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¿Cuál es el balance militar de la guerra sionista contra el pueblo de Gaza?

Beirut. Por Ahmed Abdel Rahman, Al Mayadeen

¿Cuál es el balance militar de la guerra sionista contra el pueblo de Gaza? Beirut. Por Ahmed Abdel Rahman, Al Mayadeen

Los resultados de las distintas operaciones militares suelen evaluarse desde la perspectiva de los beneficios y las pérdidas. En este caso, beneficios significa alcanzar todos los objetivos que se fijaron para una operación antes de su lanzamiento, o que se fijaron durante la batalla como resultado de algunos cambios tácticos u operativos, que a veces requieren actualizar o desarrollar el conjunto de objetivos para poder seguir el ritmo de lo que ocurre en el campo de batalla, especialmente cuando las batallas son difíciles y encarnizadas.

En la demencial guerra emprendida por el enemigo sionista contra la Franja de Gaza, que entró en su sexto mes hace unos días, la lista de objetivos israelíes que se fijaron al comienzo de la batalla parece seguir vigente como si la guerra sólo hubiera durado unos días. La razón es que ninguno de ellos se ha logrado y se han producido más pérdidas para los agresores, ya sea en términos del prestigio del “estado” hebreo, que se derrumbó en la mañana del 7 de octubre, o por el estrepitoso fracaso táctico y operativo que rodeó la actuación del “ejército” de ocupación y sus equipos regulares y de élite en tierra en la Franja de Gaza.

Hace cinco meses, el ejército de ocupación elevó el techo de sus objetivos a alcanzar mediante lo que denominó Operación Espadas de Hierro, en respuesta a la asombrosa operación “Diluvio Al-Aqsa”, que confundió a todas las instituciones del estado sionista y amenazó con derribarlo con un golpe de gracia, de no ser por la urgente y amplia intervención estadounidense que trató de salvar lo salvable y contribuyó a que la entidad sionista recuperara parte de la compostura que perdió a las pocas horas del arrollador ataque de la resistencia palestina.

Los objetivos israelíes –que mañana y tarde todavía oímos repetir a los dirigentes sionistas– eran destruir a la resistencia, desmantelar sus unidades de combate, eliminar sus capacidades militares, recuperar a unos 250 prisioneros, entre ellos un gran número de soldados y oficiales, además de mantener la tutela de seguridad sobre parte de la geografía de la franja de Gaza a través de lo que se denominó la “zona tapón”, que de aplicarse arrancaría de cuajo más de un tercio de la pequeña franja costera, cuya superficie total no supera los 365 kilómetros.

El estado sionista se fijó otro objetivo relacionado con la identidad del partido que gobernará Gaza tras la guerra y gestionará sus asuntos internos y externos, lejos de Hamas, que controla la Franja desde 2007, o de la Autoridad Palestina, que firmó los Acuerdos de Oslo con el “estado” de ocupación en 1993.

Para lograr todos los objetivos mencionados, la potencia ocupante utilizó una amplia gama de capacidades militares y opciones tácticas. Incluso, puede decirse después de tanto tiempo desde el comienzo de la ofensiva israelí a gran escala, que el ejército enemigo utilizó todas sus capacidades militares y de combate, excepto las armas nucleares, y recurrió a todos sus planes tácticos y estratégicos. Incluso, tuvo que utilizar el enorme arsenal de armas estadounidenses, ya sea las situadas en las bases estadounidenses de Jordania, Turquía y algunos países del Golfo, como las ubicadas en los almacenes del Mando Central estadounidense en Oriente Próximo, una parte importante y grande de las cuales se encuentra en el desierto del Néguev, al sur de la Palestina ocupada.

Por si fuese poco, el ejército de ocupación ha utilizado y sigue utilizando enormes cantidades de armamento estadounidense que llega a través de un puente aéreo y marítimo ininterrumpido, al que la prensa estadounidense e israelí se refirió hace unos días describiéndolo como el mayor apoyo militar jamás prestado por Estados Unidos a uno de sus aliados en los últimos treinta años. Resalta el suministro de los proyectiles de artillería –algunos de los cuales contienen sustancias tóxicas e incendiarias– y los misiles aire-tierra que han caído en Gaza durante los meses de agresión que han sido más destructivos que las bombas de Hiroshima y Nagasaki.

Sin embargo, a pesar de todo este enorme poder destructivo –que bastó en gran medida para derrotar a cuatro países árabes el 6 de junio de 1967 y tomar el control de parte de sus territorios, algunos de los cuales siguen ocupados hoy en día– el sionismo no ha logrado ninguno de los objetivos declarados, además de muchos otros. Por el contrario, la difícil situación de la ocupación se ha profundizado, ha sufrido cada vez más derrotas y fracasos a muchos niveles, además de las pérdidas humanas que ha sufrido, cuya magnitud y gravedad quedarán en evidencia en los próximos días a pesar del intento de ocultarlas, además del estrepitoso derrumbe de la ilusión de un gran Estado y del “ejército invencible”.

Después de tanto tiempo de combates en una geografía compleja aunque llana y costera, cunde el pesimismo entre los israelíes. A pesar del gran número de mártires entre la población civil palestina –que puede llegar a superar los 40 mil– y de decenas de miles de heridos y lesionados, así como de la masiva destrucción de infraestructura, viviendas, fábricas, calles e instituciones educativas y sanitarias, no ha habido ningún avance significativo en las negociaciones de alto el fuego, cuyo último capítulo en El Cairo, la capital egipcia, ha sido observado con gran interés por todos.

La sociedad israelí, frustrada y conmocionada por el fracaso de su “legendario ejército” y cansada de las declaraciones de su asediado primer ministro y de su paranoico ministro de la guerra, y muchos observadores se preguntan por el futuro de la operación militar sionista que se ha prolongado, y por su repetido fracaso para conseguir algún éxito del que se pueda presumir o presentar como una victoria completa y total, como esperan y desean Netanyahu y su desintegrado consejo de guerra.

Basándonos en los datos sobre el terreno, de los que estamos bien informados, y a través de una lectura del curso de la operación israelí durante el último período, podemos esperar que las operaciones militares continúen en la misma pauta actual. Recientemente se observa una disminución significativa del ritmo de los combates, especialmente en la zona norte de la Franja de Gaza, además de las zonas centrales y la mayoría de las zonas de la ciudad de Jan Yunis, donde las fuerzas israelíes se enfrentaron a combates difíciles y duros.

Como resultado de estos combates, la factura de las cuantiosas pérdidas sufridas por Israel ha aumentado, mientras que las operaciones de bombardeo aéreo que abarcan toda la geografía de la Franja de Gaza se mantienen en su forma actual. La aviación israelí apunta a las casas y viviendas que aún quedan, cerca de las fronteras oriental y septentrional de la Franja, además de las situadas al norte y al sur de la carretera 10, que sigue utilizándose como punto de lanzamiento de operaciones tácticas dirigidas contra algunas zonas de la ciudad de Gaza, como ocurrió recientemente en el barrio de Zeitoun, al sureste de la ciudad.

A esto hay que añadir los preparativos en curso para una operación terrestre en la ciudad más meridional de Rafah, que la ocupación ha estado agitando como carta de negociación y chantaje contra la resistencia para que renuncie a justas y legítimas demandas. También es posible que el sionismo lleve a cabo una operación similar contra la ciudad de Deir al-Balah, en la región central, que se ha convertido recientemente en refugio para decenas de miles de desplazados forzosos de otras zonas de la Franja de Gaza, aparte de la eventual operación contra la ciudad de Deir al-Balah, en la región central.

Pero, ¿en qué se basa esta conclusión, con la que se puede estar o no de acuerdo, como resultado de las operaciones militares sionistas contra Gaza? ¿Es resultado únicamente del balance militar sobre el terreno? ¿O hay otras razones que apoyen esta tendencia?

Estamos escribiendo desde el corazón de los combates y cerca del frente de las batallas, que han sido encarnizadas en muchos momentos, aunque en la actualidad se asiste a una relativa calma que puede cambiar en cualquier momento debido a las circunstancias del terreno y a las necesidades del enfrentamiento.

El primer dato desde nuestro punto de vista es el estancamiento de la operación israelí en las últimas semanas, en las que se ha producido una notable ralentización en la ejecución de las tareas operativas. Por ejemplo, en la ciudad de Jan Yunis, que la ocupación había presentado como la capital de la resistencia porque en ella se encontraban los líderes más destacados la Resistencia y un gran número de prisioneros sionistas. Decían que la victoria era inminente después de haber volcado allí sus mejores fuerzas.

Pero más de un mes y medio después del inicio de la incursión terrestre en la segunda ciudad más grande de Gaza, en la que ocuparon enormes medios de guerra además de los crímenes y masacres que cometió contra civiles, el ejército de ocupación está con el corazón encogido. Admite su fracaso en la consecución de sus objetivos y se retracta de muchas de las afirmaciones que antes promovía, especialmente en lo que respecta a la recuperación de prisioneros. Ya no repiten que la victoria está a la vuelta de la esquina.

Lo sucedido en Khan Younis y similares acontecimientos en otras ciudades de la Franja de Gaza, afectaron negativamente la moral de los soldados y comandantes enemigos que combaten en Gaza. Lo expresan durante múltiples entrevistas con medios de comunicación israelíes, en las que revelaron –a pesar de las tijeras del censor militar– un estado de aburrimiento y frustración que afecta a muchos de ellos, especialmente a la luz de la falta de claridad sobre el futuro de la operación militar. Hay una clara discrepancia entre las declaraciones de los líderes políticos y militares de la ocupación y las órdenes que reciben los soldados de sus mandos directos, lo que indica un estado de confusión, pérdida de confianza e incapacidad para cumplir las tareas requeridas.

El segundo factor es la impresionante firmeza de la resistencia palestina durante la guerra, que, a pesar de la enorme diferencia de capacidades entre ella y el ejército enemigo. Ha sido capaz de luchar en condiciones difíciles y duras de una manera que muchos no esperaban incluso entre sus partidarios y admiradores, sobre todo después de 17 años de asedio absoluto y su dependencia de armas fabricadas localmente casi en su totalidad, además de las penurias económicas que afectaron a todos los aspectos de la vida en Gaza.

La resistencia infligió pérdidas muy cuantiosas de personal y equipo a las fuerzas enemigas en términos, utilizando la guerra asimétrica y recurriendo a veces a parte de los principios de la guerra de guerrillas y la guerra híbrida. En ambas modalidades, la Resistencia tiene una larga experiencia, derivada del apoyo ilimitado que le presta la República Islámica de Irán, tanto en términos de conocimientos en combate como de fabricación de medios militares, todos ellos adaptados a la naturaleza del terreno, al patrón de lucha y el tipo de enemigo al que se enfrenta.

A esto hay que añadir el respaldo popular que estuvo a su lado, lo apoyó y lo respaldó. A pesar de la guerra psicológica sionista que pretendía corromper a este dúo creativo y sembrar la semilla de la cizaña y la discordia entre ellos, siguieron por el mismo camino, superando algunos pequeños deslices, que se demostraron con pruebas concluyentes de que los lacayos de la ocupación estaban detrás de ellos e intentaban dividirlos.

Otros hechos son el temor de la ocupación al estallido de la situación en toda la región, especialmente con el comienzo del mes sagrado del Ramadán, y la posibilidad de que los frentes de apoyo en Líbano, Yemen, Irak y Siria se conviertan en frentes de confrontación directa. Eso no lo desea el estado hebreo ni su aliado estadounidense.

También se suma el creciente rechazo popular en la mayoría de los países del mundo a los crímenes que se cometen contra el pueblo palestino, las recientes decisiones de la Corte Internacional de Justicia, que condenó a la entidad sionista por sospecha de crímenes de genocidio, además de las diferencias que comenzaron a expandirse entre los polos del consejo de guerra en “Israel”, que lo amenazan con la desintegración y el colapso.

Todo esto indica claramente que la operación militar sionista en la Franja de Gaza permanecerá estancada, sin conseguir ningún logro significativo sobre el terreno y sin alcanzar ninguno de sus objetivos declarados, lo que puede empujar finalmente a Netanyahu a bajar del árbol y admitir la estrepitosa derrota de su “ejército” en la epopeya del “Diluvio de Al-Aqsa”, que dañó la imagen de este “ejército” como ninguna otra batalla lo había hecho antes.

En conclusión, lejos del optimismo y del pesimismo, y a pesar de lo que se dice sobre el estancamiento de las negociaciones políticas indirectas entre la resistencia y la ocupación, de las que la ocupación en general y su primer ministro en particular tienen toda la responsabilidad por no haber llegado a un acuerdo final que ponga fin a la guerra y devuelva la calma a toda la región, seguimos creyendo que sigue existiendo la posibilidad de llegar a acuerdos, aunque sean temporales.

Sobre todo teniendo en cuenta la necesidad que todos tienen de un periodo de calma, especialmente la ocupación, que está sufriendo enormes pérdidas a todos los niveles, lo que la empujará tarde o temprano a aceptar las propuestas de los mediadores, que podrían constituir un salvavidas para sacarla de su profunda crisis y poner fin a su serie de pérdidas y grandes fracasos.

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Radio Segovia, La Poderosa del Norte.

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