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Cuba: ideología y revolución

Por Gustavo Robreño Dolz

Cuba: ideología y revolución Por Gustavo Robreño Dolz

La base más sólida y la coherencia del trabajo político-ideológico, del trabajo cultural de la Revolución Cubana y, por tanto, de su Partido Comunista, de todas las instituciones nacionales y del pueblo cubano en su conjunto, es la ideología; ella le otorga sus cimientos más firmes y duraderos; su mayor profundidad y alcance; capacidad de resistencia y decisión de victoria.

En sus Apuntes sobre la Ideología de la Revolución Cubana, aparecidos a comienzos del pasado año, el doctor Eduardo Torres Cuevas incursiona sobre este tema que es -a nuestro juicio- vital y decisivo para la obra revolucionaria, su comprensión y defensa.

Si consideramos que la Revolución Cubana es una sola, la que nació el 10 de octubre de 1868 en La Demajagua y se desarrolló ininterrumpidamente en medio de las más duras y en ocasiones sangrientas luchas, -con avances y retrocesos,- llegamos a la conclusión de que la esencia y los fundamentos mismos de esa ideología permanecieron inalterables y llegan hasta hoy enarbolando semejantes e invariables principios de independencia y soberanía nacionales, identidad cultural, justicia social y solidaridad.

Fueron sintetizándose y recibiendo los aportes correspondientes a cada etapa concreta dentro de más de cien años y medio de luchas frontales y decisivas contra el colonialismo español el autonomismo, el anexionismo, el imperialismo norteamericano y el neoliberalismo.

De este modo, la Revolución Cubana resulta un caso sin precedentes en América, incorporado a sus ideas libertarias originales que datan del siglo XVIII y encarnan desde entonces en Caballero, Varela y Luz, en el pensamiento y obra de José Martí; en el más importante pensamiento filosófico, económico y social del siglo XIX, que es el de Marx y Engels enriquecido por Lenin y en las ideas contemporáneas de Fidel Castro que reúnen y sintetizan brillantemente todo lo anterior, ajustándolo a la realidad cubana, americana y mundial de su época y proyectándolo hacia el futuro en el concepto de Revolución del año 2000.

La batalla político-ideológica de la Revolución Cubana y su estrategia de desarrollo económico-social se rigen de manera sabia y didáctica por esos conceptos que históricamente y hasta nuestros días forman la ideología de la Revolución Cubana y son su médula.

El tema que nos ocupa no ha dejado de ser polémico o manipulado y también matizado por desconocimiento o ignorancia desde los días de la lucha insurreccional revolucionaria. El imperialismo norteamericano, -en plena ·guerra fría”,- buscaba explicaciones desesperado y pasaba de un extremo a otro, confundido y desorientado, acostumbrado como estaba a interpretar a su favor cuanto ocurría en América. Latina y particularmente en su neocolonia de Cuba.

Según diversas versiones, -ninguna desmentida- se cuenta que la madrugada del 31 de diciembre de 1958 al primero de Enero del 59 la pasaron reunidos en el Departamento de Estado de Washington el entonces secretario Dean Rusk y sus colaboradores tratando de llegar a conclusiones acerca de la ideología de la Revolución Cubana y ante su inminente triunfo tratar de saber “si Fidel Castro era o no comunista”.

Otros intelectuales más serios y respetados como el filósofo francés Jean Paul Sastre hablaron también sobre el tema a comienzos de la década del 60. durante su estancia en Cuba. Sastre atribuyó la velocidad, la radicalidad de los cambios revolucionarios y su probable rumbo a las respuestas que recibían las agresiones del imperialismo yanqui y sus inevitables consecuencias, aunque tampoco descartó la existencia de un programa que ya venía siendo elaborado y se ponía en práctica gradualmente, encaminándose hacia el socialismo conscientemente, desde un principio.

La visión prepotente y dogmática sobre los acontecimientos, al parecer impidieron a los sesudos del imperialismo y a algunos del patio llegar a las debidas y oportunas conclusiones tras la lectura de “La historia me Absolverá”, si alguna vez lo hicieron. O la creyeron un arranque demagógico de los políticos al uso.

El curso posterior de los acontecimientos revolucionarios desde el 1ro, de enero de 1959 los sacó de su aparente error y la respuesta brutal que ensayaron para ahogar en sangre o en asfixia económica a la Revolución Cubana. Así fue suficiente para explicar al pueblo donde estaban las ideas y los objetivos que lo defendían y representaban las luchas, tradiciones y experiencias históricas de la nación y, sobre todo, de sus capas más humildes, desposeídas y siempre discriminadas.

La proclamación del carácter socialista de la Revolución por parte de Fidel en aquel memorable 16 de abril de 1961, con las armas en la mano y bajo las bombas imperialistas y mercenarias, vino a poner nombre a un niño que ya había nacido y venía para quedarse.

La ideología de la Revolución Cubana llegaba a su punto culminante y los imperialistas yanquis, fuera ya de toda duda y llenos de frustración, decidieron recrudecer el camino de la agresión y el genocidio, ciegos de odio ellos y sus cómplices nativos y prolongándose hasta nuestros días ese sentimiento cruel de revancha.

Muchos años después, tras las experiencias heroicas y aleccionadoras de la construcción socialista, Fidel nos legó el Concepto de Revolución, añadiéndose como texto fundamental de la ideología de la Revolución Cubana, donde se recogen de manera didáctica y magistral las tareas imprescindibles del futuro, en el tránsito de la generación fundacional e histórica a la generación sucesora y creadora, que deberá enfrentar retos posiblemente más desafiantes aún.

La ideología de la Revolución Cubana es nuestra guía: la de los militantes del Partido y la UJC; de los militantes revolucionarios y de todo el pueblo; de los simpatizantes y amigos solidarios de Cuba en todo el mundo. Es necesario conocerla, estudiarla y dominarla pues es un instrumento fundamental para la batalla de ideas y para enfrentar la colonización cultural.

Recordemos que Lenin dijo: “Sin teoría revolucionaria no hay movimiento revolucionario” y Martí advirtió: “Trincheras de ideas valen más que trincheras de piedras”. Fidel lo resumió, llamándonos a: “Sembrar ideas y sembrar ideas; sembrar conciencia y sembrar conciencia”.

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