más sofisticados del enemigo. Ahora se aplica una serie de formas de agresión, y se está contrarrestando el accionar revolucionario de una forma más tecnológica. El joven se tiene que ir formando en la medida que surgen nuevas formas de agresión, para defenderse y seguir adelante, para enfrentar una nueva etapa de contrarrevolución, más allá de las armas. Eso va a llevar al joven a darle continuidad al proceso, que no acaba. Mañana nos tendremos que enfrentar, se tendrá que enfrentar el joven, a nuevos retos, y tendrá que estar preparado para ello. Hombres como Carlos Arroyo Pineda nos dieron esa pauta, reforzar los conocimientos teóricos con la práctica revolucionaria”.