Les abrazamos en nombre de todas y todos los y las nicaragüenses que admiramos esa calidad humana suya, de la que tanto aprendemos todos los días.
Dios está en su gran corazón donde alcanza el universo que somos todas y todos, con nuestras alegrías y tristezas, con nuestras valentías y dolores, con nuestra fuerza nicaragüense que nos permite trascender, y avanzar, en toda circunstancia.
¡Ustedes, mamás, son ejemplo cotidiano de ese vigor que es Nicaragua, bendita y gloriosa, en estos nuevos tiempos de amor y paz!