97.3 FM

Camilo, Monimbó y los Héroes de Los Sabogales

Masaya. Testimonio de Víctor Hugo Granados Martínez (Carlitos), Consejo de Comunicación y Ciudadanía.

No fallaremos, Francisco de Asís Fernández, 1978

A Camilo Ortega
No fallaremos.
Hay que cargar nuevamente
pero esta vez cuando apuntemos
en mi ojo cerrado estaré yo
con el alma en un hilo
y en mi ojo abierto puesto en la mira
estará la última mirada de Camilo.

En el aniversario de la Masacre de Los Sabogales de Masaya, donde vivieron las dos familias que bajaron de la Montaña: compañera Natividad Martínez Sánchez (Conchita) y Ana Julia Picado Sánchez (Marlene), y donde cayeron masacrados nuestros hermanos Héroes de la Patria Sandinista, Comandante Camilo Ortega Saavedra, Arnoldo Quant y Moisés Rivera, el 26 de febrero de 1978, este es mi testimonio.

Casi a 9 horas para el día 25 de febrero de 1978, recibí la penúltima orden del Comandante Camilo Ortega Saavedra, para que fuera a encontrar y trasladar al “Chino” Arnoldo Quant, de Granada a Los Sabogales de Masaya. Camilo me dio la seña, para identificar al Chino, que venía de Costa Rica, por la ruta de San Carlos, Rio San Juan. Al carajo me lo encontré, sobre una vuelta de la calle que viene del Parque de la Estación rumbo al Este de Granada; ahí venía caminando el Chino. Le hice la seña y él me respondió con otra seña que Camilo me había dado. Entonces me incorporé a la par de él y desde ese momento comenzamos a platicar sobre la situación. Llegamos al Parque de la Estación como la 10:30 de la mañana y ahí decidimos esperar el bus que iba para Managua. Al fin abordamos el bus, y, nos bajamos en el Empalme de Las Flores y de ahí partimos a pie hasta llegar a la casa de Los Sabogales, donde nosotros los norteños estábamos viviendo.

Ataque al cuartel de Granada (La Pólvora)

El cinco de enero de 1978, el Comandante Camilo Ortega (Ramiro o Mundo), nos convoca a reunión, a los compañeros Porfirio Aguilar Guido (Manuel, sobrino de Amanda Aguilar), Hilario Sánchez (Claudio o Camión), y, su servidor Víctor Hugo (Carlito Matías Granados Martínez). En la reunión, el Comandante Camilo, nos explicó que pronto habría que atacar el cuartel de la ciudad de Granada, ya que el ataque al Cuartel de Granada, que se tenía previsto realizar en Octubre de 1977, no se pudo realizar, por el problema que la Guardia Nacional, ya tenía conocimiento de ese ataque; es decir, se filtró el plan que se tenía previsto (el que informó de dicho plan, fue un infiltrado que estaba en el FSLN y que era agente de la Oficina de Seguridad somocista (OSN); es decir, el infiltrado era el famoso “Chéster”). Por tal información que brindó Chéster al alto mando de la Guardia Nacional, el Comandante Camilo Ortega decide suspender dicho plan de atacar a La Pólvora. Solo se realizó el ataque al Cuartel de San Carlos, bajo el mando del Comandante José Valdivia Hidalgo (Silvestre).

El Comandante Camilo, nos orientó al suscrito (Carlito), y, al compañero Porfirio Aguilar Guido (capitán retirado del EPS, y que actualmente vive en Estelí); que fuéramos a levantar un croquis, de las posibles entrada y salida del Cuartel de La Pólvora. Así lo hicimos y levantamos el croquis con todos los detalles: calles, y caminos de acceso a dicho cuartel, tanto del Norte, como del Este y Oste de la ubicación del lugar que se iba atacar; y también dibujamos la distancia en que se encontraba ubicado el cauce que pasa cerca del cuartel. Una vez que hicimos el croquis, nos fuimos para la casa que se encontraba ubicada por el costado Oeste de Villa Somoza y costado Norte del Reparto Bartolomé, como a las 11 de la mañana. El croquis se lo entregamos en sus manos al Comandante Camilo Ortega.

Cómo el 15 de enero de 1978, el Comandante Camilo Ortega, le orienta al compañero Porfirio Aguilar Guido (“Manuel”), que se traslade con una correspondencia y encomienda, para la zona de El Sarayal, Jinotega. “Manuel” no volvió más. La encomienda y correspondencia, iban para el Comandante Francisco Rivera Quintero (Pánfilo, Enrique o El Zorro).

El plan de atacar a La Pólvora, ya estaba listo para realizarse desde 1977; por lo tanto, el Comandante Camilo Ortega, Benedicto Meneses, Raúl Venerio e Hilario Sánchez, trabajaron fuertemente en la logística, y en la ubicación y concentración del armamentos y recursos humanos, para atacar dicho cuartel. No olvido que en esa ocasión conocí compañeros que llegaron de Nagarote, La Paz Centro, Nandaime y otros lugares.

Al mando del Comandante Camilo

EL 2 de febrero de 1978 se realiza el ataque al cuartel de la Pólvora de la ciudad de Granada, acción que estuvo dirigida por el Comandante Camilo Ortega Saavedra. En dicha acción, participamos entre otros compañeros los siguientes: Hilario Sánchez Vásquez (Pedro, Orlando, Claudio o Camión), Edgar Guerrero (Danilo, Jorge, pero era más conocido como J.C.), Raúl Venerio (William), José María Alvarado Martínez (Chéster), Edwin Roberto Montenegro (Azul), Pedro Cantillano, Mario Alemán (Andresito, o Cusukito), Oscar Pérez Cassar (Gordo Pin), Benedicto Meneses, Marvin Palacios, Walter Ferreti (Chombito), Silvio Casco, Emilio Mena (Chacalote), Junne Mulligan, Mercedes Vargas y María Morales (esta última sirvió como apoyo) entre otros compañeros que no recuerdo sus nombres.

Todo el grupo que participó en ese ataque, el Comandante Camilo lo dividió en células con sus respectivos responsables, para que se ubicaran en diferentes puntos conforme a lo que se había levantado en el croquis. Por ejemplo al Comandante Hilario Sánchez Vásquez le tocó dirigirse con su célula en dirección a la salida de la ciudad de Granada hacia Managua; ahí había un puesto de la Guardia Nacional y a su servidor (Víctor Hugo Granados Martínez) le tocó quedarse en el Parque de la Estación de Granada. Ese punto le quedaba más cerca para trasladarse hacia la casa de seguridad donde vivíamos. De esa forma el Comandante Camilo Ortega distribuyó toda la fuerza insurgente de la Tendencia Tercerista.

Creo que el único que salió herido de ese combate fue el compañero Edwin Roberto Montenegro. Ese ataque al Cuartel de Granada, se realizó cinco meses después de la toma del cuartel de San Carlos, Río San Juan, que se realizó el 13 de Octubre de 1977; en este asalto salió herido el Comandante José Valdivia (Silvestre).

Traslado a Casa de Seguridad

Una vez que se realizó el ataque exitoso al Cuartel de Granada, el Comandante Camilo Ortega orientó que todo el armamento que se utilizó y lo que se recuperó, lo trasladaran a la casa donde se encontraba mi madre Natividad Martínez Sánchez. Ese traslado se realizó como entre 10 y 11 de la noche. Yo regresé a casa, como las diez de la noche.

Una vez que se terminó de trasladar y reconcentrar todo el armamento, en la Casa de Seguridad, donde nosotros vivíamos; el Comandante Camilo Ortega, nos orientó que nos quedáramos en el lugar y que resguardáramos el lote de armamentos que se había recuperado (en el lote de armamentos, había escopetas nuevas calibre 12, 16 y 20; había Carabina M1, Mauzer, UZI, Fal, granadas de fragmentación, entre otros), que días después fue trasladado a la ciudad de Managua.

Desde el día 3 de febrero de 1978, el General Somoza lanzó un comunicado por la Estación X, Radio Mundial, Radioinformaciones el “Decano”, y por otros medios de comunicación; que iba a realizar un peine por toda la ciudad de Granada para encontrar a los atacantes y el armamento recuperado. Todos los compañeros que participaron en dicho ataque se trasladaron ese mismo día para su zona: Managua, Masaya, Carazo, Nandaime, Nagarote, La Paz Centro, entre otros lugares de refugio.

Los niños Granados en Villa Somoza

Solo mi madre, Natividad de Jesús Martínez Sánchez (Conchita) y yo nos quedamos en dicho lugar por orientación del Comandante Camilo Ortega Saavedra.

Al escuchar mi madre y yo por la radio sobre el plan que tenía Somoza, que iba a desarrollar en Granada, mi madre y yo decidimos trasladar a mis hermanitos pequeños a otro lugar, para evitar una masacre masiva. Le comenté a mi madre, que yo tenía unos contactos, con unos colaboradores del FSLN que vivían en Villa Somoza, que estaba ubicada como a 800 metros de donde nosotros estábamos ubicados. Me fui yo a buscar a los colaboradores, que vivían cerca de un mini supermercado que había en esa Villa; hablé con la compañera colaboradora y me dijo que estaban dispuestos a cuidar a mis hermanitos, en caso que nosotros no viviéramos.

El día 4 de febrero de 1978, traslado a mis hermanitos, como las 8:00 de la mañana, a la casa de unos colaboradores que vivían en Villa Somoza. Trasladé a mis hermanitos a la Villa, mientras nosotros (mi madre y yo), resguardábamos el lote de armamentos. A mi hermanita Juana Bertilda Granados, que es la que me sigue a mí, le recomendé que cuidara del resto de hermanos y que tratara de ayudar en los oficios a los colaboradores que vivían en esa casa. Mi madre se había quedado llorando y cuidando las armas.

Regresé dónde estaba mi madre como las 8:40 de la mañana. A ella me la encontré llorando y me fui a su lado a darle ánimo, y a organizarnos para ver cómo podíamos defendernos de un posible ataque de la Guardia Nacional. Para ese tiempo, yo tenía 10 años de edad.

En posición de combate

Yo ya sabía manejar la Carabina M1 desde que estaba en la montaña de Bilampí, Zelaya Central. Le enseñé a mi madre a poner el magazín, a montarla, etc. Le entregué una granada de fragmentación que el Comandante Camilo Ortega e Hilario Sánchez, ya me habían enseñado a manejarla para tirarla; igualmente me habían enseñado a manejar las bazukas. Del lote de armas, yo agarré una subametralladora UZI, me gustaba por lo chiquita, cómoda y rápida.

Mientras Somoza lanza la operación de cateo, rastreo de casa en casa en Granada, nosotros ya estábamos listos y armados; estábamos dispuestos a morir, por defender el lote de armas, que era de mucha importancia para el FSLN, y para los compañeros que operaban en la montaña del norte. Estábamos listo a morir, por la liberación de Nicaragua, por derrumbar a Somoza.

Ya mi madre había tenido dos malas experiencias con la Guardia Nacional, en El Cuá-Bocay, en 1968; y en Kuskawás en 1974. En esos dos lugares ella había sufrido cárcel y torturas, junto a otras mujeres cocineras y colaboradoras del FSLN. Pues sí: estábamos decididos a todo en la Casa de Seguridad donde estábamos viviendo en Granada. Nos pusimos de acuerdo los dos en ubicarnos en diferentes puntos de la casa para atacar a la Guardia Nacional, en caso que ellos nos atacaran y llegaran hasta donde nosotros estábamos viviendo.

Mi tristeza era que muchos niños que vivían en la cuadra, jugaban mucho Rayuela, trompo, entre otros juegos que yo no recuerdo sus nombres. Nunca tuve la oportunidad de jugar con los demás niños.

Carta de Camilo

Llegó la hora de ubicarnos en los puntos que habíamos decidido. Teníamos encendida la radio y escuchábamos la ubicación de la Guardia para ejecutar el plan que ellos tenían planeado desarrollar. Llegó la noche del día 4 de febrero y nada de llegar la GN. Mi madre hacía la comida rápido y rápido ingeríamos la comida. Terminábamos de comer y continuábamos en nuestra ubicación de alerta de combate. Así pasamos el día 5 y 6, sin novedad.

El día 7 de febrero de 1978 recibimos una correspondencia del Comandante Camilo Ortega. Nos alegramos mucho por dos cosas: uno, porque la Guardia Nacional no había llegado hasta donde nosotros y dos, porque nos dimos cuenta que no estábamos solos, que no habíamos quedado abandonados con las armas.

Camilo en su pequeña nota escrita nos mandaba a decir que estaba orgulloso de nosotros, que estaba alegre porque sabía que estábamos vivos. Igualmente nos decía que no nos afligiéramos, porque pronto íbamos a estar juntos nuevamente.

Nosotros le mandamos a decir a Camilo, que estábamos contentos y alegres al saber de él y que nosotros solo estábamos cumpliendo con su orientación con mucha disciplina. Y que no se olvidara de nosotros en mandarnos a traer del lugar lo más pronto posible. Hasta por la noche del día 7 de febrero de 1978 la Guardia Nacional no había llegado hasta donde nosotros. Somoza mandó a parar la operación, no recuerdo por qué.

Cómo la 9 de la noche del día 7 de febrero, llegó una camioneta a retirar todo el armamento. Y el día 8 de febrero, mi madre me orienta que fuera a traer a mis hermanitos de donde yo los había llevado o trasladado a vivir. A la 7:30 de la mañana mis hermanitos regresaron a casa. Mi madre volvió a ponerse a llorar, pero esta vez, fue por felicidad de estar junto a sus hijos y porque ella estaba segura que íbamos a estar nuevamente junto a Camilo Ortega.

Como a la 1 de la tarde llegó otra camioneta para trasladarnos a vivir a la casa del empalme de Los Sabogales, de la ciudad de Masaya; ahí llegamos como a las 1:30 de la tarde. Nos esperaba con alegría el Comandante Camilo Ortega.

Así era Camilo Ortega

A Camilo lo conocimos a mediados de 1976 en la ciudad de Granada y fue él, quien me nombra como su correo. Era un compañero con una contextura física delgada, sólido, piel blanca, algo miope por naturaleza y con una formación cristiana. Además era muy amable, cariñoso y juguetón con los niños, con una sonrisa constante que nunca lo recuerdo amargado.

El Comandante Camilo era un compañero extraordinario y ejemplar en todos los sentidos, que siempre luchó y murió por la unidad de las tres tendencias del FSLN; siempre estaba coordinando actividades político-militares y pendiente de la situación de sobrevivencia de los compañeros de la ciudad y de la montaña; pendiente de la situación política y militar de nuestro país.

Era un hermano revolucionario que entregó su vida por la liberación de Nicaragua, un revolucionario inclaudicable y patriota.

No se me olvida cuando asesinaron al compañero doctor Pedro Joaquín Chamorro y cuando cayó el Comandante en Jefe Carlos Fonseca Amador el 8 de noviembre de 1976, el Comandante Camilo Ortega se echó a llorar y de enojado casi se salió a la calle a lanzar consignas revolucionarias. Eso era el compañero Comandante Camilo Ortega Saavedra.

Días después de la noticia de la caída en combate del Comandante Carlos Fonseca, el Comandante Camilo me cambia mi seudónimo de Antonio y me dice: a partir de hoy te llamarás “Carlitos”, ese será tu nuevo seudónimo de guerrilla.

El sutiabeño Hilario Sánchez

También a nuestra llegada a la casa del empalme de Los Sabogales, se encontraba el Comandante Hilario Sánchez Vásquez. Con este compañero nos conocimos días ante que conociera al Comandante Camilo Ortega. Lo conocí con el seudónimo de Pedro entre otros nombres.

Era una persona muy seria y de vez en cuando unas cuantas bromas, tenía su carácter. Hilario era de origen sutiabeño; de muy joven se entregó a la lucha de la clase obrera según él nos platicaba, nos identificamos bastante porque teníamos mucho parentesco fenotípicamente.

Hilario siempre estaba pendiente de su formación física y militar. Todos los días se levantaba a las tres de la madrugada a realizar ejercicio físico dentro de nuestra Casa de Seguridad. Tenía una contextura física formidable, es decir, estaba preparado para realizar cualquier misión guerrillera, y no digamos que él era capaz de dominar un combate de defensa personal. Le gustaba mucho la natación; era muy ágil para realizar las cosas.

También tenía mucho conocimiento de explosivos, profesional y artesanal. A mí y al compañero Edgar Guerrero nos ponía a fabricar algunos elementos o artefactos artesanales para ser usados en ataques contra la Guardia Nacional, pero nunca los usamos.

Entiendo que el compañero Hilario, nunca llegó a ser universitario pero tenía mucho dominio de la física y de la historia de Nicaragua, era un autodidácta, siempre lo miraba documentándose de la situación.

Claudio –a como también lo conocíamos– era políticamente el segundo al mando del Comandante Camilo Ortega hasta dirigir la Insurrección de Masaya; es decir, era un gran luchador revolucionario que nunca claudicó en las tareas que le encomendó la dirección del FSLN. Tenía unas convicciones muy firmes y decidido a dar su vida por la liberación de su pueblo a como en efecto así lo hizo.

Otro que se encontraba en dicho lugar, era Moisés Rivera. Este compañero era un extraordinario guerrillero de origen obrero y campesino, siempre andaba bromeando y sonriente, era muy dinámico. Se dedicaba a reclutar compañeros y buscar casas de seguridad. Él fue quien ubicó la casa de Los Sabogales. Coordinaba actividades con algunos cuadros de la Dirección del FSLN.

Una sorpresa

También recibimos en esa casa de Los Sabogales, una gran sorpresa: nos esperaba mi tía Ana Julia Picado Sánchez (Marlene) con sus hijos: Manuel Blandino Picado (Jacinto), José Aldo, Luis Antonio (Armandito) y Rosa Josefina Blandino Picado; todos eran hermanos de mi primo Facundo Blandino Picado (Martin o Ronaldo), que era el hijo mayor de esa familia. Actualmente mi tía Marlene vive en el barrio Francisco Moreno de la ciudad de Matagalpa. Mi madre, que tenía el seudónimo de “Conchita”, era la prima de mi tía Marlene, Rogelio, Beatriz, Martha Melecia Picado Sánchez.

Pues cuando llegamos a esa casa de seguridad de Los Sabogales, Camilo nos saludó y nos abrazó muy fuerte, como hermanos, al igual que el resto de compañeros. Nos abrazamos todos alegres.

Después nos dispusimos a rendirle informe al Comandante Camilo Ortega sobre nuestras últimas actividades en Granada y por último almorzamos todos como en familia. Camilo, como de costumbre, se reunió con Moisés Rivera e Hilario Sánchez.

Las primas agarraron la guitarra para la tertulia hasta más no poder contando las alegrías y penurias de la familia durante la lucha revolucionaria. Los hijos de las dos madres que habían sido trasladados de la zona de la montaña para la ciudad a realizar la labor de cuidar Casa de Seguridad y brindarle atención de alojamiento a los compañeros que pasaban de tránsito por Granada, entre otras funciones que realizaban. Los hijos de mi tía Ana Julia y de mi madre Natividad Martínez Sánchez (Adelaida del Rosario, Rosa Emilia, María Elena, Juan Matías, Juana Bertilda y su servidor Víctor Hugo Granados Martínez), se tiraron al juego hasta quedarse todos cansaditos. Yo era de muy poco jugar.

Una casa nada segura

La casa del empalme de Los Sabogales donde estábamos viviendo era insegura, estaba mal ubicada, era totalmente de madera, color blanco, con un solo dormitorio; una sala comedor, la cocina quedaba pegada al patio y en el mismo patio estaba el baño, un alambrado y matas de guineos.

En el lado Norte de la casa o en el frente había un palo de mango y más de frente se encontraba un plantío de yucal y quequisque.

En el Este teníamos una vecina que se llamaba Justina Palacios Castro que no tenía nada que ver con el FSLN. Esta señora se dedicaba a elaborar artesanías y era madre de cinco hijos, la mayor se llamaba María Teresa. Por cierto, le gustaba a mi primo Manuel Blandino Picado (Jacinto). Los otros hermanos de Teresa eran José Isidro, José Vidal, Verónica y Juancito que tenía un año, todo eran de apellido Jarquín Palacios.

Al costado Oeste vivía otra señora, en una de casa de paja con paredes de caña brava, que supuestamente era la madre de un miembro de la Guardia Nacional. La casa de nosotros (del FSLN) quedaba entre estas dos vecinas.

El agua la acarreábamos del otro lado de la carretera pavimentada, en la casa teníamos enseres de cocina, dos cocinas Tropigás, 4 tijeras (camas), 5 petates para dormir, un juego de sala, un gran equipo de comunicación que lo usaba Camilo para comunicarse con los demás compañeros; entre otras cosas.

También en esa casa nosotros –que éramos adolescentes– todas las tardes nos poníamos a jugar en el palito de mango que estaba en la entrada de la casa. También jugábamos con los hijos de la señora Justina.

La Insurrección de Monimbó

Pero dejamos de jugar hasta el 21 de febrero, porque yo le pedí permiso a Camilo Ortega para participar en el movimiento insurreccional que desarrollaban los compañeros de Monimbó. El permiso me fue concedido bajo la condición que me cuidara de la GN. Esta forma de lucha y participación popular que desarrollaban los compañeros de Monimbó para mí era una nueva experiencia. Me llevé conmigo a mi primito Jacinto.

Ahí conocí la nueva forma de organización que tenían los mMasaya y Monimbó; esfuerzo que venía impulsando el compañero Camilo Ortega en coordinación con el Comandante Hilario Sánchez y líderes de base territorial. A esta batalla insurreccional estaban también incorporados compañeros del FER, es decir, estaba un pueblo en armas, con pistolitas, algunos con rifles 22, escopetas, bombas de mecate, y de contacto, huleras, palas, cobas, barras, machetes, etc. Pero lo más valioso era que estaban armados de valor, coraje, energía, valentía y convicción revolucionaria para derrocar a la Dinastía Somocista.

No se me olvida cómo los compañeros de Monimbó se fajaban duro con la GN en los días 22, 23, 24 y 25 de febrero. Estuvimos refugiados en el Colegio Salesiano y Las Cuatro Esquinas resistiendo los cañonazos de las tanquetas queriendo derrumbar las barricadas que habíamos construido y la casa donde se instaló el Puesto de Mando.

El día 25 de febrero el Comandante Camilo Ortega me orienta en solo la mañana que vaya a trasladar de Granada a Los Sabogales al compañero Arnoldo Quant que venía a participar en una reunión que dirigiría Camilo, y así lo hice. Regresé de Granada a la una de la tarde. Arnoldo venía de Costa Rica.

Ese mismo día 25 de febrero por la tardecita, como de costumbre, fui a incorporarme de nuevo a la lucha que libraba el pueblo de Monimbó. Ese día, como las nueve de la noche, circula entre todos los que estábamos insurreccionados un rumor que se había capturado a dos orejas de la Oficina de Seguridad Nacional (OSN), y que se le habían decomisado pistolas, granadas y dinero; y que se le había dado una paliza.

Los Sabogales

Pues al día siguiente llegué a la casa del empalme de Los Sabogales a las cuatro de la madrugada, y en la casa me encontré durmiendo a un desconocido, que luego supe era Iván Castellón Bartosh. Dentro del cuarto estaba también durmiendo en una tijera el compañero Arnoldo Kuant y también estaban Camión (Hilario Sánchez) y Moisés Rivera sentados en una tijera, con las camisas rotas y con señales de golpes en el cuerpo. Esto fue el resultado de la confusión de los compañeros de Monimbó, que los habían confundido como agentes de la OSN.

Camilo llegó a la cinco de la mañana. Estaba durmiendo en una de las casas de seguridad de la Dirección Nacional del FSLN, la que estaba ubicada en la finca de Los Cocos, propiedad de un legendario colaborador del FSLN de apellido Rodríguez Morales. Era costumbre dormir ahí porque prestaba más condiciones de seguridad y amplitud: También ahí dormía Hilario Sánchez, solo Moisés Rivera era el que dormía con nosotros. Camilo e Hilario llegaban a visitarnos cada dos o tres días.

A partir de las cinco de la mañana del 26 de febrero de 1978, se realiza la reunión dirigida por el Comandante Camilo Ortega, en ella participan: Hilario Sánchez, Iván Castellón Bartosh, Moisés Rivera y Arnoldo Kuant, finalizando a las siete y media de la mañana. Seguidamente Camilo me orienta acompañar y trasladar a Hilario e Iván hasta el empalme Las Flores, quedando en casa Camilo, Moisés, Arnoldo, Natividad Martínez Sánchez y Ana Julia Picado Sánchez con sus respectivos hijos.

Regresé a las 8:30 de la mañana del mismo día 26 de febrero y al regresar, Camilo me pregunta hasta dónde yo había dejado a Hilario y a Iván Castellón, lo cual le expliqué que después del empalme Las Flores; al compañero Iván Castellón, le presté un sombrero para que se cubriera del afro que lo andaba muy largo; y después yo me dispuse a acarrear agua, para bañarme.

A las 9 de la mañana Camilo baja las últimas orientaciones a mi madre, Natividad Martínez Sánchez, indicándole que el día lunes 27 de febrero tenía que trasladarse con sus hijos para la ciudad de Managua. Para asegurar el traslado le hace entrega de tres mil córdobas.

El enfrentamiento

Aproximadamente a las 9 de la mañana en la calle pavimentada miré que circulaban tres BECAT (vehículos patrulla de la GN) en dirección a Catarina y al retornar a Masaya venían seis BECAT más. Yo estaba en el baño preparándome para bañarme, solo me había quitado la camisa, y propiamente donde se encuentra ubicada una alcantarilla, en el empalme de Los Sabogales, se encontraba un grupo de tres estudiantes que interceptan imprudentemente con bombas caseras a los BECAT. Se produce un enfrentamiento y ocasiona el desplazamiento de la GN en ese sector.

Ante esta situación yo me dirijo adonde Camilo y le advierto: “¡Sergio, viene la GN para donde nosotros!”. Él ya tenía previsto viajar a Managua, pero ante la situación que se presenta, nos orienta a todos meternos al interior de la vivienda, una vez todos en el interior cerramos las únicas dos puertas y se produce un intercambio verbal entre los esbirros de la Guardia Nacional y Camilo Ortega, que se encontraba vestido de camiseta azul de cuello y jeans azulón, botines color café y portaba un bolsito de mano color café, una pistola calibre 45 y dos granadas de fragmentación.

En ese momento, Camilo y yo estábamos cerca de la puerta de la cocina. Mi madre y tía Marlene con todos sus hijos estaban ubicados de pie, cerca de la puerta de la entrada de enfrente. Moisés Rivera, que estaba vestido de guayabera amarilla y pantalón azul, y Arnoldo Quant, que estaba vestido de camiseta café y jeans azul, se encontraban en el cuarto sentados en la cama tijera, agarrándose la cabeza y sin armas de fuego.

La salida de mujeres y niños

Camilo en ese momento aboga y hace llamado a los esbirros a que se respete la integridad física y vida de los niños. Los jefes de la GN dan tiempo para que nos entreguemos, pero la orden era no rendirse e iniciaron a rociar de gasolina los alrededores de la casa.

Ante esta crítica situación, yo, agarrado de la pierna de Camilo, invadido de miedo, le pregunté a Camilo qué íbamos hacer. Él nos orienta que debemos abandonar la vivienda por la parte trasera. Me dice: sálgase Carlitos por la puerta de la cocina. Yo salí sin camisa, solo con las botas y el pantalón puesto y con las manos en la nuca; pasé el alambrado del patio en dirección a un cauce del costado sur.

Sin embargo, las dos mujeres y sus hijos se retiran por la parte frontal, justamente por el área sembrada de yuca y quequisque. Salimos bajo la balacera.

Minutos después, cuando yo iba como a 200 metros de distancia de la casa de Los Sabogales, escuché la detonación de la primera granada que lanzó Camilo a la GN y a los minutos siguientes escuché la siguiente detonación de la otra granada, que lanzó para defenderse del ataque criminal de la GN, permitiéndole una retirada táctica del lugar.

Quince minutos después me reencontré con las dos madres y sus hijos en un potrero rumbo al cerro Pacaya de Masaya. Mi madre comienza a revisar a sus hijos y me dice: Hijo, falta la niña Rosa Emilia. Le pregunto por dónde venían. Por allá, hijo, mi dice mi madre. Entonces yo me regresé a buscarla hasta encontrarla perdida y llorando. La agarré y me la eché al hombro y me incorporé con mi familia.

El llanto por Camilo

Media hora después veo en el espacio que sobrevuelan un avión Push & Pull y helicópteros; ya nos andaban buscando, entonces les sugerí a las dos madres que abandonáramos el potrero y buscáramos el camino real para confundirnos con los campesinos de la zona, y así hicimos; en el potrero la GN nos podía detectar más rápido desde el aire. Yo no paraba de llorar, pensando en la vida de Camilo que era como mi padre. Camilo era para mí más que mi jefe. Él pretendía enviarme para Cuba en ese año 1978, siempre soñaba celebrar una reunión entre él, mi persona y Luis Alfonso Velásquez Flores, pero nunca se dio el encuentro por las circunstancias de la lucha.

Continuamos caminando sobre el camino y llegamos a descansar en una iglesia evangélica que estaba ubicada en lo alto del cerro Pacaya. Después continuamos la caminata bordeando la Laguna de Apoyo hasta llegar a pie a la ciudad de Granada al día siguiente 27 de febrero a la seis de la mañana. Una vez que llegué a esa ciudad, me dispuse a buscar los viejos contactos y colaboradores que me habían presentado Camilo e Hilario, y la idea era informar la mala noticia y buscar apoyo logístico para las dos familias norteñas (mi tía que era de El Sabalete y mi madre que era de Kuskawás, Matagalpa; las dos mujeres eran viudas porque nuestros padres habían caído en combate en la montaña).

Ante la necesidad imperante, lo primero que hice fue visitar a la colaboradora Conchita Lacayo que actualmente vive a una cuadra de la Shell El Guapinol. Después me fui a buscar al doctor Trinidad García que vivía en la calle La Calzada. Este doctor se dedicó a informar la mala noticia y a buscarnos la logística que requeríamos.

A los ocho días nos localizó Hilario. Nosotros estábamos alojados a la orilla del lago de Granada. Hilario a partir de ese momento asume la responsabilidad por ausencia del Apóstol de la Unidad del FSLN, Comandante Camilo Ortega.

Bueno, a partir de esa nueva realidad comenzamos a estudiar la situación y continúo con mi función de correo y paso bajo la responsabilidad directa del Comandante Hilario hasta el triunfo de la Revolución Popular Sandinista. También coordino trabajo con la compañera Amelia Tiffer, “Cristina”, compañera responsable política y de logística del Estado Mayor en Granada (que después del Triunfo se casa con Claudio). Y también yo coordino algunas actividades con el Comandante Raúl Venerio.

Después me entero por el periódico La Prensa que habían capturado herido a Camilo Ortega, en el sector de Los Rieles y de manera cobarde lo asesinan; y lo degüellan junto a Moisés Rivera y Arnoldo Quant. según La Prensa, la GN estaba emboscada esperándonos a nosotros para asesinarnos, lujo que no se dieron.

Con el tiempo, en los meses posteriores de ese mismo año 1978, cae mi primo Facundo Picado, antes de llegar a CONDEGA, el 22 de Septiembre. Es decir, llegamos al triunfo sin la compañía de nuestros seres y hermanos queridos.

Es lo único que les puedo narrar sobre la muerte de los compañeros Camilo Ortega, Arnoldo y Moisés Rivera; conocido popularmente como la masacre de Los Sabogales.

Los sueños hechos realidad

Pues ese esfuerzo que se hizo no fue en vano porque hoy ese objetivo por el cual lucharon nuestros Héroes y Mártires, se está haciendo realidad a través de los Programas que está impulsando el Gobierno que dirige el Copresidente Comandante Daniel Ortega y la compañera Copresidenta Rosario Murillo.

Los sueños por los cuales nuestros Héroes entregaron su vida, fue para que al pueblo se le restituyeran sus derechos socioeconómicos, para que la juventud y niñez tuvieran los principales elementos fundamentales para su educación, incluso su merienda escolar; para que el obrero trabajara libre y en paz en su taller e incluso obtuvieran crédito para su microempresa; también para que el campesino obtuviera y explotara la tierra de manera razonable con crédito y mercado, y no siguiera siendo objeto de discriminación y confiscación por parte de los terratenientes. En fin, para que las mujeres tomaran parte de las decisiones en el progreso socioeconómico del país y los ancianos no siguieran viviendo como animales abandonados y maltratados con sus pensiones alimenticias, y en cambio hoy reciben un trato y pensiones dignas.

Los ideales de Sandino, del Comandante Carlos Fonseca, Comandante Camilo Ortega y en general de nuestros Héroes, sus pensamientos, están vivos a través de los diferente programas de desarrollo socioeconómico, a través de las diferentes obras de progreso en la montaña y en la ciudad, en la educación, salud, vivienda, carretera, electrificación, infraestructura, centros de diversión, recreativos y comercialización y modernización en las diferentes ciudades del país.

Pero el sueño más grande que tenía Sandino, era la construcción del Gran Canal de Nicaragua, que gracias a la gestión de este Gobierno de todos, ya se está impulsando.

¡Vivan los ideales de Sandino, del Comandante Carlos Fonseca Amador y del Comandante Daniel Ortega Saavedra!
¡Viva el Comandante Camilo Ortega e Hilario Sánchez!
¡Viva los Héroes y Mártires de la Masacre de Los Sabogales!
¡Vivan nuestros Héroes y Mártires de Nicaragua!
¡Viva el Comandante Fidel Castro y Hugo Chávez!
¡Viva la Revolución Latinoamericana!

43 Aniversario

Radio Segovia, La Poderosa del Norte.

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