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Inicia aprobación de reformas a Carta Magna

Managua. Danielka Ruíz, Radio La Primerísima

Inicia aprobación de reformas a Carta Magna Managua. Danielka Ruíz, Radio La Primerísima

La reforma a la Constitución Política de Nicaragua ratifica como traidores de la patria, a todos aquellos o aquellas que atenten contra los sagrados derechos de independencia, soberanía, autodeterminación, seguridad y paz de los nicaragüenses.

Los 91 diputados de la Asamblea Nacional iniciaron este martes el proceso de aprobación en segunda legislatura de una profunda reforma a la Carta Magna, en la que se establecen las bases y principios de la democracia con un Estado revolucionario.

El debate inició con la reforma a los artículos 1,2,3,4 y 5 del capítulo único del título I, sobre los principios fundamentales de la Constitución Política.

El coordinador de la bancada del FSLN, diputado Edwin Castro, recordó que la reforma profundiza la democracia y los principios fundamentales.

“Sin seguridad y paz no podemos seguir avanzando, son nuestros fundamentos y principios democráticos, nuestros protagonistas son las personas, las familias y comunidades, con esta reforma estamos asentando nuestras bases”, refirió Castro.

Por su parte, la diputada Auxiliadora Martínez, miembro de la Comisión Especial Constitucional, resaltó el preámbulo de la reforma en el que se reconoce la lucha de nuestros antepasados, destacando a los héroes y mártires, próceres y los valores y principios revolucionarios.

“Se hace un recorrido de la historia de Nicaragua, resaltando a hombres como Cleto Ordoñez, José Dolores Estrada, Andrés Castro, Benjamín Zeledón, Enmanuel Mongalo y Rubio, los indios flecheros de Matagalpa, la figura del General Sandino, los fundadores del FSLN a la cabeza el comandante Carlos Fonseca Amador, sin dejar atrás a todos los Héroes y Mártires que aportaron su vida en la lucha contra la dictadura somocista”, enfatizó.

Artículos reformados:

Artículo primero: por omisión histórica, que no cambia el sentido que el constituyente originario otorgó al preámbulo, se reforma el preámbulo para que se lea así:

Evocando

La lucha de nuestros antepasados indígenas que tiene su máxima expresión en los Caciques Diriangén, Nicarao, y Adiact, paradigmas de dignidad, tenacidad y bravura, que forjaron y recorrieron caminos inspiradores, en valientes y decisivas luchas de liberación.

A Fray Antonio Valdivieso, primer mártir no indígena asesinado por los colonizadores en nuestro territorio.

Al Prócer de la Independencia de Centroamérica, Presbítero y Doctor Tomás Ruíz Romero, el primer indígena en obtener un título universitario.

A Cleto Ordóñez Bermúdez, precursor de las luchas populares, antioligárquicas y antimperialistas, quien luchó por un orden político, económico y social de justicia e igualdad.

Al General José Dolores Estrada Vado, Andrés Castro Estrada, Enmaniel Mongalo y Rubio, insignes representantes de la tradición combativa de nuestro Pueblo, que derrotaron al dominio filibustero y a la intervención estadounidense en la Guerra Nacional de 1856. A los Indios Flecheros de Matagalpa, digna representación de lucha de los pueblos originarios en la Batalla de San Jacinto.

Al Poeta Universal Rubén Darío, que abarcó todas las culturas siempre luchando por la paz, prócer de la Independencia cultural de la nación.

Al General José Santos Zelaya López, líder de la Revolución Liberal, promotor de la educación laica y de la separación entre el Estado y la Iglesia.

Al General Benjamín Zeledón Rodríguez, sembrador de libertad, de soberanía nacional, del honor y del amor incondicional a la Patria, inspiración y estandarte de las luchas antimperialistas.

Al General de Hombres y Mujeres Libres, de Pueblos dignos, inteligentes, valientes y luchadores Augusto C Sandino, fundador del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional de Nicaragua, quien derrotó a la intervención militar norteamericana, Padre de la Revolución Popular Sandinista y Antimperialista, el Sol que nos ilumina y que no declina.

A Blanca Stella Aráuz Pineda, que representa el sentimiento nacionalista y libertario, y la sabiduría de las mujeres nicaragüenses.

Al General Miguel Ángel Ortez Guillén, quien enarbola la cutacha y la reata para defender bosques, ríos y ciudades como hizo frente a los yanquis que se meaban de pánico al recordar su nombre.

Al General de División Francisco Estrada Pérez y al General de Brigada Juan Pablo Umanzor, destacados luchadores, miembros del Estado Mayor del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional de Nicaragua, asesinados junto al General Augusto C. Sandino.

A Rigoberto López Pérez,  héroe y poeta, digno descendiente de Sandino, cuyo acto justiciero significó el principio del fin de la Dictadura.

A los y las estudiantes, protagonistas de las jornadas gloriosas de la juventud, encarnados en los Mártires del 23 de julio de 1959.

Al CORONEL Santos López, eslabón vital entre el Ejército Defensor de la Soberanía Nacional y el Frente Sandinista de Liberación Nacional.

A Carlos Fonseca Amador, el más alto continuador de la herencia de Sandino, fundador del Frente Sandinista de Liberación Nacional y Jefe de la Revolución Popular Sandinista.

A Tomás Borge Martínez, inclaudicable ejemplo de persistencia, lealtad y firmeza revolucionaria, fundador del Frente Sandinista de Liberación Nacional.

A Camilo Ortega Saavedra, apóstol de la unidad sandinista, luchador inclaudicable, combatiente del amor, la esperanza y la alegría del pueblo.

A Julio Buitrago Urroz, padre de la resistencia urbana, portador del acervo moral del Pueblo nicaragüense, cuya acción heroica mostró el camino para la liberación.

A Leonel Rugama Rugama, poeta, guerrillero inmortal, el que no se rindió y se convirtió en símbolo del espíritu indómito y heroico del Pueblo nicaragüense.

A Germán Pomares Ordóñez, defensor de los oprimidos, guerrillero valiente y libertador, fundador del Frente Sandinista de Liberación Nacional.

A las mujeres del Cuá, arquetipo de fortaleza y bravura, inspiradoras de las nuevas batallas del amor, de la paz, de la vida buena, cristiana y solidaria.

Al doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, mártir de las libertades públicas.

A Luis Alfonso Velásquez Flores, el niño héroe ícono del carácter y conciencia revolucionarios, que encarna el más hondo espíritu del Pueblo.

A Gaspar García Laviana, sacerdote y Comandante Guerrillero, modelo de amor a DIOS mediante el amor sin límites al prójimo y de entrega completa a la libertad del Pueblo.

A los jóvenes de San José de las Mulas, que representan a la juventud nicaragüense defensora de los valores del pueblo y los principios revolucionarios.

Al Cardenal Miguel Obando y Bravo, Cardenal de la Paz y la Reconciliación.

Al gran Roberto Clemente, Héroe de la solidaridad, Héroe de Nuestramérica-Caribeña y de Nicaragua bendita y siempre libre.

A los comandantes eternos de la soberanía, la independencia y la Revolución Latinoamericana y Caribeña Francois Dominique Toussaint-Louverture, Jean-Jaques Dessalines, Simón Bolívar, José Martí, Emiliano Zapata, Francisco Villa, Francisco Morazán, Ernesto “Che” Guevara, Salvador Allende, Fidel Castro Ruz, Hugo Rafael Chávez Frías, vidas luminosas y guías de la esperanza y los derechos de nuestro pueblo.

A todas las generaciones de Héroes, Heroínas y Mártires que forjaron y desarrollaron las luchas de liberación y por la independencia nacional.

En nombre

Del pueblo nicaragüense; de sus hombres y mujeres; de sus obreros, obreras, campesinas, campesinos, emprendedores, emprendedoras, los y las administradoras y asistentes del hogar y de quienes con su trabajo productivo y entrega contribuyen al bienestar, el bien común y la vida buena; de su gloriosa juventud; de sus heroicas madres; de los cristianos que desde su fe en Dios se han comprometido e insertado en la lucha por la liberación de los oprimidos; de sus intelectuales patrióticos y sus artistas comprometidos con el pueblo; de todos los partidos y organizaciones democráticas, patrióticas y revolucionarias de Nicaragua; y de todas y todos los que aportan a la defensa integral de la patria.

De los que luchan y ofrendan sus vidas en el cumplimiento de su deber y frente a la agresión imperialista para garantizar la paz, la seguridad y la felicidad de las nuevas generaciones.

Por

La institucionalización de las conquistas de la Revolución y la construcción de una nueva sociedad que elimine toda clase de explotación y logre la igualdad económica, política y social de las y los nicaragüenses y el respeto absoluto de los derechos humanos.

Por la patria, por la Revolución, por la unidad de la nación y por la paz

Artículo segundo:    Se reforman los artículos 1, 2, 3, 4, y 5 del Capítulo Único del Título I Principios Fundamentales, de la Constitución Política de Nicaragua, los que se leerán así:

 “Artículo 1 La independencia, la soberanía, la autodeterminación nacional, la seguridad y la paz, son derechos irrenunciables del pueblo y fundamentos de la nación nicaragüense. Toda injerencia extranjera en los asuntos internos de Nicaragua o cualquier intento de menoscabar esos derechos, atenta contra la vida del Pueblo. Es deber de todos los y las nicaragüenses preservar y defender estos derechos.

Por consiguiente, todos aquellos o aquellas que atenten contra esos sagrados derechos del pueblo nicaragüense, serán considerados traidores a la Patria.

Artículo 2 La soberanía nacional reside en el pueblo que ejerce su protagonismo a través de instrumentos de democracia directa, participando y decidiendo en la construcción del sistema político, económico, cultural y social de la nación.

El poder soberano lo ejerce el pueblo por medio de sus instituciones y de sus representantes elegidos por sufragio universal, directo y secreto, sin que ninguna otra persona o reunión de personas pueda arrogarse esta representación.

Artículo 3 El Estado nicaragüense se fundamenta en valores cristianos, ideales socialistas, prácticas solidarias, desde la cultura e identidad nicaragüenses.

Los valores cristianos aseguran el amor al prójimo, la reconciliación entre hermanos y hermanas de la familia nicaragüense, el respeto a la individualidad y la diversidad sin discriminación alguna, el respeto e igualdad de derecho de todas las personas, de todas las edades y de todas las capacidades.

Los ideales socialistas promueven el bien común por encima del egoísmo individual, buscan la construcción de una sociedad incluyente, justa y equitativa en democracia directa, y procuran acabar con la pobreza.

La solidaridad, como modelo de vida entre las y los nicaragüenses, debe ser fundamento de nuestras vidas, aboliendo prácticas excluyentes y privilegiando a las y los injustamente empobrecidos desde intereses comunes, fraternos y complementarios de nación.

Artículo 4 La familia es el centro de la convivencia comunitaria y de la forja de valores y sentimientos que desde el amor promueven humanismo, tolerancia y armonía.

La familia en nuestra Nicaragua está representada por mujeres y varones de diferentes edades y se reconoce como generadora de vida en prácticas propias de nuestra tradición y cultura.

El Estado nicaragüense reconoce a la persona, la familia y la comunidad como protagonistas esenciales, origen y fin de su gestión, y está organizado para asegurar desde la democracia directa el bien común, asumiendo la tarea de garantizar soberanía, seguridad y paz, en avances cotidianos de lucha contra la injusticia de la pobreza heredada, procurando el desarrollo humano de todos y cada uno de los y las nicaragüenses.

Artículo 5 Las mujeres en Nicaragua somos protagonistas de nuestras vidas y ejercemos derechos en equidad, por capacidad y presencia efectiva, en todos los espacios, eventos y momentos de nuestra historia. Las mujeres en Nicaragua hemos sido y somos forjadoras y partícipes directos y activos a lo largo de nuestra historia de luchas libertarias, revolucionarias y evolucionarias de patria y libertad.

Artículo 5 bis La juventud nicaragüense, que en todo momento ha sabido ser protagonista directa de las epopeyas antiimperialistas y de liberación nacional, es reconocida como patrimonio nacional de Nicaragua y constituye la base fundacional del futuro de democracia directa y de valores de dignidad y soberanía, que nos aseguran porvenir honroso y pleno.

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