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La guerra contra Rusia entra en una fase peligrosa y decisiva

Nueva Delhi. Por M. K. Bhadrakumar (*), Indian Punchline

La guerra contra Rusia entra en una fase peligrosa y decisiva Nueva Delhi. Por M. K. Bhadrakumar (*), Indian Punchline

La guerra terrestre en Ucrania ha llegado a su fin y comienza una nueva fase. Incluso los partidarios acérrimos de Ucrania en los medios de comunicación occidentales y los grupos de reflexión están admitiendo que una victoria militar sobre Rusia es imposible y las devoluciones del territorio bajo control ruso están muy por encima de la capacidad de Kiev.

De ahí el ingenio de la Administración Biden para explorar el “Plan B” aconsejando a Kiev que sea realista sobre la pérdida de territorio y busque pragmáticamente el diálogo con Moscú. Este fue el amargo mensaje que el Secretario de Estado estadounidense Antony Blinken transmitió a Kiev recientemente en persona.

Pero la cáustica reacción del presidente Zelensky en una entrevista posterior con la revista The Economist es reveladora. Contraatacó diciendo que los líderes occidentales siguen hablando bien, prometiendo que estarán con Ucrania “todo el tiempo que haga falta” (mantra de Biden), pero él, Zelensky, ha detectado un cambio de humor entre algunos de sus socios: “Tengo esta intuición, leyendo, oyendo y viendo sus ojos [cuando dicen] ‘estaremos siempre con vosotros’. Pero veo que él o ella no está aquí, no está con nosotros”. Ciertamente, Zelensky está leyendo bien el lenguaje corporal, ya que, a menos que se produzca en breve un éxito militar abrumador, el apoyo occidental a Ucrania tiene una duración limitada.

Soldados ucranianos frente a dos MRAP (Vehículo Protegido Resistente a las Minas y las Emboscadas) de fabricación estadounidense, los modelos Oshkosh M-ATV (izquierda) y el Maxx Pro, que las fuerzas rusas hicieron explotar cerca de Rabotino.

Zelensky sabe que mantener el apoyo occidental será difícil. Sin embargo, espera que, si no los estadounidenses, la Unión Europea al menos siga suministrando ayuda, y que inicie negociaciones sobre el proceso de adhesión de Ucrania, posiblemente incluso en su cumbre de diciembre. Pero también lanzó una velada amenaza terrorista a Europa, advirtiendo de que no sería una “buena historia” para Europa “arrinconar a este pueblo [de Ucrania]”. Hasta ahora, tales amenazas ominosas habían sido silenciadas, procedentes de activistas de bajo rango de la franja fascista de Bandera.

Pero Europa también tiene sus límites. Los arsenales occidentales están agotados y Ucrania es un pozo sin fondo. Y lo que es más importante: falta convicción sobre si la continuación de los suministros supondría alguna diferencia en la guerra por poderes que no se puede ganar. Además, las economías europeas están de capa caída, la recesión en Alemania puede deslizarse hacia la depresión, con profundas consecuencias de “desindustrialización”.

Baste decir que la visita de Zelensky a la Casa Blanca en los próximos días se convierte en un momento decisivo. La Administración Biden se muestra pesimista ante el hecho de que la guerra por delegación esté obstaculizando una estrategia Indo-Pacífica a toda máquina contra China. Sin embargo, durante una aparición en el programa This Week (Esta Semana) de la cadena ABC, Blinken declaró explícitamente por primera vez que EEUU no se opondría a que Ucrania utilizara misiles de largo alcance suministrados por EEUU para atacar en lo más profundo del territorio ruso, una medida que Moscú ha calificado anteriormente de “línea roja”, lo que convertiría a Washington en parte directa del conflicto.

El reconocido historiador militar estadounidense, pensador estratégico y veterano de combate coronel (retirado) Douglas MacGregor (que fue asesor del Pentágono durante la administración Trump), es clarividente cuando afirma que está a punto de comenzar una nueva “fase de guerra de Biden”. Es decir, habiéndose agotado las fuerzas terrestres, el foco se desplazará ahora a las armas de ataque de largo alcance como el Storm Shadow, el Taurus, los misiles de largo alcance ATACMS (siglas en inglés de “Sistema de Misiles Tácticos del Ejército”; tiene un alcance de 300 kilómetros, es propulsado por un cohete de propelente sólido de una sola etapa, mide 4 metros de longitud y 610 milímetros de diámetro; puede ser disparado desde lanzacohetes múltiples, incluido el M270 MLRS y el HIMARS), entre otros.

Estados Unidos está considerando la posibilidad de enviar misiles de largo alcance ATACMS, que Ucrania lleva mucho tiempo pidiendo, con capacidad para atacar en lo más profundo del territorio ruso. La parte más provocativa es que las plataformas de reconocimiento de la OTAN, tanto tripuladas como no tripuladas, se utilizarán en tales operaciones, convirtiendo a EEUU en un virtual cobeligerante.

En respuesta a una pregunta sobre cómo vería Washington los ataques sobre territorio ruso con armamento y tecnología estadounidenses, Blinken afirmó que el creciente número de ataques sobre territorio ruso por parte de aviones no tripulados ucranianos “tiene que ver con cómo van a defender [los ucranianos] su territorio y cómo están trabajando para recuperar lo que les ha sido arrebatado. Nuestro papel [el de Estados Unidos], el de docenas de otros países de todo el mundo que les están apoyando, es ayudarles a hacerlo”.

Rusia ha actuado con moderación a la hora de atacar el origen de esas capacidades enemigas, pero nadie sabe hasta cuándo lo hará.

Rusia no va a aceptar una escalada tan descarada, sobre todo teniendo en cuenta que estos avanzados sistemas de armamento utilizados para atacar a Rusia están en realidad tripulados por personal de la OTAN: contratistas (mercenarios), ex militares entrenados o incluso oficiales en activo.

El Presidente Vladimir Putin declaró el viernes a los medios de comunicación que “hemos detectado mercenarios e instructores extranjeros tanto en el campo de batalla como en las unidades donde se lleva a cabo el entrenamiento. Creo que ayer o anteayer volvieron a capturar a alguien”.

El cálculo estadounidense es que, en algún momento, Rusia se verá obligada a negociar y se producirá un conflicto congelado en el que los aliados de la OTAN conservarían la opción de continuar con la concentración militar de Ucrania y el proceso que lleva a su ingreso en la alianza atlántica, y permitiría a la Administración Biden centrarse en el Indo-Pacífico.

Los cementerios en Ucrania están repletos

Sin embargo, Rusia no se conformará con un “conflicto congelado” que quede muy lejos de los propósitos de desmilitarización y desnazificación de Ucrania que son los objetivos clave de su Operación Militar Especial.

Ante esta nueva fase de la guerra por delegación, está por ver qué forma tomará la represalia rusa. Podría haber múltiples modalidades sin que Rusia ataque directamente los territorios de la OTAN o utilice armas nucleares (a menos que EEUU organice un ataque nuclear, de lo cual las posibilidades son nulas por ahora).

Ya es posible ver la posible reanudación de la cooperación técnico-militar entre Rusia y la República Popular Democrática de Corea (incluyendo potencialmente la tecnología ICBM, es decir, misiles balístico intercontinental, de largo alcance hasta más de 5 mil 500 kilómetros, ​ que usa una trayectoria balística que implica un importante ascenso y descenso) como una consecuencia natural de la agresiva política de EEUU hacia Rusia y su apoyo a Ucrania –tanto como de la actual situación internacional. La cuestión es que hoy es con Corea Democrática; mañana podría ser con Irán, Cuba o Venezuela, lo que el coronel MacGregor denomina “escalada horizontal” por parte de Moscú. La situación en Ucrania se ha interconectado con los problemas de la península coreana y Taiwán.

El ministro de Defensa, Serguéi Shoigú, declaró el miércoles pasado en la televisión estatal, que Rusia no tiene “otra opción” que lograr una victoria en su Operación Militar Especial y que seguirá avanzando en su misión clave de destruir el equipo y el personal del enemigo. Esto sugiere que la guerra de desgaste se intensificará aún más, mientras que la estrategia general puede cambiar para lograr la victoria militar total.

El ejército ucraniano está desesperado por conseguir mano de obra. Sólo en las 15 semanas de “contraofensiva” han muerto más de 71 mil soldados ucranianos. Se habla de que Kiev busca la repatriación de sus nacionales en edad militar entre los refugiados en Europa. Por otra parte, en previsión de un conflicto prolongado, prosigue la movilización en Rusia.

Putin reveló el viernes que 300 mil personas se han presentado voluntarias y han firmado contratos para alistarse en las fuerzas armadas y se están formando nuevas unidades, equipadas con tipos avanzados de armas y equipos, “y algunas de ellas ya están equipadas en un 85-90 por ciento”.

Lo más probable es que una vez que la “contraofensiva” ucraniana se desvanezca dentro de unas semanas por ser un fracaso masivo, las fuerzas rusas puedan lanzar una ofensiva a gran escala. Es concebible que las fuerzas rusas puedan incluso cruzar el río Dniéper y tomar el control de Odessa y de la costa que lleva a la frontera rumana, desde donde la OTAN ha estado montando ataques contra Crimea. No se equivoquen, para el eje anglo-estadounidense, cercar a Rusia en el Mar Negro siempre ha sido una prioridad absoluta.

(*) M. K. Bhadrakumar, diplomático jubilado, es uno de los más prestigiosos analistas de Asia sobre geopolítica mundial. Ocupó numerosos cargos relevantes en distintos gobiernos de India.

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