Iota mató a 18 personas

Iota mató a 18 personas Managua. Radio La Primerísima

El paso del huracán Iota por territorio nicaragüense causó la muerte de 18 personas, informó este miércoles la Vicepresidenta Rosario Murillo.

Iota ha sido el más potente huracán que ha impactado al país desde que se tienen registros históricos de estos eventos

Ante la pérdida de estas vidas indicó que es importante el cuido en todo momento, y más aún en circunstancias difíciles como la que se ha vivido desde inicio del mes de noviembre.

“¡Cómo y cuánto debemos cuidarnos en todo momento! La responsabilidad de la preservación de la vida en circunstancias difíciles como esta, por supuesto corresponde a las instituciones, al gobierno. Para eso hay gobierno, para eso hay alcaldías sirviendo al pueblo en todo momento. Pero la conciencia de resguardo de cuido, de responsabilidad ciudadana debe crecer. Y eso es lo que aprendemos en estos momentos en que nos toca aliviar el dolor. Aliviar el dolor es lo único que podemos hacer”, dijo la Vicepresidenta

Agregó que son circunstancias trágicas como las ocurridas a varias familias en los municipios Tuma-La Dalia, Matagalpa, y La Conquista, Carazo, “que desgraciadamente nos han llegado en lugares, en donde por determinadas razones no hemos atendido los reiterados llamados que hemos hecho a cuidarnos, a salir de los puntos críticos, a abandonar los puntos vulnerables y no solo en momentos como este, sino en el sentido de vivir en puntos de alta vulnerabilidad”.

El caso de La Piñuela

Sin embargo, enfatizó que “nosotros no trabajamos para obligar o forzar a nadie, pero sí trabajamos para lograr que esa conciencia de responsabilidad ciudadana se movilice, se active”.

Citó el caso de la comunidad La Piñuela, en Carazo, en donde “la alcaldesa estuvo personalmente visitando a las familias. Ahí en esa comunidad habitan 26 familias y se evacuaron todas hacia casas solidarias, pero dos familias decidieron retornar a sus viviendas y no resguardarse”

Según relato, esas dos familias decidieron regresar a sus casas antes que pasara la emergencia, porque pensaron que si durante Eta (a principios de noviembre) no hubo afectaciones ni creció el río, tampoco ahora pasaría.

“«¿Para qué evacuarse?» –decían ellos. Y en ese momento en el que optan por regresar no llovía. Sin embargo, el río presentó la madrugada del martes 17 una crecida rápida, inesperada, ahí en la comunidad la Piñuela, y dos viviendas fueron arrasadas. El río se metió en las casas y arrastró a Daniela Umaña Rodríguez, una niñita de 8 años, David Umaña Rodríguez de 5 años, Luz Marina Chávez y sus hijas Yahoska Canales de 12 años, María José Canales de 9 años. Imagínense ¡dos madres con sus hijas! ¡Qué dolor, cuánto dolor!”.

“Una vez más, insistió Rosario, nos confiamos en exceso. Una vez más no acatamos la responsabilidad de resguardarnos. No podemos obligar, tenemos que crecer en conciencia de riesgo”.

La tragedia de Peñas Blancas

La dirigente también informó sobre la tragedia de Peñas Blancas, en donde al mediodía de este miércoles han sido identificadas otras tres víctimas mortales: Fanor Otero Baldizón, de 36 años; y sus hijos Erving Otero López, de 7 años, y Fanny Otero López, de 8 años.

Esas tres víctimas se suman a las cinco que al amanecer de este miércoles ya estaban identificadas: Martha Lorena Hernández, de 34 años; sus hijos Orlando Josué Navarrete Hernández, de 7 meses de edad; Heykel Navarrete Hernández, de 9 años y Keren Junieth Martínez Hernández, de 2 años. La madre y la abuelita de Keren, siguen desaparecidas.

Además, fue rescatado el cuerpo de Alberto Roque González, quien era no vidente.

Con vida fue rescatado Orlando Navarrete Baldizón, esposo de Martha Lorena y padre de los dos niños menores.

La vicepresidenta expresó que ante esos acontecimientos las autoridades se mantienen desplegadas por todo el territorio nacional, con el fin de dar acompañamiento a los afectados.

Rosario informó que también en este caso, las familias se negaron a evacuar antes de los dos huracanes.

Incluso, dijo que “se les había visitado continuamente, porque estaban asentados en una zona de riesgo. En años anteriores se les había presentado propuesta de reubicación y no las aceptaron. Luego en estos días habían sido visitados pidiéndoles que se resguardaran, que fueran a casas de familiares, pero desgraciadamente decidieron quedarse”.

Los otros fallecidos

El recuento de los 18 fallecidos hasta el mediodía del miércoles, incluye el deslave ocurrido en Wamblán, municipio Wiwilí-Jinotega, en donde murieron Carlos Carazo, de 50 años, y su hijo Francisco Carazo, de 18 años, miembros de la Iglesia Asambleas de Dios. Ambos ya habían sido evacuados y contrario a las sugerencias de las autoridades municipales, decidieron ir a buscar ropa a su casa. Al regresar, el deslave los sepultó en lodo y piedras.

En el cerro El Chipote de Quilalí, doña Mariela Cruz Duarte, a quien la crecida de un caño socavó las bases de su vivienda mientras ella observaba el fenómeno desde la puerta de su casa. La señora cayó al río con todo y su casa.

Finalmente, Carlos José López Méndez, originario de El Diamante, quien en la comunidad Santa Ana, Jinotega, quiso cruzar un río en estado de ebriedad y las aguas lo arrastraron hasta matarlo.

Resignación y construir conciencia

Rosario expresó que “esta tragedia nos llena a todos de dolor. Cada ser humano que perdemos y más en esta circunstancias no solo adversas, difíciles, sino también circunstancias que nos afectan y donde establecimos todas las medidas de prevención, de precaución, comunicando en todo momento que teníamos que estar cuidándonos, que teníamos que acudir sobre todo aquellas personas o familias que habitan cerca de ríos, quebradas, cañadas, que corren riesgo de derrumbe, que debían ir a casas solidarias”.

“A nosotros, concluyó, nos toca hoy aceptar con resignación cristiana estas noticias trágicas. Orar por toda la Patria porque vivimos como familia nicaragüense y seguir trabajando la conciencia de riesgo, la conciencia de cuido, de protección vaya creciendo y no nos confiemos”.

“Entonces decimos: aprendamos, aprendamos siempre, aprendamos las indicaciones, cuidémonos y cuidemos la vida. Que los llamados a prevenir sean atendidos, que de cada uno de nosotros depende la otra parte. Hacemos todo lo que podemos, incluso nos movilizamos a resguardar desde dos días antes, pero bueno, tampoco podemos obligar a las personas a salir de sus casas”.

“Hacemos un trabajo de persuasión hasta donde podemos llegar. Tenemos que crecer en conciencia de riesgo y en trabajo nuestro, del Sinapred (Sistema Nacional de Prevención de Desastres), de los Comupred (nivel municipal), de los Codepred (nivel departamental), de los brigadistas voluntarios. Hacemos trabajo de comunicación permanente”.

“Lo difícil es que los seres humanos somos así: en una semana se nos va a olvidas, y hay que saber que vivimos en una zona de alto riesgo, de alta vulnerabilidad, una de las más vulnerables de todo el planeta. Estos fenómenos que nos están llegando van a repetirse, tenemos que saber que hay que crecer en conciencia de riesgo porque eso significa querernos”.

“Y aparte del trabajo que haga cada familia, el gobierno, las instituciones en cada lugar (debemos trabajar) para restaurar en primer nivel, los servicios básicos, luego las tareas de reconstrucción, la habilitación de viviendas, espacios para el trabajo de las entidades del Estado y del gobierno”.

“Todo eso tiene que hacerse con esa conciencia de riesgo también, construyendo o reconstruyendo, tomando en cuenta que los requisitos en zonas de alta vulnerabilidad ya son otros”.

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