Ciudad de Panamá. Agencias y Sofía Nicolás, de RTVE

“¡Misión cumplida, carajo! (…) ¡Misión cumplida Ricardo!”. Así celebraba José Raúl Mulino su victoria en las elecciones presidenciales el pasado 5 de mayo, cuando ganó con el 34% de los votos. Aprovechó su discurso para hacer un guiño a Ricardo Martinelli, fundador del partido Realizando Metas (RM) y que ahora se encuentra asilado en la embajada de Nicaragua tras ser condenado a diez años de cárcel por blanqueo de capitales.
Este lunes Mulino tomó posesión como presidente de Panamá y, en su primer discurso, se comprometió a recuperar la bonanza económica del país, encarar la abultada deuda pública y frenar la migración irregular que atraviesa el istmo cada año.
En un acto en el que estuvieron presentes los mandatarios de Costa Rica, Honduras, Colombia y República Dominicana, Mulino asumió “el desafío de dejar un Panamá en crecimiento para que quienes nos sucedan puedan hacer un trabajo mejor que el nuestro y darle más oportunidades y más prosperidad a las generaciones venideras”.

Minutos antes, al recibir la banda presidencial, se emocionó hasta las lágrimas. Sin embargo, advirtió que el camino por recorrer no será sencillo. “Tendremos que enfrentar duros retos para sacar a Panamá del atolladero en el que lo dejaron. El estado de las finanzas públicas es preocupante, en cinco años duplicaron la deuda (pero) con mi equipo de gobierno daremos vuelta a la economía y echaremos a andar el progreso”, prometió.
Mulino sustituye a Laurentino Cortizo, del Partido Revolucionario Democrático (PRD), formación que en las elecciones obtuvo el resultado más bajo de su historia, un 5.8% de los votos.
El ahora presidente panameño, quien gobernará hasta mediados de 2029, se ha declarado afín a la libre empresa y las inversiones extranjeras y, en un guiño al sector empresarial, nombró en mayo a casi todo su gabinete, entre los que destacan el economista Javier Martínez-Acha en la cartera de Exteriores y el ejecutivo de negocios y banquero Felipe Chapman en Economía y Finanzas.
El mandatario se enfrenta a un país que sufre una crisis migratoria en la región del Darién, una sequía que afecta a la operatividad del canal de Panamá y a multitudinarias protestas en las calles. Todo esto en un contexto de desaceleración económica.
Mulino también prometió atajar la migración que atraviesa por el Darién, la peligrosa jungla que separa Panamá de Colombia y que el año pasado vio pasar a un récord de 520,000 migrantes que buscaban llegar a Estados Unidos.
“Apelaré a la solidaridad internacional y buscaré soluciones con los países involucrados, sobre todo, con Estados Unidos que es el destino final de tales migrantes”, dijo Mulino. “No permitiré que Panamá sea un camino abierto para personas que ingresan ilegalmente a nuestro país”, agregó.
Perfil biográfico
Mulino nació en la región de Chiriquí, al oeste del país. Este abogado de 64 años, especializado en derecho marítimo e hijo del exgobernador de su provincia natal, saltó a la vida política en 1987, aunque asegura que no por influencia de su padre. Ese año, Mulino se convirtió en uno de los dirigentes de la cruzada civilista, movimiento opositor que aceleró la caída del General Manuel Antonio Noriega. Está casado con Maricel Cohen, con quien tiene cuatro hijos y cuatro nietos. Empezó trabajando en el sector privado, pero en los últimos años se ha centrado en la vida política.
Se define de “centro-derecha” en un país donde la izquierda no tiene peso alguno. Su partido, “Realizando Metas”, fue fundado por Ricardo Martinelli hace apenas tres años. Esta formación nació como una escisión de Cambio Democrático, también liderado por Martinelli y se bautizó con ese nombre para que coincidiese con las siglas de su fundador.
Mulino se convirtió en candidato presidencial después de que Martinelli quedase inhabilitado por la condena a diez años en prisión. Durante toda la campaña, Mulino encabezó las encuestas sin arriesgarse a acudir a ningún debate electoral.

Su candidatura, sin embargo, no fue avalada por el Supremo hasta dos días antes de las elecciones. Había recibido una demanda que buscaba bloquear su candidatura por no haber pasado por primarias ni tener vicepresidente en la nómina. Una decisión de última hora por parte del poder judicial validó su postulación.
José Raúl Mulino cuenta con una larga trayectoria política. Después de ser dirigente de la cruzada civilista, Mulino se convirtió en viceministro de Relaciones Exteriores de Guillermo Endara (1989-1994), que fue el primer presidente después de que Estados Unidos invadiera el país. En 1993 contribuyó a la fundación del Partido Solidaridad, formación que acabó fusionándose en 2011 con Cambio Democrático.
Tres años después, Mulino abandonó Cambio Democrático para apoyar a su mentor y amigo, Ricardo Martinelli, en la fundación del partido Realizando Metas.
Durante su gestión como Ministro de Seguridad Pública en el mandato de Martinelli (2009-2014), Mulino fue denunciado en 2012 por abuso de poder tras ordenar la suspensión de las líneas telefónicas en las comunidades de San Félix (Chiriquí) y Viguí (Veraguas) durante unas protestas indígenas, pero la Corte archivó el caso dos años después.
En la región de Bocas del Toro, la represión policial ordenada por Mulino contra los trabajadores bananeros, también bajo su gestión como ministro de Seguridad, dejó dos muertos, decenas de heridos y un centenar de detenidos que protestaban contra la llamada “ley chorizo”. Desde entonces, cada mes el Estado desembolsa alrededor de 150 mil dólares para los perjudicados.
En 2016 fue detenido de manera preventiva tras haber sido acusado por corrupción durante la administración de Varela (2014-2019) por haber recibido supuestamente comisiones por la compra de 19 radares de la empresa italiana Finmeccanica. Tras siete meses de detención su causa fue anulada.
La sombra de Martinelli
El futuro de Martinelli y el papel que jugará en su gobierno es toda una incógnita. “Mulino ha insinuado su interés en desarrollar una identidad política propia, independiente” de la del multimillonario exgobernante, opinó Chávez.
“La situación del señor Martinelli no pasa por mí como presidente”, declaró Mulino el viernes a la cadena local TVN, ante preguntas sobre si le daría un salvoconducto o el indulto.
Mulino define a Martinelli como su mentor y amigo, ya que empezaron su relación hace años en Cambio Democrático.

El día de las elecciones, justo después de votar, Mulino visitó a Martinelli en la embajada de Nicaragua, donde se encuentra asilado para evitar la orden de detención que pesa sobre él desde febrero. “¡Hermano, vamos a ganar!”, le dijo, mientras se daban un abrazo.
«El loco», apodo con el que el país se refiere a Martinelli, le recibió con una gorra blanca donde se podía leer “El loco con Mulino”, lema de la campaña electoral de RM. La figura de Martinelli fue crucial en las elecciones. Gran parte de los panameños añoran la bonanza económica que hubo durante los años de su mandato, algo que parece pesar más que todas las acusaciones que tiene sobre corrupción.
Mulino declaró durante la campaña que si llegaba al poder ayudaría a Martinelli a conseguir el salvoconducto para viajar a Nicaragua que el Ejecutivo saliente le negaba. Analistas panameños han explicado que el caso de Martinelli no es un caso de asilo político porque el delito por el que fue sentenciado es un delito común. Mulino considera que la condena que pesa sobre Martinelli es resultado de una persecución política injusta y que él mismo también ha sido un “perseguido político” cuando le encarcelaron en 2016.
Los desafíos de Mulino
Mulino gobernará con un Congreso de 71 escaños donde cuenta con 13 diputados del partido de Martinelli, Realizando Metas (RM), y en el que los independientes serán la primera fuerza política, por lo que deberá negociar.
El nuevo presidente se enfrenta al desafío de gobernar un país con grandes protestas callejeras por la sequía, el alto coste de vida y la gran desigualdad social sin mayorías legislativas. Tendrá que ganarse la confianza de un amplio sector que no votó por él. Recibe un país con un déficit fiscal de 7.4 por ciento, una deuda pública de 50 mil millones de dólares y un sistema de seguridad social colapsado.
Panamá está en recesión económica, tiene problemas fiscales, medioambientales y de migración. Los problemas no han pasado desapercibidos para los ciudadanos, que llevan semanas saliendo a la calle para protestar contra la corrupción y la desigualdad.
El nuevo presidente promete un crecimiento económico del 7%, regresar a las megaobras y devolver a los panameños el salario más alto de América Latina. Entre sus propuestas destaca la construcción del nuevo Puerto de Corozal en el Canal de Panamá y crear más infraestructuras para el turismo.

Aboga por un gobierno “pro empresa privada, pero sin olvidar a los que tienen hambre”. Panamá, una de las economías más dinámicas de América Latina, es también uno de los países más desiguales del mundo. Un tercio de las regiones rurales del país están bajo la pobreza y dos tercios de las comunidades indígenas tienen problemas de acceso a agua potable, saneamiento o electricidad.
Otros de los grandes desafíos a los que se enfrenta Mulino es el desabastecimiento del agua por el Canal de Panamá y la solvencia del plan de pensiones nacional. Reformas de años anteriores subieron la edad de jubilación, lo que llevó a protestas masivas. “Es un gran problema que nadie quiere tocar, pero es uno de los problemas intergeneracionales más grandes de Panamá ahora mismo”, asegura Juan Diego Alvarado, politólogo e investigador panameño.
Durante su campaña política, Mulino ha prometido cerrar el Paso del Darién. “No voy a permitir que miles de ilegales pasen por nuestro territorio como si nada, sin control”, ha afirmado. A pesar del foco internacional en esta selva, el tema del Darién es un “no tema” en Panamá, según reconoce Alvarado: “Es algo que tenemos a nuestras espaldas, es algo con lo que convivimos, pero no es algo que comentemos. No está en nuestras agendas”.
Un día después de las elecciones, Mulino se reunió con la embajadora de Estados Unidos en Panamá para conversar sobre la migración irregular. Estos 5.000 kilómetros cuadrados de selva tupida han sido testigo de al menos medio millón de migrantes que intentaron cruzar en 2023. El Paso del Darién es una de las rutas más peligrosas para aquellas personas que intentan llegar a Estados Unidos.
Mulino visitó el viernes, a tres días de su investidura, la provincia de Darién, a 250 km de la capital. Esta crisis “se saltó la barda”, afirmó en un centro de migrantes.
Más de 200 mil personas, la gran mayoría venezolanos, han pasado en lo que va del año por esta selva fronteriza con Colombia, donde operan bandas criminales que secuestran, roban y violan a los migrantes. Muchos mueren en esta inhóspita jungla.
El presidente colombiano Gustavo Petro, quien llegó el domingo para acudir a la toma de posesión, abordará también con Mulino la crisis migratoria, aunque su gobierno considera inviable un “cierre” del Darién.
Un acuerdo migratorio con Panamá cae “como anillo al dedo” en un año electoral en Estados Unidos, pero la “viabilidad” del plan es “cuestionable” porque la frontera “es muy porosa” y las repatriaciones “necesitan una colaboración multilateral”, afirmó la politóloga Sabrina Bacal.