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Sandino aclamado en Centroamérica en 1929

Managua. Por Clemente Guido Martínez (*)

Sandino aclamado en Centroamérica en 1929 Managua. Por Clemente Guido Martínez (*), Radio La Primerísima

En junio de 1929, el General Augusto C. Sandino recorre veredas, trochas, caminos, carreteras, aguas del Golfo de Fonseca, rutas de tren sobre rieles en escabrosas regiones, con el objetivo de llegar a México, donde supuestamente el presidente Mexicano Emilio Portes Gil, lo acogería para apoyarlo, y que pudiera continuar la lucha de liberación por la soberanía nacional de Nicaragua que había iniciado en mayo de 1927, contra la intervención norteamericana en Nicaragua.

Sin embargo, Aldo Díaz Lacayo en su reciente obra publicada de manera póstuma por el Banco Central de Nicaragua, afirma que el General Sandino llegó a México “con absoluta confianza de que recibiría el apoyo solicitado tal como había sucedido con la Guerra Constitucionalista. No fue así. Sería su más grande fracaso. Su decepción más sentida que lo acompañaría por el resto de su vida, la traición del Gobierno de México, el país que más amaba después de su Patria Nicaragua” (Aldo Díaz Lacayo, Sandino en la Historia, 2025). Pero sobre ese tema disertaré en otro artículo.

Gobernaban Centroamérica: En Honduras un presidente de filiación liberal, Vicente Mejía Colindres; En El Salvador, un presidente amistoso de la causa sandinista, Pío Romero Bosque “liberal masón progresista” según afirma Aldo Díaz. “Por caprichos de la historia”, Romero murió en Managua el 10 de diciembre de 1935. En Guatemala gobernaba el General Lázaro Chacón González; y en México, como dije antes, el presidente Portes Gil, de la Revolución Mexicana.

Todos estos presidentes habían acordado permitir el libre tránsito del General Sandino y su comitiva, por sus territorios nacionales, ofreciéndoles además protección militar frente a posibles atentados contra su vida. Todos cumplieron con el compromiso de tránsito libre y protección, y acordaron que tal movilización se daría fuera de toda publicidad mediática y menos con participación popular. El respaldo lo cumplieron los tres Centroamericanos, menos Portes Gil de México, que no organizó la recepción del General Sandino al cruzar la frontera por Chiapas. Portes Gil responsabilizó de esto al capitán De Paredes. Lo de la secretividad y ausencia popular, se vino al suelo, era imposible manejarlo de esa manera.

Aldo Díaz Lacayo, nos brinda en su extraordinario ensayo crítico histórico, detalles de esta travesía, basado en informes periodísticos y en el testimonio vivo del Capitán Gregorio Urbano Gilbert, originario de República Dominicana -hoy héroe nacional de este hermano país caribeño- quien acompañó al General por toda esta travesía desde Honduras hasta México, y fue publicado en República Dominicana bajo el título “Junto a Sandino”, Gregorio Urbano Gilbert (GUG), 1979. Universidad Autónoma de Santo Domingo. Pgas. 239-266. 1era edición.

La delegación sandinista la integraron en ese momento además de Sandino que la encabezaba, los siguientes miembros del EDSN: Coronel Farabundo Martí, (Salvadoreño), Capitán Gregorio Urbano Gilbert (Dominicano), Teniente José de Paredes (Mexicano), Capitán Rubén Ardila Gómez (Colombiano), y el Teniente Tranquilino Jarquín (nicaragüense), quien era asistente personal del héroe. Otros se sumarán en México posteriormente.

Aldo Díaz asegura que Sandino da a conocer que ingresó a Honduras el 14 de junio de 1929 (cita un documento del General Sandino titulado “Descripción de los motivos que nos impulsaron ir a México”, pág. 367). En todo su recorrido el grupo usó varios medios de transportación: Caballos-Mulas, Carros de motor, Transporte marítimo (Vapor), Tren y al final hasta canoas (en la frontera Guatemala-México).

Sandino ingresó a Honduras por el Río Guayambre, según la versión del capitán Urbano, y fue recibido por el General Maximiliano Vásquez (quien lo acompañará durante todo el territorio hondureño). Urbano Gilbert narra el encuentro de la siguiente manera: “Los soldados hondureños alcanzaron a ver la figura del héroe, desenvolviéndose de entre el follaje de los bosques segovianos, se descubrían, prorrumpieron en estruendosa aclamación en su honor, dando vivas al libertador centroamericano” (GUG 1979:241).

Saliendo del Río Guayambre se encaminaron hacia Danlí (donde pernoctaron), de ahí hacia el santuario de la Virgen de Suyapa (estaba en las afueras de Tegucigalpa), tardaron cuatro días de caminatas para trasladarse a lomo de caballería desde Danlí hacia el Santuario de la Virgen de Suyapa (hoy este trayecto en carretera se hace en 1 hora 58 minutos pues está solo a 96.7 kilómetros sobre carretera pavimentada). No hay detalles de esta cabalgata y las causas de su prolongada ejecución.

Estando en Suyapa, el General envió mensaje al Embajador de México en Tegucigalpa (Crisóforo Canseco), quien lo mandó a buscar con vehículos automotores, llevándolo hacia la residencia de la Embajada Mexicana en Tegucigalpa donde desayunaron y conversaron (al filo de las tres de la madrugada). Inmediatamente después salieron (de nuevo en automotores) hacia el poblado San Lorenzo, ubicado en la costa del Golfo de Fonseca. “En San Lorenzo se tomó la lancha Lempira con dirección a Amapala” (GUG 1979:243). Amapala es un municipio de la Isla El Tigre en el Golfo de Fonseca. Ahí almorzaron.

En la misma embarcación “Lempira”, siguieron su trayecto por aguas del Golfo hacia el puerto salvadoreño de la Unión. El General Vásquez entregó la delegación a una comitiva salvadoreña y regresó a Honduras “satisfecho de su labor para con los patriotas nicaragüenses” (GUG 1979: 245). Según Aldo Díaz fue el 21 de junio de 1929 que arribaron al Puerto La Unión en horas de la noche (Díaz 2025:369).

En el puerto de la Unión, “al difundirse la noticia del arribo del héroe, una enorme multitud invadió al hotel y sus alrededores ensordeciendo todo con sus gritos victoriando al libertador mientras la música dejaba oír sus gratos sonidos en ejecución de contínuas y variadas piezas” (GUG, 1979:245). “Al Venir la noche, el entusiasmo del pueblo en vez de disminuir aumentó al delirio y se sucedían las bandas de música, notándose entre sus instrumentos la marimba, típica México-centroamericana (…) hasta las doce fue el tiempo que en esa noche el pueblo de La Unión testimonió a Sandino su admiración. No más allá, porque entonces fue cuando vino una comisión ante el héroe informando que el tren ferroviario lo esperaba, y lo acompañó a la estación, bajo un diluvio…” (GUG, 1979: 246).

Esta narración debe corresponder al domingo 23 de junio, aunque en el relato de Urbano aparenta haber sucedido el propio 21 de junio, el diario “El Día” citado por Aldo, ubica la salida de Sandino de La Unión hasta el 23 de junio, por la noche. Puede ser que la noticia se popularizara en todo el puerto, y siendo tan importante personaje se convirtió en un verdadero festejo popular todo el día, hasta altas horas de la noche. Urbano dictó sus memorias en 1970, detalle a tomar en cuenta.

De La Unión, según el itinerario narrado por el diario “El Día” de San Salvador, salieron en la noche del 23 de junio (Díaz 2025:370). “En el expreso en marcha hacia el interior del país iban cómodos y bien atendidos los viajeros. Todo un vagón lujosamente amueblado fue ocupado por Sandino y sus hombres y sus cuatro oficiales salvadoreños que asignaron de ayudantes militares” (GUG 1979: 246). Por la descripción del vagón es posible que se trató del vagón presidencial salvadoreño conocido como “Cuzcatlán”.

El destino del tren fue la estación de oriente ubicada en las proximidades del lago Ilopango (a escasa distancia de San Salvador), un lago de origen volcánico en El Salvador. En Ilopango cambiaron el tren por un vehículo hasta la estación de “Agua Caliente”, pasando rápidamente por San Salvador. En “Agua Caliente” abordan de nuevo un tren con destino a la estación conocida como “El Congo”. Al llegar al Congo se movilizarán en carro hasta la frontera con Guatemala (Díaz 2025, 371).

En la estación de Ilopango Sandino fue recibido por el General Antonio Claramount y en Agua Caliente fue recibido por el Ing. Urquidi, Ministro de México y su señora esposa (Mary Bingham), el Ministro de la Guerra Dr. Alberto Gómez; el Subsecretario Dr. Herrera González y el oficial Daniel Montalvo” (Diario El Día, 24 junio 1929, citado por Aldo Díaz 2025; 371).

Gregorio Urbano Gilbert quedó impresionado de San Salvador. “Ciudad que por lo que se pudo apreciar al paso de los automóviles por sus calles se puede juzgar de ser San Salvador una ciudad de importancia, porque así son sus monumentos, sus jardines, sus avenidas y las edificaciones que presenta” (Gilbert 1979: 248). El viaje concluyó en la estación de occidente donde abordaron otro vagón y enrumbaron hacia la frontera con Guatemala (“El Congo”). Por lo tanto deduzco que Sandino estuvo en San Salvador solamente de paso rápido.

Durante el recorrido en los dos ramales del tren (oriente y occidente) Sandino pasó por La Unión, San Miguel, Usulután, San Vicente, Cuscatlan y San Salvador, (tren de oriente), y luego, según la descripción de Urbano, La Libertad y Santa Ana, siendo probable que el cruce de frontera se dió por el paso de Anguiatú, conocido como la frontera de “Mita”.

En la frontera las delegaciones de El Salvador y Guatemala intercambian a los protegidos. “al recibirlos los del país del quetzal, los acogieron testimoniándoles admiración y afecto, partiéndose al instante en los carros de los guatemaltecos, y al igual que en El Salvador, en Guatemala se mostraban sus habitantes acogedores con Sandino y sus hombres; colmándoles con cuantos agasajos podían improvisarse, en donde con más frecuencia se dejaban oír los acordes de marimbas” (GUG, 1979:249).

En ciudad Guatemala, fue ovacionado también. Desayunando Sandino y sus hombres en un restaurante de Guatemala, “se fue llenando la calle frente al establecimiento de gentes ansiosas por conocer al general Sandino, el que al salir para volver a su carro de viaje delirantemente se le ovacionó. De nuevo en camino se le sucedían las manifestaciones por todos los poblados que se pasaba, a favor de los segovianos” (GUG, 1979:249).

En Guatemala el recorrido será en carretera hasta llegar a un pueblo de nombre “Barberena”. Sin embargo, el paso a México se atrasó por un derrumbe en la carretera “efecto de las fuertes lluvias que caían”, lo que ocasionó una “larga espera obligada en la noche” (GUG 1979:250). De Barberena tomarán cabalgaduras para llegar a otro pueblo llamado “Morán”. En este último pueblo tomaron un tren que los conduciría al límite fronterizo, por “la vía de Ayutla”. Cruzaron el río Suchiate, en una barca, para poner pie en suelo mexicano, en “Mariscal” (Díaz 2025: 372-374). La fecha de este ingreso presenta variables dependiendo de la fuente, pero se dio después del 25 de junio y máximo el 30 de junio de 1929.

Ahí comienza la decepcionante gira del General Augusto C. Sandino en México, donde el Gobierno lo retendrá con subterfugios y otras excusas, durante un año completo. Desde junio de 1929 hasta mayo de 1930, cuando regresa a Nicaragua prácticamente clandestino, sin informar al gobierno mexicano. Pero lo que sucedió en México y su retorno a Nicaragua es tema de otro artículo.

Para finalizar esta breve narrativa sobre el tránsito del General Sandino por tres países Centroamericanos en su viaje a México, aclamado por soldados y civiles que se identificaron con su causa y su heroísmo frente a la intervención norteamericana en Nicaragua, agregaré el testimonio de Gregorio de la aclamación popular en Tapachula (Chiapas) y Veracruz, México, una vez que el General Sandino logra superar los obstáculos y boicot de las autoridades mexicanas de un poblado al que Urbano cita con el nombre de “Mariscal”, en Chiapas, donde nadie los esperaba, ni los apoyaron como gobierno, lo que obligó a Sandino a replegarse de regreso a tierra Guatemalteca.

De ese pueblo denominado “Mariscal” por Urbano, el resto de la misión desamparada por el gobierno de México, pasó a Tapachula. Urbano, Martí y De Paredes se movieron a Tapachulas con hartas dificultades. De Paredes logró comunicarse con el gobierno mexicano para que resolvieran el “abandono”. Buscó a Sandino en la frontera y lo convenció de retornar a México. De este fragmento crítico del itinerario del General Sandino no hay detalles de su ubicación, solamente de los que se quedaron en Tapachula.

Sin embargo, la llegada de Sandino a Tapachula no pasó desapercibida. “Las veinticuatro horas pasadas en Tapachula, fue tiempo corto, para que ese pueblo vaciara las simpatías que sintió por el héroe” (GUG, 1979:257), pero mayor fue el apoteósico recibimiento del pueblo mexicano en Veracruz, “parecía que la población en masa se había dado cita a la estación, en la que en interés de ocupar un sitio cercano a la parada, para tratar de ver al héroe cuando llegara, se apretujaba de manera que daba la apariencia de haberse fundido formando un solo cuerpo viviente e inmenso…gritando a todo pulmón ¡Viva Sandino!” (GUG, 1979:258). Esta vez sí hubo recibimiento oficial del General por autoridades de gobierno.

Luego, de unos días en Tapachula, donde estuvieron hospedados en el Hotel Imperial, la misión se dirigió en tren hacia la ciudad de Veracruz. Urbano describe con detalle la forma en que el pueblo de Veracruz “se apoderaban de Sandino” , bajándolo del tren en que viajó de Tapachula a Veracruz, cargado lo bajaron a tierra, eran tantos los gritos que daba esa masa humana que rodeaba a la estación, de vivas a Sandino, mueran los gringos, que producían un ruido que aturdía” y al llevar al General Sandino hacia el hotel “lo llevaba en alto una multitud” (GUG, 1979:258).

Prosigue Gregorio diciendo que “ya en el hotel Diligencias, el pueblo aclamaba desde la plaza de frente al libertador y le pedía que se mostrara desde el balcón y al complacerlos Sandino, los aplausos en su honor resonaban estruendosa y largamente acompañados de los vivas, con más fuerza todavía cuando les habló diciéndoles que la lucha por la libertad de Nicaragua y contra el imperialismo norteamericano no habían terminado, ni tampoco se les había dado tregua porque el general Francisco Estrada sostenía en su ausencia, con las armas, la campaña de Las Segovias, combatiendo contra la tiranía de los invasores” (GUG, 1979: 259). En Veracruz se unió Sócrates Sandino, hermano del General, y Pedro J. Cepeda, uno de los políticos que lo apoyaron hasta el final.

De Veracruz, la delegación revolucionaria sandinista, tomó un vapor para viajar por mar hacia Mérida, Yucatán, donde el General Sandino permaneció la mayor parte de su estadía en México, excepto por las visitas que realizó a México D. F.

Aldo Díaz, acusa al presidente López Portillo de “traidor”, y basado en las memorias del presidente mexicano, señala que él sostuvo acuerdos con la Embajada de Estados Unidos en México, con el propósito de “neutralizar” a Sandino, reteniéndolo en México, incluso con ofertas económicas significativas que destruyeran el honor del héroe.

La moral de Sandino fue inquebrantable, retornará a Nicaragua de forma clandestina para incorporarse nuevamente a la lucha armada un año después, en mayo de 1929. Durante ese año no hubo tregua en Nicaragua a los yankees, pues los heroicos combatientes del Ejército de la Soberanía continuaron combatiendo, aún en ausencia temporal de su Jefe Supremo y resistiendo toda campaña difamatoria contra el General de Hombres Libres.

Sandino Vive

(*) Vicepresidente de la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua (AGHN).

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