Managua. Por Clemente Guido Martínez (*)

El Obispo Fray Antonio de Valdivieso O.P. asesinado el 26 de febrero de 1550 en su casa cural, León de Nicaragua, por una turba dirigida por Hernando Contreras, hijo de Rodrigo Contreras y María de Peñalosa, fue integrado al Preámbulo de la Constitución Política de Nicaragua, en la reforma realizada por la Asamblea Nacional de Nicaragua.
(Evocando) “A Fray Antonio de Valdivieso, primer mártir no indígena, asesinado por los colonizadores en nuestro territorio”, dice el Preámbulo publicado por La Gaceta el martes 18 de febrero de 2025.
Con motivo del 475 aniversario de su asesinato cometido por odio a la evangelización cristiana que él realizaba, denunciando la opresión y despoblamiento de las comunidades indígenas de Nicaragua (1544 a 1550 fue su ejercicio Episcopal); su incorporación a la Constitución Política de Nicaragua significa el más alto homenaje y reconocimiento que se le ha tributado de forma Estatal desde su desaparición física, con el único antecedente de los ceremoniales de exhumación y conmemoraciones realizadas por el Estado en febrero del año 2001, cuando se dio el hallazgo de sus restos óseos en León Viejo, Nicaragua.
El 16 de enero de 2010, el Presidente Comandante Daniel Ortega Saavedra, en las Ruinas de León Viejo durante el acto por el 400 aniversario de su traslado de asiento urbano, declaró: “Valdivieso asumió una posición cristiana, socialista y solidaria. Se identificó con nuestros antepasados, luchó por sus derechos, apeló por los derechos de los pueblos originarios como lo hiciera también Fray Bartolomé de las Casas ante sus majestades los reyes de España. Pero como que no había receptividad. Y mientras tanto, aquí continuaba la explotación de miles de familias, adultos, jóvenes, niños, niñas, que eran explotados por los conquistadores. Y Fray Antonio de Valdivieso fue asesinado por esos que explotaban a nuestros indígenas, el 26 de febrero de 1550. Y como bien lo señala nuestro compañero Clemente Guido, aquí lo enterraron, mezclándose la sangre de Valdivieso, sangre de gente venida de Europa con buenos sentimientos, con la sangre de nuestros hermanos chorotegas que eran víctimas de los conquistadores venidos de Europa con malos sentimientos”.

La incorporación del obispo mártir a la Constitución, es consecuente con este manifiesto del presidente Daniel. Representa el sentir de toda una generación de cristianos que nos incorporamos al proceso revolucionario comprometidos con la liberación y la revolución, y seguimos apoyando las políticas de transformación profundas en el plano económico, social y político. Su principal objetivo manifestado en todos los ámbitos del quehacer nacional, es seguir desarrollando y consolidando los logros alcanzados en el “Plan Nacional de Lucha contra la Pobreza y para el Desarrollo Humano”, que constituye el instrumento rector de la gestión pública, contiene políticas, estrategias y acciones transformadoras que ratifican la ruta de crecimiento económico y la defensa y restitución de los derechos de las familias nicaragüenses, con reducción de la pobreza y las desigualdades.
“La base del plan es el modelo cristiano y solidario, con valores cristianos y prácticas solidarias que guían la construcción de círculos virtuosos de desarrollo humano con la recuperación de valores, la restitución de derechos y el fortalecimiento de capacidades que han permitido ir superando los círculos viciosos de pobreza y subdesarrollo”, afirma ese documento.
Valdivieso, fuente de inspiración de los cristianos comprometidos con la revolución, es el modelo que inspiró a jóvenes como Leonel Rugama, quien dejó el seminario para integrarse a la guerrilla, o como el héroe nacional de Nicaragua, P. Gaspar García Laviana, quien tuvo que retirarse de la parroquia para militar en las filas del FSLN al lado de los jóvenes combatientes, compartiendo con ellos el amor frente a la opresión del régimen somocista.
No es casualidad que, en los años 80 del siglo pasado, se creó el Centro Ecuménico Antonio de Valdivieso, al frente del cual estuvo el padre Uriel Molina. Centro donde los jóvenes cristianos nos formamos en teología liberadora y recibimos la visita y capacitación de varios teólogos comprometidos con los cambios sociales profundos en todo el continente americano, algunos recientemente fallecidos, como Gustavo Gutiérrez (1928-2024), Pablo Richard (1939-2021), Enrique Dussel (1934-2023).
Al cumplirse el 475 aniversario del martirio del Obispo, traigo a la memoria algunas de sus expresiones de protesta y denuncia, que le costaron la vida:
“Lo mismo sucede con los (indígenas) que están junto a las ciudades de León y Granada, que, al estar cerca del alcance de los españoles, están casi totalmente destruidos. No habría ningún inconveniente en que V.A. se sirviese mandar que fueran relevados de todo tributo, hasta ver si se rehacen, aquellos pueblos que han venido en tanta disminución que ya no hay en ellos sino solamente doce o quince indios. El provecho que pueden dar es poco, y el daño que reciben es mucho. Y harto han tributado, pues han tributado las vidas de todos” (Valdivieso, noviembre de 1547).
El tributo verdadero que habían dado los indios de Nicaragua no era cacao, sal, gallinas indias, pescados, algodón, mantas bordadas, maíz, frijoles y otros productos agrícolas, sino que su verdadero tributo, después de 23 años de la llegada de Francisco Hernández de Córdoba, fundador de León y Granada, había sido “las vidas de todos”. Contundente argumento, que revela la gravedad del despoblamiento indígena en Nicaragua por la guerra de esclavitud y las enfermedades ocasionadas por la presencia hispana y las mismas guerras.
El eminente jurista e historiador doctor Edgardo Buitrago (1924-2009), en su libro sobre el Obispo Valdivieso, publicado en febrero de 2006 por el Instituto de Derechos Humanos Valdivieso de la UNAN- León, propuso que Antonio fue “el primer mártir, por lo menos en América, por la defensa de los derechos humanos significados en esa oportunidad por nuestros indígenas y sostenido ardientemente por el espíritu evangélico de los misioneros dominicos y de la iglesia católica en general ante la conquista y la colonización española; adelantándose tres siglos a la proclamación en Europa de tales derechos”.

En una carta conjunta dirigida al monarca, fechada el 25 de octubre de 1545, Valdivieso y Fray Bartolomé de las Casas (1474-1566), proponen uno de los “remedios” que esperaban del rey de España: “que nos liberen a estas nuestras ovejas, indios nativos de estas indias, y que las pongan en entera libertad, para que les podamos predicar, adoctrinar y atraer al conocimiento de su Dios y Creador”. Continúan argumentando que “tenemos ya larga experiencia de que estos tiranos de ministros del Rey, no exceptuando sino a muy pocos, y más que muy pocos, no las han cumplido (las leyes que protegían a los indígenas), ni las van a cumplir, porque parece que el diablo se les revistió en las entrañas de ambición y codicia en cuanto saltan a estas tierras y aún creemos que los mueve y lo traen revestido desde allá” (25 octubre 1545, Fray, firma conjunta, al Rey).
Libertad plena, “entera” dicen los obispos Valdivieso y de Las Casas. A cambio de eso, los colonizadores “revestidos del diablo”, asesinaron al obispo de Nicaragua el 26 de febrero de 1550, de forma brutal y Fray Bartolomé de las Casas renunció al obispado de Chiapas, quedándose en España para seguir defendiendo a los indígenas en los espacios que permitía la corona real.
El obispo es valiente en denunciar los atropellos de que eran víctimas los indígenas de Nicaragua y de las injusticias que se cometían contra ellos, “como ser despojados de estancieros y viandantes, azotados y aperreados, las vírgenes forzadas, las mujeres apartadas de sus maridos, y todo esto sin castigo ni represión antes es castigado el que se queja y reprendidos y perseguidos los que defienden o reprenden” (Valdivieso 1544, CS Tomo XIV: 302).
Felicitaciones y agradecimiento a nuestros Copresidentes Comandante Daniel y compañera Rosario, y a la Asamblea Nacional de Nicaragua por tan importante y significativa decisión de integrar el nombre del Mártir Antonio de Valdivieso al Preámbulo de la Constitución Política de Nicaragua. Hace justicia y honra la memoria de un obispo que verdaderamente vivió su vida y entregó su vida por el Evangelio de Cristo, honrando su consagración episcopal, sin sumarse a los muchos clérigos del siglo XVI que en vez de cumplir sus funciones con los más pobres y necesitados de la sociedad, se plegaron a los opresores.
(*) Vicepresidente de la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua (AGHN).