Managua. Rosario Murillo, Copresidenta de Nicaragua

Extracto de sus declaraciones en Multinoticias del Canal 4 del viernes 2 de octubre
Queridas familias de esta Nicaragua nuestra, bendecida con la armonía, bendecida con los valores de familia y comunidad, bendecida con el amor a la paz.
Porque nuestra Nicaragua ama la paz. Nuestra Nicaragua, gracias a Dios, vive en paz. Nuestra Nicaragua es de paz. Como hijos del Dios de todas las victorias, sumamos un día más a nuestras vidas, con su gracia y para su gloria, celebrando con alegría, que la concordia es, y reina, como él vive y reina en nuestros hogares, corazones y familias. “Reina Jesús por siempre, reine su corazón. En nuestra patria y en nuestro suelo es (de Cristo y) de María la nación”.
Avanzamos en caminos de armonía. Avanzamos en caminos de alegría. Avanzamos con la fuerza de espíritu que nos conocemos, para que el bien prevalezca sobre cualquier forma de miseria y de mal, y sigamos así venciendo la aflicción, la tristeza, todo lo que nos impusieron en el intento de vencernos. Pero, como sabemos, la aflicción ya no forma parte de nuestras sendas o de nuestras vidas, porque cada día tomamos más y más conciencia de nuestras riquezas espirituales y de nuestros dones celestiales y terrenales, con los que vamos, agradecidos, adelante, construyendo, nunca más destruyendo, ni permitiendo que nos destruyan. Construyendo el futuro de todos los nicaragüenses, de todas las edades, de todas las valentías, de todos los heroísmos, y de todas las victorias.
Gracias, padre, por este día. Gracias, padre, por tantas bendiciones. Glorificamos aquí y alabamos al Señor, porque Dios está entre las familias nicaragüenses, como está entre la humanidad que cree, y crea.
Honor y gloria al Dios de todos, y a los nicaragüenses que por centenares de miles han ofrendado, y hemos ofrendado, y hemos dedicado generosamente nuestra sangre y nuestra vida, inspirados por el altruismo que tenemos como tesoro de alma, altruismo y desprendimiento que de su mano, de su divina mano nos ha llegado, para ser capaces siempre de poner el amor sobre todas las cosas, su amor, y vivir venciendo todos los oprobios, todas las malignidades, todos los egoísmos, todas las pretendidas humillaciones y afrentas, todo lo que al vencerse nos hace más y más fieles al gran patrimonio de la humanidad, que es la fuerza invencible del amor de Dios y del universo.
Nicaragua triunfa en paz y unidad. Nicaragua, tierra santa. Nicaragua, tierra de lagos y volcanes. Nicaragua, tierra de todas las potencias. Nicaragua, tierra de espiritualidad profunda. Nicaragua, para la vida, para la paz, para la dignidad. Nicaragua, para la felicidad. Nicaragua, patria y libertad.
Fin de semana, compañeras compañeros, patria, patria, patria, alegría de centenares de miles de actividades, preciosas, hermosas y luminosas, actividades para celebrar, para celebrarnos. Nicaragua glorificando al Padre Celestial, porque sabemos que es por su poder infinito que somos libres y que jamás volveremos a ser esclavos. Tenemos más de 102 mil actividades de arte, cultura, historia, tradición, identidad intensa, energía misteriosa y milagrosa que brota de todos, y cada uno, y llega y llena a todos, y a cada uno.
Celebramos, este fin de semana, un capítulo más de nuestra magnífica consulta de democracia directa, de soberanía, porque “Hay Patria”. Y también estamos honrando, con todos sus merecimientos, al General Benjamín Zeledón, maestro de maestros, en La Concordia, en El Coyotepe, y en tantos sitios de veneración.
los hogares y familias nicaragüenses jamás olvidaremos la fortaleza de su inspiración y ejemplo, jamás olvidaremos su vida que fluye en nuestras venas y habla con la voz del infinito. ¡Todas y todos somos Zeledón!
Es el alma nicaragüense la que participa, la que es arte y parte en tantos eventos internacionales de promoción de los derechos y de la vida mejor, la vida segura, estable y tranquila, la vida más allá de la pobreza, que todos queremos, para avanzar, para crecer, para seguir creciendo, para seguir aprendiendo, para seguir siendo los elocuentes y dignos hijos de dios, los legítimos hijos de Dios, y de los grandes poderes Espirituales que nos legaron, José Dolores, Andrés, los Indios Flecheros, Zeledón, Sandino, Carlos, Tomás, cuyo ardiente valor seguimos desatando con Daniel, el Pueblo Presidente y el Frente Sandinista de Liberación Nacional.
Y hablamos con Darío:
«Ínclitas razas ubérrimas (…)
espíritus fraternos, luminosas almas, ¡salve!
Porque llega el momento en que habrán de cantar nuevos himnos
lenguas de gloria. Un vasto rumor llena los ámbitos;
mágicas ondas de vida van renaciendo de pronto;
retrocede el olvido, retrocede engañada la muerte;
se anuncia un reino nuevo, feliz sibila sueña
y en la caja pandórica de que tantas desgracias surgieron
encontramos de súbito, talismática, pura, riente,
cual pudiera decirla en su verso Virgilio divino,
la divina reina de luz, ¡la celeste Esperanza!
Pálidas indolencias, desconfianzas fatales que a tumba
o a perpetuo presidio, condenasteis al noble entusiasmo,
ya veréis el salir del sol en un triunfo de liras.»
Cómo saluda nuestro Rubén el optimismo. Es la “Salutación del Optimista”.
Rubén nuestro, así es. La divina reina de luz, que es la celeste esperanza, crece y se expande por toda la patria buena. ¡Tu patria, Rubén!
Nuestra Nicaragua está presente en Belarús, en la Federación de Rusia, en la República Popular China, y entre tantos valientes pueblos que clamamos por paz, derechos, bienestar. Compartimos caminos y horizontes con todos los hermanos que en el mundo sabemos llenarnos de esa fuerza, “unidos brillamos, secundados, tantos vigores dispersos, formando todos un solo haz de energía ecuménica”. ¡Así es, maestro Rubén!
Saludamos con optimismo también a aquellos pueblos que libran batallas en circunstancias desafiantes, y nos unimos en oración y admiración, clamando por sus valientes avances alrededor del bien común.
Dice Darío:
«Abominad la boca que predice desgracias eternas,
abominad los ojos que ven sólo zodiacos funestos,
abominad las manos que apedrean las ruinas ilustres,
o que la tea empuñan o la daga suicida.
Siéntense sordos ímpetus en las entrañas del mundo,
la inminencia de algo fatal hoy conmueve la Tierra;
fuertes colosos caen, se desbandan bicéfalas águilas,
y algo se inicia como vasto social cataclismo
sobre la faz del orbe. ¿Quién dirá que las savias dormidas
no despierten entonces en el tronco del roble gigante.
– o –
«Únanse, brillen, secúndense, tantos vigores dispersos;
formen todos un solo haz de energía ecuménica.
Sangre de Hispania fecunda, sólidas, ínclitas razas,
muestren los dones pretéritos que fueron antaño su triunfo.
Vuelva el antiguo entusiasmo, vuelva el espíritu ardiente
que regará lenguas de fuego en esa epifanía.
Juntas las testas ancianas ceñidas de líricos lauros
y las cabezas jóvenes que la alta Minerva decora,
así los manes heroicos de los primitivos abuelos,
de los egregios padres que abrieron el surco prístino,
sientan los soplos agrarios de primaverales retornos
y el rumor de espigas que inició la labor triptolémica.
Un continente y otro renovando las viejas prosapias,
en espíritu unidos, en espíritu y ansias y lengua,
ven llegar el momento en que habrán de cantar nuevos himnos.
La latina estirpe verá la gran alba futura,
en un trueno de música gloriosa, millones de labios
saludarán la espléndida luz que vendrá del Oriente,
Oriente augusto en donde todo lo cambia y renueva
la eternidad de Dios, la actividad infinita.
Y así sea Esperanza la visión permanente en nosotros,
¡Ínclitas razas ubérrimas, sangre de Hispania fecunda!»
Maestro Rubén, la verdad es que entre las infinitas complejidades, dificultades e incertidumbres que vivimos como familia humana, se alza erguida y desafiante la esperanza. Sabemos que la iluminación, la inteligencia, la sabiduría, llegarán para bien de todas y todos, y que, frente a tantos caminos, recovecos, encrucijadas, encuentros y desencuentros, aciertos y desaciertos, no hay otra solución para la vida, que la paz.
¡Vamos adelante, compañeros! Vamos adelante, trabajando juntos. Vamos adelante, celebrando juntos. Decimos: no hay otra solución para la vida, que la paz, la hermandad, el mandato cristiano de nuestro Cristo Jesús. Y así, como discípulos de Cristo, como sus seguidores, alrededor del amor, la fraternidad y el siempre más allá de la paz, vamos adelante construyendo el porvenir de todos.