Managua. Por Clemente Guido Martínez (*)

La Guerra Civil en Nicaragua, entre Legitimistas y Democráticos inició en mayo de 1854. Lideraban esta guerra civil, por el lado Legitimista (granadino) el general Fruto Chamorro, quien había aprobado una constitución presidencialista, creadora de la Presidencia de la República, entre otros postulados; y por el lado democrático (leonés), Francisco Castellón, quien era apoyado por los generales Máximo Jerez y Trinidad Muñoz, a los que Chamorro había desterrado y que poco tiempo después regresaron alzados en armas para abolir la nueva constitución y restablecer la Carta Magna de 1838 que había creado el Estado de Nicaragua con el cargo de Supremo Director de Estado y con un espíritu centroamericanista.
En junio de 1855, llega a Nicaragua un primer contingente de filibusteros norteamericanos, contratados por Francisco Castellón, para combatir al lado de los democráticos y derrotar a los legitimistas. El primer combate donde participan los filibusteros fue el 29 de junio de 1855 en Rivas, siendo derrotados junto a sus aliados, por los rivenses legitimistas, destacando en esa ocasión el profesor Enmanuel Mongalo y Rubio, quien logró incendiar el mesón donde se había quedado atrapado Walker con sus soldados norteamericanos. El yankee logró salvarse huyendo hacia el océano y regresando a León en barco, igual que como había llegado. A partir de ese momento Walker exigió moverse con independencia de los mandos nicaragüenses, lo que le fue concedido por Castellón.
El 3 de septiembre de 1855, Walker logró controlar el puerto “La Virgen”, donde operaba la Compañía del Tránsito de Vanderbilt. Logra derrotar a José Santos Guardiola (1816-1862) de Honduras, que apoyaba a los Legitimistas. Estos piensan que Walker atacará Rivas, pero se equivocan y el 13 de octubre de 1855, el filibustero logró ocupar Granada, capital de los legitimistas, en un acto inesperado de invasión por el lago de Nicaragua (proveniente de La Virgen, Rivas); inició así la derrota de los legitimistas, quienes al paso de unos cuantos días, por medio de su jefe militar Ponciano Corral, firman un acuerdo con Walker el 23 de octubre, poniendo fin a la guerra civil.
De común acuerdo, aceptan la presidencia provisional de Patricio Rivas, a quien sentarán en la silla presidencial a partir del 30 de octubre de ese mismo año. Uno de los primeros actos de Rivas, también concertado, fue nombrar su gabinete en el que Ponciano Corral asume el ministerio de la Guerra y William Walker ejerce la Jefatura del Ejército de Nicaragua. La paz parecía llegar, por medio de un acuerdo donde no se aplastaba a los derrotados, sin embargo, esta ilusión duraría unos cuantos días.
El 8 de noviembre de 1855, Walker ordena el fusilamiento de Ponciano Corral en la plaza central de Granada. Ponciano fue acusado de traición por haber enviado cartas de solicitud de ayuda a Honduras. Este fusilamiento puso fin a las posibilidades de una paz duradera, ahora ya no se trataba solamente de combatir a los democráticos, sino también a los filibusteros que se habían adueñado del Ejército de Nicaragua por medio del nombramiento oficial de Walker de parte de Patricio Rivas. Incluso en el bando democrático había voces contrarias a Walker, pues sospechaban que sus intenciones en Nicaragua iban más allá de las que un simple mercenario pudiera tener.
El general Trinidad Muñoz, quien estaba al frente del Ejército Democrático, había sido asesinado el 18 de agosto de 1855, después de obtener una victoria contra los Legitimistas en El Sauce (León). Muñoz se había opuesto a la presencia filibustera en Nicaragua, siendo democrático. Por otro lado, Francisco Castellón –el líder democrático que contrató a Walker por medio de Byron Cole– había muerto de cólera el 8 de septiembre de 1855. Así pues, dos personas importantes en la estructura del poder democrático leones estaban fuera de escena. Eso facilitó a Walker su vertiginosa carrera hacia el poder. Al eliminar a Ponciano Corral e implantar el terror a los legitimistas en Granada, también advirtió con ese acto a los propios democráticos que lo habían contratado.
Los protectores de los patriotas
En abril de 1856, los patriotas nicaragüenses liderados por Fernando Chamorro, Tomás Martínez, José Dolores Estrada, más veintiún jóvenes de Managua, Masaya, Granada y Rivas, entre otros, enmontañados al norte de Nicaragua, suscribirán un documento patriótico donde declaran la guerra a Walker y sus filibusteros, recibiendo la protección de los indios Matagalpa (recomiendo leer los varios artículos del académico Eddy Kühl, quien detalla este tema de los lugares y circunstancias de la protección y cobijo brindado a los patriotas de parte de los indios Matagalpa).
Dice Carlos Alegría: “Huyendo varios jóvenes de lo principal de Masaya, Granada, Managua y Rivas, que se creían envilecidos con el predominio voluntarioso de Walker fueron a parar por Segovia posando en varias casuchas indígenas inaccesible a la entrada de los filibusteros, llamada la “Montaña de Latande” o “La Bolsa del Diablo”, llegó a esta reunión viéndose a diario el número de veintiún hombres; habían algunos con fusiles de piedra, otros con escopetas, varios con lanzas y bayonetas engastadas, cuchillos y machetes de los demás. Vagábamos por aquellos pinares de montaña en montaña. Allí fue donde José Alvarado escribió la famosa protesta desafiando a Walker, firmada por todos aquellos” (Carlos Alegría, 1886, Masaya).
Según el doctor Jorge Eduardo Arellano, en su libro biográfico del general y líder legitimista Fernando Chamorro (hermano de Fruto Chamorro), cita a Jerónimo Pérez, y dice: “En efecto de Chontales –donde había permanecido entre finales de noviembre de 1855 y febrero de 1856– pasó a Matagalpa, al valle de Matapalo y luego al pueblo que hoy es ciudad y cabecera departamental. Allí se enteró de la derrota de Walker en la hacienda Santa Rosa, Costa Rica, el 20 de marzo del mismo año de 1856. Entonces se retiró a Yucul, cañada a la que concurrieron muchos oficiales legitimistas y gran número de indios flecheros; regresó a Matagalpa y el 20 de abril encabezaba el acta de esos mismo oficiales que reconocían, como único gobierno legítimo, el del diputado José María Estrada. Además, como vimos, proclamaban sostener hasta derramar la última gota de sangre (…) la independencia nacional” (citado de Jerónimo Pérez, “Memorias para la Historia de la Revolución en Nicaragua,” en obras históricas completas, op, cit. p 217, en “general Fernando Chamorro Alfaro: Héroe olvidado de la Guerra Nacional”, JEA, julio 2000, Pavsa, pg. 49).
Ese fue el germen del Ejército del Septentrión, con la presencia de la juventud de Managua, Masaya, Granada y Rivas; y “gran número de indios flecheros”; y muchos oficiales legitimistas que habían preferido las vicisitudes de las montañas segovianas, antes que la humillación de arrodillarse ante la espada filibustera de Walker.
El capitán Carlos Alegría narra cómo para junio de 1855, unos pocos meses después, sobreviviendo con el apoyo de las comunidades indígenas Matagalpa, lograron unirse los rebeldes en Somotillo el 15 de junio y en esos días se organizaron cuatro compañías:
◙ La primera compañía estaba al mando del licenciado José María Estrada, quien había sustituido a Fruto Chamorro (fallecido en marzo de 1855). Esta primera compañía se trasladó a Ocotal, donde encontraría su muerte el licenciado Estrada.
◙ La segunda compañía quedó al mando del coronel Francisco Gutiérrez, y se trasladó a Chontales.
◙ La tercera compañía quedó al mando del coronel José Dolores Estrada y los capitanes Carlos Alegría y Bartolo Sandoval (“El Loco”) y fue destinada a Tipitapa; La cuarta compañía quedó destinada a Matagalpa con el general Tomás Martínez al frente de la misma y Nicasio de Castillo
◙ La cuarta compañía estuvo integrada por lo que se llamaba “la reserva”.
La compañía del coronel Estrada
Conforme este testimonio vemos aparecer la Tercera Compañía del Ejército del Septentrión, destinada a Tipitapa, dirigida por el coronel José Dolores Estrada, Carlos Alegría y Bartolo Sandoval. Tenemos que agregar a Patricio Centeno, que seguramente se integró después, porque en los informes de Carlos Alegría se le menciona presente desde antes del 5 de septiembre en San Jacinto.
Esta compañía llegará a su destino, la Casa Hacienda San Jacinto, hasta el 29 de agosto de 1855, a las cinco de la tarde. El domingo 30 de agosto el coronel Estrada nombró al capitán Carlos Alegría, “oficial expedicionario para pasar a Panaloya regresando por Tipitapa pidiendo y buscando informes en cada punto de la fuerza y situación de Walker, expedición que motivó la acción de San Jacinto” (Carlos Alegría, 1886).
El primer combate que sostendrá la Tercera Compañía será el 5 de septiembre, con el saldo favorable de seis filibusteros caídos y de parte nicaragüense solamente uno, originario de Managua. Julio Rocha, cabo primero, murió combatiendo. (Parte de Guerra del coronel José Dolores Estrada).
El capitán Alegría narra así ese primer combate del 5 de septiembre: “Así fue, al amanecer el 5 entre las brumas vimos sobre el abra las partidas de frente a derecha e izquierda. En el acto se colocaron nuestras fuerzas; a mi (Alegría) me tocó el ala derecha de la Hacienda y fueron acercándose de un modo violento, tratando de conocer nuestra situación y fuerza, llegaron a las orillas de la casa las primeras guerrillas y salí a batir la que a mi flanco me tocaba; la hice retroceder pero me hirieron al Ayudante Abelardo Vega en la salida en momentos que recibí orden de Estrada, que el fuego debía hacerse a quema ropa, entonces me regresé a la barricada y al entrar me hirieron el hombro derecho. Me puse una venda y me bastó sobrando trapo para concluir la fatiga de toda la acción” (C. Alegría, 1886).
La Tercera Compañía logró su victoria, pero eso solo significaba que los filibusteros regresaría, había que prepararse para ese segundo encuentro. Antes del cinco ya habían decidido quedarse en San Jacinto “hasta morir”, esa fue la consigna, ese fue el “Santo y Seña”.
La reserva llega a San Jacinto
El coronel Estrada solicitó ayuda a Matagalpa, al general Tomás Martínez, a lo que Martínez respondió enviando de “la reserva” que estaba en aquella ciudad, a siete oficiales y sesenta indios flecheros de Matagalpa. Llegaron el 11 de septiembre, a buen tiempo.
Carlos Alegría afirma que “el 11 llegó una división de sesenta indios con flechas al mando del Mayor Dn. Francisco Sacasa, con los oficiales Seferino González, Miguel Vélez, José Siero, Francisco Avilés, Manuel Marenco y Estanislao Morales, que fueron tan útiles a la jornada del 14”. El énfasis que pone Avilés al final del párrafo, es importante, pues asegura que esta reserva “fueron tan útiles a la jornada del 14”, con lo que los ubica como protagonistas de la defensa. En San Jacinto antes que llegaran los Matagalpas, había 60 soldados y 10 marineros reclutados el 2 de septiembre en el Río Tipitapa, más los oficiales. Eran cien personas, más o menos. Aumentaron a 160 con los refuerzos.
Los indios matagalpa habían protegido a los patriotas durante meses, mientras lograban organizarse, la “Montaña de Latande” o “La Bolsa del Diablo”, eran dominios de los indios matagalpa. Y además según el testimonio del cronista Faustino Arellano Cabistán (1837-1905), secretario y biógrafo de Estrada, los indios flecheros se habían prestado “a luchar y a transportar las armas que derrotarían a Walker”.
Dice textualmente Faustino Arellano Cabistán, citado por Franciso Pérez Estrada en 1970: “Por una ironía del destino, 300 indios flecheros de Matagalpa encabezados por el coronel Manuel Gross, se prestaron a luchar y a transportar las armas que derrotarían a Walker, desmintiendo así la superioridad de valor personal que el filibustero atribuía a su mercenarios sobre los nativos y mestizos nicaragüenses” (Fco. Pérez Estrada, 1970: pg. 41)
Los indios flecheros matagalpa, tienen una beligerancia y protagonismo vital en todo este período previo a la Guerra Nacional de Nicaragua. Protegen a los patriotas, asumiendo ellos mismo el papel de patriotas exponiéndose a la furia del esclavista Walker; ofrecen sus casas en las montañas (“casuchas”, dijo Alegría, comparadas con las coloniales casas Granadinas o aún de Masaya); “Se prestan a luchar y a transportar las armas que derrotaron a Walker”, textual de Faustino Arellano; y llegarán a San Jacinto como parte de “la reserva” de Matagalpa, para apoyar al coronel José Dolores Estrada en el inevitable combate contra los filibusteros del 2do Batallón de Infantería de Tipitapa.
Los oficiales de reserva
Un Ejército tiene sus oficiales y sus soldados. Se organizan al nivel más pequeño en escuadras. Todo parece indicar que las escuadras en este momento la conformaban 10 soldados con un oficial. 60 indios Matagalpas divididos entre seis oficiales, dan como resultado a diez combatientes por escuadra. Por eso son seis los mestizos que van al mando de los 60 Matagalpas, y un jefe de División.
El jefe de la división de 60 combatientes de la etnia Matagalpa, es un granadino, un oficial del Ejército del Septentrión, el capitán Francisco Sacasa, quien desafortunadamente murió combatiendo el 14 de septiembre.
El capitán José Ciero, dejó el testimonio de la caída en combate de Sacasa. Dice así: “Estrada salió a las gradas del norte de la casa y previó que solo una audacia temeraria podía salvar aquel lance tan terrible, se marcha de frente, le sigue Dolores Chiquitín, Francisco Vasconcelos, Francisco Sacasa, Francisco Avilés, Salvador Bolaños y Trinidad Cubero; corren a orillas del tamarindo al oriente a favorecer a Castro, por dentro porque Jarquín había muerto, y sólo llegan Vasconcelos y Cubero; los demás en un trayecto de 20 varas quedan muertos y heridos tendidos en el patio” (José Ciero, publicado por Francisco Pérez Estrada, 1970: 49).
Ciero hace un listado de muertos, e incluye a Francisco Sacasa, Salvador Bolaños, Dolores Chiquitín (de Diriomo), o sea tres de los seis que iban con Estrada. Pone a Francisco Avilés en la lista de heridos. Solo Vasconcelos y Cubero llegarán ilesos a reforzar a Andrés Castro, quien estaba luchando denodadamente hasta con piedras contra los filibusteros. Ciero no se detiene a darnos información de los soldados caídos junto a sus jefes, pero es lógico pensar que la “marcha de frente” no la hicieron los oficiales solitarios.

Los jefes de los indios matagalpa
Los jefes de escuadras de indios matagalpa mencionados por Carlos Alegría, son: Teniente Seferino González, Teniente Miguel Vélez, Subteniente José Ciero, capitán Francisco Avilés, capitán Manuel Marenco y Sargento primero Estanislao Morales. Veamos qué sabemos de estos hombres durante el combate.
Del Teniente Seferino González, no tengo noticias, no se menciona en la lista de muertos o heridos de Ciero.
Teniente Miguel Vélez Morazán (Landa), hijo de Juan José y Gregoria Landa, casado con Juana Aviléz. Nació en 1826 en Honduras. Falleció a los 72 años de edad en Managua, el 31 de julio de 1898 (Información facilitada por Hugo Vélez). En el combate de San Jacinto es parte del grupo que asaltó por la retaguardia a los filibusteros. José Siero dice que Vélez animó a los patriotas diciendo “tomémosles la retaguardia”. Por su parte Estrada dice que “el recomendable Teniente don Miguel Vélez y otros individuos los persiguieron, montados en algunas bestias que les habían avanzado” (Estrada, 1856).
Capitán Francisco de Dios Avilés Reñazco a quien llamaban “Chico El Palo”, casado con Salvadora Santamaría; hijo de Francisco Avilés y Paz Reñazco. Durante la batalla, Avilés fue designado por el coronel Estrada, para ocupar la jefatura de una de las líneas de combate defensivo, siendo uno de los tres jefes patriotas que asumieron tan alta responsabilidad Además de Francisco de Dios Avilés, se delegó la defensa a Francisco Sacasa y Liberato Cisne, según el testimonio de Alejandro Eva, publicado por Francisco Pérez Estrada, 1962. Avilés resultó herido durante la “audacia temeraria” que lideró Estrada, pero sobrevivió.
Sargento Primero, Etanislao Morales: Era originario de Masaya, perteneció a la Falange que había recibido protección de los indios Matagalpa. Está en la lista de los caídos en combate, defendiendo el ala derecha de la Casa Hacienda. En su testimonio Ciero dice: “El ala derecha de San Jacinto estaba defendido con calma por Adán Solís y Crescencio Urbina, José Luis coronel, Luciano Miranda, Catarino Pavón, Etanislao Morales, y Francisco López Blanco; cada uno era un jefe para disponer, y sépase que la investida fue muy recia. El asalto y lucha desesperada no dilató más que dos horas y media y se notará por los muertos y heridos, en tan corto tiempo, como se verán en la lista” (Ciero, en Pérez Estrada 1970: pg. 50).
De los “jefe para disponer” que menciona Ciero (está claro que solo menciona a los jefes, no a sus escuadras, pero se sobreentiende que no están combatiendo solos, eso sería una ridícula interpretación); Sargento Primero Etanislao Morales, caerá en combate en el ala derecha y en esa misma ala, también el Subteniente Francisco López Blanco, de Managua, muere, y el capitán Luciano Miranda, de Masaya, resultó herido.
Teniente Manuel Marenco, de Masaya, resultará herido en combate. Esto lo testifica el propio coronel José Dolores Estrada en su parte de guerra, dice: “Sin embargo, de la recomendación general que todos merecen, debo hacer especialmente la del capitán graduado Liberato Cisne, Teniente don José Ciero, don Miguel Vélez, don Alejandro Eva, don Adán Solís y don Manuel marenco, quien aún después de herido, permaneció en su puesto sosteniéndolo” (Estrada, 14 de septiembre de 1856).
Y por último Teniente José Ciero: “El coronel Estrada en su parte de guerra, hace ver que el ala izquierda de la casa está perdido “merced de la muerte del heroico oficial don Ignacio Jarquín que supo sostener su puesto de honor, hasta perder la vida peleando pecho a pecho con el enemigo”; observando esta situación peligrosa para la defensa plena de la casa, el coronel decide y ordena “que el capitán graduado don Liberato Cisne, con el Teniente José Ciero, Subteniente don Tomás Fonseca y sus escuadras, salieran a atacarlos por la izquierda, quienes como acostumbrados y valientes les dieron una carga formidable, haciendo desalojar al enemigo que espavorido en terror, salió en carrera después de cuatro horas de un fuego vivo y tan reñido que ha hecho resaltar el valor de nuestros oficiales y soldados que nada han dejado que desear” (Estrada, 14 de septiembre 1856).
Es obvio que los oficiales combaten con “sus escuadras”, no hay motivo para pensar que eran comandos suicidas que iban al combate solos como oficiales, lo que es obvio no requiere explicación, por lo tanto, cada vez que se menciona un oficial, debemos recordar a los soldados que lo respaldan y son su fuerza de combate, ocupando trincheras específicas o dentro de la casa como reservas que luego salieron todos a combatir.
En este sentido, es importante unir al parte de guerra de Estrada, el testimonio de Alejandro Eva (Rivas, agosto 21 de 1889. Publicado en Diario Nicaragüense, Granada, Nicaragua, septiembre 14 de 1890. y reproducido por Francisco Pérez Estrada en 1970, Managua), que dice lo siguiente: “El coronel Estrada, comprendiendo la gravedad de nuestra situación, mandó al capitán Bartolo Sandoval, nombrado ese día 2do. Jefe en lugar del Teniente coronel Patricio Centeno, que procurase atacar a los yankees por retaguardia. Este bizarro militar se puso a la cabeza de los valientes oficiales Ciero y (Francisco) Estrada y 17 individuos de tropa, saltó la trinchera por detrás de la casa, logró colocarse a retaguardia de los asaltantes, les hizo una descarga y lanzando con su potente voz los gritos de ¡Viva Martínez! ¡Viva Nicaragua!, cargó a la bayoneta con arrojo admirable” (Alejandro Eva, 1889).
Por su parte otro veterano de San Jacinto, Manuel Borge, dice que “en aquel supremo lance, Estrada manda al capitán Liberato Cisne, al Teniente José Ciero y al Oficial Juan Fonseca, que con la reserva hagan a los filibusteros una carga por su retaguardia, la que fue hecho con todo coraje, que el enemigo viéndose entre dos fuegos se desconcertó huyendo a la desbandada” (Borge, testimonio impreso, pg.18)
Es importante este dato. Borge dice que los combatientes (17, según Eva), son de la reserva. Los indios flecheros Matagalpa que llegaron el 11 de septiembre de Matagalpa eran de la reserva y por eso fueron enviados por Tomás Martínez a reforzar la defensa de la Casa Hacienda ante el inminente segundo ataque filibustero que esperaban.
Las paredes de San Jacinto
Los arqueólogos Edgar Espinoza Pérez y Patrick Werner (q.e.p.d.) realizaron una investigación arqueológica en busca de balas en las paredes de la Casa Hacienda, usando un detector metálico (MINELAB), modelo ABN 35008208446). Resultado de esta tarea fue que descubrieron en el año 2008, todavía incrustadas en las paredes de adobe, 68 balas. 18 impactos en el lado Este. 29 en el lado norte y 20 en el lado sur. “Los impactos indican que hubo un combate fuerte por el portón al lado este, e impactos en la pared norte”, coincidente con los informes documentales que en el ala sur de la Casa (lado sureste) fue el fuego balístico más intenso. Igual que todavía hay impactos de bala en la pared norte, coincide con lo informado que era la trinchera donde estaba Estanislao Morales, caído en combate.
En San Jacinto, hay un lugar conocido como “la punta del yankee”, ahí mismo en el año 2008, arqueólogos del Instituto Nicaragüense de Cultura, con apoyo del difunto Peder Kolind de “Mi Museo” de Granada, descubrieron una fosa común con tres individuos. Análisis de laboratorio determinaron que dos de estos individuos presentaban características inequívocas de “cabezas achatadas”, identificándose como “indígenas”, además de las características de sus dentaduras y lo más importante, hebillas de metal y botones de uniformes militares de la época de la batalla de San Jacinto. Eran jóvenes menores de 20 años y del sexo masculino. El tercer individuo no se pudo identificar plenamente por su grado de deterioro, pero no hubo duda que su muerte la habían causado balazos en la cabeza (Informe de Lucía Watson Jiménez, Pontificia Universidad Católica del Perú. Asociación Latinoamericana de Antropología Forense; y Ramiro García Vásquez (INC). Publicado en “La Historia, la Arqueología y la Batalla de San Jacinto”, Patrick Werner y Edgar Espinoza Pérez, julio 2011).
En San Jacinto murieron al menos 27 nicaragüenses en combate. Esa fosa común sigue esperando ser localizada, para construir sobre ellos un monumento digno que les diga hasta el más allá, “Nicaragua agradecida los recuerda eternamente”.
Ganaron su lugar en la historia
Aunque solamente Carlos Alegría menciona con sus nombres étnicos a los indios con flechas de Matagalpa, como protagonistas de San Jacinto, es lógico inferir que tras los nombres de sus jefes de escuadras con los que llegaron el 11 de septiembre, están ellos: Defendiendo el flanco derecho con el caído en combate Estanislao Morales; Acompañando a Miguel Vélez en la persecución de los filibusteros huyendo; Participando en el ataque por la izquierda ordenado por Estrada con su jefe de escuadra José Ciero, “como acostumbrados y valientes”, según dijo el coronel Estrada; Defendiendo con Manuel Marenco, la posición asignada aunque estaba herido; Acompañando en el ataque frontal al coronel Estrada, y los demás, donde resulta herido Francisco de Dios Avilés, y muerto el mayor Francisco Sacasa, quien llegó como jefe de los 60 hombres de la reserva matagalpina. ¿Alguien puede pensar con honestidad que los indios matagalpas llegaron a San Jacinto a reforzar, para no reforzar a la hora del combate?
Y aún en el hipotético caso que algunos mandos militares hayan sido cambiados y reorganizados, entre el 12 y el 13 de septiembre, de cualquier manera, ahí estaban los indios flecheros Matagalpa, sino con uno, con otro mando; conocedores de las armas, porque 300 de ellos “se prestaron a luchar y a transportar las armas que derrotarían a Walker (según el biógrafo de Estrada, don Faustino Arellano)
Los indios flecheros Matagalpa se ganaron un lugar en la historia de la Guerra Nacional, y muy particularmente el 14 de septiembre en San Jacinto, nuestro Gobierno Revolucionario presidido por el Comandante Daniel Ortega Saavedra y la Cra. Rosario Murillo Zambrana, los reivindicaron en 2010, con justos ceremoniales en San Jacinto, y posteriormente otorgándoles el honor de ser declarados “Héroes de la Batalla de San Jacinto” (Ley Nº 808, aprobada el 18 de septiembre de 2012, por la Asamblea Nacional de Nicaragua).
“Art. 1: Declárese Héroes de la Batalla de San Jacinto a los sesenta Indios Flecheros Matagalpa que participaron en la Guerra Nacional, cuya acción contribuyó, al triunfo de los nicaragüenses contra los filibusteros al mando de William Walker”.
No hay duda alguna, que todos los combatientes de San Jacinto, mestizos, mulatos, indios matagalpa, o del departamento del que procedían como Rivas, Granada, Masaya, Managua, Chontales, Matagalpa, Nueva Segovia, o de Tipitapa y Diriomo (Subteniente Dolores Chiquitín), todos sin excepción merecen nuestro respeto, admiración y lealtad patriótica. Como el héroe nacional José Dolores Estrada dijo: “Después de cuatro horas de un fuego vivo y tan reñido, que ha hecho resaltar el valor de nuestros oficiales y soldados que nada han dejado que desear”.
¡Honor y Gloria a todos los combatientes heroicos de San Jacinto!
(*) Vicepresidente de la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua (AGHN).